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viernes, 24 de mayo de 2024

Los molinos del Río del Escudo, II

   Consideramos en esta entrada los molinos del Río del Escudo aguas abajo de Treceño, hasta la desembocadura en  la Ría de San Vicente. Son numerosos e interesantes, y hubo también una ferrería, en Movellán.


  En el sitio de La Torre, en Roiz, hubo a mediados del siglo XVIII un molino, que no se conserva. Sí que hay un cauce artificial que, saliendo del río, se dirige hacia la torre, y cerca de ella cambia bruscamente de dirección para ir a desaguar nuevamente al río. No es difícil imaginar que existía una presa  que desviaba parte del caudal al cauce, y un molino en el lugar del quiebro. Aunque también es posible que el molