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miércoles, 2 de julio de 2025

Los molinos del Saja, 3. Ruente

 


  Siguiendo la corriente del Saja, y ya en el municipio de Ruente, encontramos la desembocadura del río de Barcenillas, cuyas aguas alimentaban un molinuco. Los restos de éste pueden verse cerca de la antigua Venta. 


  En el núcleo urbano de Ruente, el restaurante Los Molinos albergó antes un molino movido por el rodezno que vemos en la foto, y una turbina que proporcionaba electricidad para una panadería y un aserradero.


  El agua se deriva hacia "Los Molinos" desde el Río de la Fuentona mediante esta presa. La compuerta de la calcera (a la derecha) permite eliminar la mayor parte de las ramas u otros sólidos flotantes.


Vemos aquí el arranque de la calcera. Toda ella está revestida de obra de albañilería.


  Del mismo Río de la Fuentona, pero ya fuera del pueblo, se deriva un importante caudal de agua hacia "La Deseada", un antiguo molino que funciona ahora como central eléctrica.


  La misma calcera, ancha y profunda, llega hasta el molino, sin necesidad de antepara. A la derecha podemos ver el aliviadero.


  El conjunto está enclavado en la vega del Saja, por la que discurre el Río de la Fuentona. Vemos en primer término la desembocadura del socaz, que es también una obra considerable.


  Vista de cerca, la fachada de La deseada nos reserva sorpresas. Para empezar, lo que fue el arranque de un arco (desde las dos esquinas, a la altura de la ventana pequeña) nos habla de un edificio primitivo con un cárcavo que ocupaba todo el ancho de la fachada. Una reforma posterior le daría al molino (que lo era, sin duda, por entonces) el aspecto actual, en líneas generales. La siguiente sorpresa nos la encontramos al mirar al interior del cárcavo.


  En el cárcavo vemos, en lugar de rodeznos (como correspondería a un molino), lo que aparenta ser la boca de otro cárcavo pequeñito al pie de una pared, aparentemente de hormigón. Suponemos que es el resultado de convertir el molino en una central eléctrica, que funciona con turbinas en lugar de con rodeznos. En cualquier caso, no hay duda de que, una vez más, nos encontramos con un viejo molino que "ha tenido varias vidas".


  Y de alguno de estos molinos procede sin duda esta rueda que, transformada en mesa rústica, decora el espacio en que el Río de la Fuentona se encuentra con la carretera general. Es una rueda volandera, aparentemente en buen estado. Curiosamente, han dejado en su lugar la nadrija: la pieza de hierro en forma de pajarita gracias a la cual la piedra volandera se apoya en el eje (téngase en cuenta que la posición de la piedra en el molino es la inversa de la que vemos en la mesa. Para entenderlo mejor: https://molinosdecantabria.blogspot.com/2022/11/para-mover-las-piedras.html )

jueves, 24 de abril de 2025

Puntualizando,8. Molinos y electricidad

 -Nene, trae p'acá la bombilla.

  -No se puede, padre. No da el cordón.

  -Ya. Que teníamos que haberlo puesto más largo.

  -¡Ya se lo dije!

  -Hmm... Pues vete encendiendo el candil y me lo traes.

  -Voy, papa.

  -¡Neneee!

  -¡¿Qué quiere, madreee?!

  -¡Que me traigas la bombilla, que voy a hacer la cena!

  -¡Voy, mama! Y me llevo el candil, que padre lo necesita.

  -Pues no te lo lleves muy lejos, que vete a saber la luz que dará hoy la bombilla.

  Diálogos como el anterior no debieron ser muy raros en algunos lugares de la Cantabria rural,  en algún tempo de la primera mitad del siglo XX, e incluso de más acá. Cuando "la luz" estaba por llegar a muchos pueblos y a algunos otros había llegado de forma precaria gracias a pequeñas centrales hidroeléctricas. Y mientras esto ocurría, los viejos molinos harineros iban decayendo, después de una venerable historia que había durado muchos siglos. Aunque no haya relación directa entre ambos hechos, lo cierto es que esa coincidencia en el tiempo dio lugar a casos curiosos como los que, a modo de ejemplo, trataremos a continuación.


  La pequeña central hidroeléctrica de Riaño, en la Hermandad de Campoo de Suso, no deja de tener aspecto de molino. Y no es extraño; al fin y al cabo, lo que hace falta es que el movimiento del agua haga girar un eje: el de las piedras, en un molino, o el que, mediante engranajes, haga girar a la velocidad adecuada el rotor de una dinamo o de un alternador. La electricidad generada "salía" por los cables (a través de los aisladores circulares de vidrio que pueden verse justo debajo del alero),y por entonces daba "luz" a varios pueblos de su entorno: Abiada y la Hoz, Villar, Entrambasaguas... "Cada casa tenía una bombilla, y a veces lucía muy poco, pero no éramos menos felices que ahora", nos dicen. Es de suponer que la distribución de baja tensión a distancias relativamente grandes haría que el voltaje real fuese con frecuencia menor que el nominal; y cuando, al anochecer, en cada casa se encendía la bombilla, a lo mejor no había bastante "fluído" para todos...


  La presa de la central hidroeléctrica de Riaño también se parece a las de los molinos tradicionales.


  "La Deseada", que es ahora "fábrica de luz" de Ruente, en el Río de La Fuentona, tiene en su fachada las señales que deja una larga historia; ahora es una central hidroeléctrica conectada a la red general; pero antes de ser "La Deseada" fue molino harinero.


  Aparte del arco más visible en la fachada, y de otro, más pequeño, dentro de él, pueden verse, junto a las esquinas, los sillares del arranque de un arco mucho mayor, de una "vida" anterior, cuando era molino. Hemos hablado de ello más extensamente en una "entrada" anterior: La gestión del agua


  Así como un molino puede convertirse en "fábrica de luz", también nos podemos encontrar con que la infraestructura hidráulica sirva para uno u otro fin, o incluso para ambos. Por ejemplo, este "Caz del Molino" que en el Saja, entre Santa Lucía y Ontoria, servía agua a varios molinos; y uno de ellos, el  de La Cabroja, en Cabezón de la Sal, se convirtió después en central hidroeléctrica. Muy interesante es la publicación de Ángel DZ que puede verse en https://www.facebook.com/angel.diazzubizarreta/posts/pfbid02QhJaF5kCkKzemqFsy3t39cREs2fJWKT6ze79Z9xefJX8mP616dhFt9JEzDGVoP4nl


  La Cabroja, en Cabezón de la Sal; que fue molino, y más tarde central hidroeléctrica.


  También hubo casos en que se diseñó el conjunto para ser al mismo tiempo molino y central hidroeléctrica. O tal vez no al mismo tiempo: a unas horas molino y a otras "fábrica de luz". Como, por ejemplo, "El Cordel", de Carmona, del que ya hemos hablado anteriormente en  https://molinosdecantabria.blogspot.com/2024/11/los-molinos-del-nansa-5-el-rio-quivierda.html ; o este de la foto: "La Fábrica", en Celucos, del que también hemos hablado ya en https://molinosdecantabria.blogspot.com/2024/11/los-molinos-del-nansa-6-hacia-celis.html


  Diferente es el caso de los molinos hidráulicos que se convierten en eléctricos; es decir, que pasan de que sus piedras sean movidas por el agua a ser movidas por motores eléctricos cuya energía proviene, a su vez, de centrales hidroeléctricas. Desde el punto de vista de la física resulta un contrasentido, porque en cada transformación (de energía mecánica a eléctrica, y nuevamente a mecánica) se pierde eficiencia; pero se trata más bien de una cuestión de oportunidad: a una compañía hidroeléctrica le conviene gestionar toda el agua de una cuenca, y para conseguirlo compra las concesiones de agua que tenían los molinos, y el pago se produce en especie: energía eléctrica. Fue el caso en varios molinos de la cuenca del Nansa, como, por ejemplo,el de Rábago, (que tratamos en la entrada 035): https://molinosdecantabria.blogspot.com/2025/01/035-los-molinos-del-nansa-9-rabago.html. Y también ocurrió en otras cuencas, como, por ejemplo, la del Asón.


  Y he aquí un caso verdaderamente singular: el Molino de San Antonio, en Cueto (Santander). Entre 1951 y 1956 molió con sus grandes piedras el maíz de los vecinos de Cueto, y también de Monte y San Román, según recoge Matilde Camus en su libro "Historia del Lugar de Cueto". Funcionaba con electricidad, y nunca antes había sido molino. Matilde Camus lo situa en el número 202 del Barrio de Bellavista, que es hoy el 35 de la calle Inés Diego de Noval.


  Parientes del molinero, que nos han acogido amablemente, nos dicen que los azulejos que podemos ver en la fachada son los que siempre hubo, aunque los cambiaron de lugar al remodelar una ventana. También nos dicen que ya no queda nada de la maquinaria.


  Con este molino de viento esgrafiado en la pared lateral que da al huerto han querido recordar que esta casa, que parece una más entre muchas, fue el molino de Cueto cuando  los vecinos del entorno rural de Santander seguían cultivando y consumiendo su propio maíz, pero ya eran historia antigua los molinos de agua del barrio de Fumoril y los de viento que hubo en Los Molinucos, junto a Cabo Menor,


martes, 14 de febrero de 2023

Calces y anteparas

  Otra vez parado el molino. La última crecida acumuló un par de troncos en el azud, y ramas y hojarasca en la reja; y eso lo pudieron arreglar Manuel y el Tio Tonio, mientras Catalina se ocupaba de la molienda, que se le acumulaba al trabajo de casa. Pero lo peor es el barro que llegó hasta la antepara y que medio atascaba los saetillos. así que, entre rato y rato de molienda, el Tío Tonio daba toda la llave para que la fuerza del chorro limpiara algo, y así además se fue vaciando la antepara. Y ahora no ha habido otro remedio que vaciarla del todo, cerrando la entrada, y tirar de pala para sacar el fango. Y menos mar que, con el suelo de losa, no es tan difícil, pero aún así. Y luego nos dicen que el que trabaja es el agua, y nos miran mal cuando cobramos la maquila, piensa Manuel.

  Como vimos en la anterior entrada (azudes) ,lo más habitual es que entre el azud y el molino haya una distancia, mayor o menor, en la que el agua discurre por un cauce ( o calce, caz, calcera, acequia...)


  Calce del molino de Yera (Vega de Pas). Desde el azud, el calce tiene una pendiente menor que el río Yera (a la izquierda de la foto), para crear el desnivel necesario para el funcionamiento del molino.


  Los calces pueden medir desde unos pocos metros hasta varios kilómetros; como, por ejemplo, este que, partiendo del puente de Santa Lucía, recorre la llanura de Cabezón de la Sal dando servicio a molinos tan conocidos como el de Carrejo, el Molino de Chocolate, y varios más, antes de volver al Saja al norte de Ontoria. El mapa es de 1937.


    O el calce que vemos en esta foto, que recorre el fondo del valle de Cabuérniga desde Renedo hasta Sopeña


  A veces, el calce era en sí mismo una obra compleja, con tramos excavados y con muros de contención. Como este de Riaño, en la Hermandad de Campoo de Suso.


  O podía pasar bajo pequeños túneles, como el del Molino de Mercadillo, en Liérganes.


  Otras veces era una simple excavación, que, con el tiempo, tiende a borrarse y a ser invadida por la vegetación, como en este molino de La Cueva (Valdáliga).


  Con cierta frecuencia, cuando el calce pierde su función se le hace desaparecer allanando el terreno para facilitar la explotación agrícola o ganadera de las fincas; como, por ejemplo, en este molino de Treceño (Valdáliga).


  También es bastante habitual que en algún punto del calce se coloque una reja para impedir el paso de ramas u otros sólidos más o menos gruesos. Como, por ejemplo, en La Ceña (Novales, Alfoz de Lloredo).


El calce suele ensancharse al llegar al molino, formando la antepara (o balsa, estanque...). Esta es la antepara (vacía) del Molino del Palaciuco, en San Felices de Buelna. Vemos, al fondo de la antepara, la boca por la que el agua pasará al saetillo (como se explica en El cárcavo).


  La antepara suele ser una construcción muy sólida, frecuentemente de piedra de sillería, con un suelo de grandes losas que facilitan la limpieza de los fangos que puedan llegar hasta ella. Esta es la del molino de Vejorís (Toranzo).


  Además de servir de balsa de decantación, la antepara es un reservorio de agua que puede mitigar, hasta cierto punto, la irregularidad de los aportes. Para evitar las pérdidas por filtración, podían calafatearse las juntas entre los sillares, o incluso embetunar toda la superficie. En este caso, en un molino de Cicera (Peñarrubia).


  Cuando el aporte de agua es mayor que el gasto del molino, el agua sube de nivel hasta rebosar por el lugar previsto para ello. A la derecha de la foto podemos ver el rebosadero de la antepara de La Deseada, en Ruente.


  En determinadas circunstancias, los molinos prescinden de la antepara, o la tienen muy pequeña. Es el caso, por ejemplo, de este molinuco de Lafuente (Lamasón), que se surtía de una fuente de origen cárstico, de caudal bastante regular. Podemos ver la pequeñísima antepara (más bien un cubo, véase  La gestión del agua), cubierta con maderos, a la derecha de la foto.


  El agua del molino normalmente volverá al río del que salió por otro cauce: el socaz. En la foto, el socaz de la ferrería y el molino de Cades (Herrerías).

martes, 8 de noviembre de 2022

...para mover las piedras...

   Manuel, el molinero, se dispone a picar las piedras de moler. Para ello tiene que levantar la volandera y volverla del revés. Con unos sencillos movimientos de la cabria colocará los agujeros de los extremos de la horquilla de tal modo que, pasando un cáncamo a través de ellos, se hinquen en los que hay en la piedra para que ésta quede sujeta. Ahora solo queda levantar la piedra con el husillo, y voltearla. Nada comparable, recuerda Manuel, con los tiempos en que volteaba la rueda a puro brazo, con ayuda de un madero. Claro que las piedras de entonces no pesaban ni la mitad que esta, pero aún así. Manos de herrero y espalda de molinero, ya lo dice el refrán. A ver si inventan también una máquina que cargue con los sacos, piensa Manuel.


  La cabria que se usa en los molinos viene a ser una robusta escuadra de madera que puede girar según su eje vertical, y en el extremo del horizontal hay un husillo del que cuelga una horquilla de hierro con agujeros en sus dos extremos. Haciendo coincidir esos agujeros con los de la piedra e introduciendo sendos pasadores, la piedra queda sujeta y se la puede levantar o bajar con ayuda del husillo.
  En esta fotografía del molino de la Ermita de la Guía, en Oreña, los agujeros de la horquilla están casi enfrente de los de la piedra. Bastará con bajar y girar un poco la horquilla para que puedan insertarse los pasadores.


  El husillo es una varilla roscada que atraviesa el madero horizontal de la cabria, cerca de su extremo. Girando la tuerca que hay por encima del madero se puede subir o bajar un gran peso sin mucho esfuerzo. El de la foto es el husillo de la cabria del molino de Cades.

  El sencillo mecanismo de la cabria resulta muy visible en cualquier sala de molienda que se conserve, o que haya sido restaurada, Mucho menos llamativo es el mecanismo esencial del molino, el que transforma el movimiento del agua en giro de la piedra volandera: el agua hace girar una rueda hidráulica que comparte eje con la rueda volandera. Así es en los molinos de eje vertical, que en Cantabria son todos los que conservan el mecanismo más o menos reconocible (también los hubo con rueda de eje horizontal, y de ellos diremos algo cuando tratemos de la gestión del agua, en otra futura entrada).


    En la foto vemos desde abajo dos ruedas soleras, apoyadas en gruesas vigas o durmientes, y los ejes que llegan a los ojos respectivos.
  La piedra solera, una vez centrada y nivelada, ya no se moverá más (de hecho, en algunos molinos ni siquiera se picaba, tal vez por temor a desestabilizarla). Pero a través de su agujero central pasa el eje de giro del sistema rueda hidráulica/rueda volandera. El giro debe ser lo más libre que se pueda, pero al mismo tiempo se ha de asegurar que el grano no se cuele por el hueco. En los molinos más modernos, ambas funciones las cumple un cojinete de bolas; en los más tradicionales, el eje de madera podía llenar casi completamente el ojo de la solera, en cuyo caso se lubrificaba con estopa o arpillera empapada en sebo; o, si el eje era más delgado, se llenaba el espacio con un taco de madera, troncocónico o cilíndrico, atravesado por el eje ensebado.


  El árbol del eje (la porción gruesa, que es la mayor parte de su longitud), no llega hasta la piedra volandera, cuyo ojo debe dejar pasar el grano de la molienda; de modo que la volandera se apoya en una pieza de hierro, la nadrija, que a su vez está atravesada por la espada, que está hincada en el árbol del eje y es, en rigor, su continuación. En la mesa de la foto (en un paraje público próximo a La Fuentona de Ruente) puede verse la nadrija, en lo que sería la parte inferior de la rueda volandera.  Os emplazamos a buscar , en fotos de la entrada anterior,el hueco que para la nadrija se esculpía en la cara de molienda de cada piedra volandera.


  Obsérvese que el agujero central de la nadrija es rectangular, correspondiéndose con la sección de la espada, y pudiendo transmitir así el movimiento de giro del eje. Vemos también como parte del ojo (que ahora está lleno de argamasa) dejaba pasar el grano. La espada se desmontaba antes de levantar la piedra con la cabria para picarla.

  La distancia que debe haber entre ambas muelas varía según los resultados que se quieran obtener (harina panificable, triturado para pienso, etc.), y debe ajustarse con precisión milimétrica. Además, el desgaste de las piedras hace que se vayan separando. Es necesario, por tanto, un mecanismo para ajustar la distancia entre las ruedas.


  En el molino de Beranga (cuya moderna maquinaria ha estado activa hasta hace pocos años) podemos ver el mecanismo para regular la distancia entre las piedras: un fleje de acero debajo del rodete, que hacia el lado derecho tiene forma de pequeño codo o talón que se apoya en el suelo duro, y hacia el lado izquierdo enlaza con una varilla vertical, cuyo extremo está en la sala de molienda. Si sube la varilla, el conjunto rodete/eje/volandera se eleva y las piedras se separan; si baja la varilla, el conjunto desciende por su propio peso, y las piedras se acercan.

  Lo que respecta a la llegada de agua al rodezno lo trataremos en una posterior entrada de este blog.


  La varilla está roscada, con lo que su subida o bajada puede controlarse finamente desde la sala de molienda gracias a una tuerca que, en este molino de La Cueva, en Róiz, tiene forma de volante. Pueden verse tres, que corresponden a los tres pares de ruedas. En molinos antiguos, como este, la varilla gobernaba la altura del puente: un madero horizontal que en uno de sus extremos estaba unido al muro del molino, y en el que se apoyaba el eje. Para evitar rozamientos excesivos (y también para evitar que el giro del eje fuera perforando el puente), el contacto entre el eje y el puente se hacía entre piezas de bronce, una especie de quicio: los gurrones, o gorriones.


  La rueda hidráulica (rodete, o rodezno) en principo era de madera, y en Cantabria, que yo sepa, no se conserva ninguna original. Seguramente podrían parecerse a una rueda de carro con álabes en lugar de radios; como la de hierro que se ve en la foto, del molino de La Casona de Nestares. Es posible que también las hubiera sin aro perimetral; más endebles, pero más fáciles de construir y reparar.


  Hacia los años sesenta del siglo pasado, la mayor parte de los molinos de Cantabria habían cesado en su actividad o la mantenían de forma precaria. Aún así, se estaban aplicando avances técnicos como el que podemos ver en este antiguo molino de Soto de la Marina: los rodetes han sido sustituídos por turbinas de presión, cuyo rendimiento es mayor. O, dicho en otras palabras: con un flujo de agua menor se consigue el mismo resultado.

Enlazamos así el final de esta entrada con la que dedicaremos al importante aspecto de la gestión del agua.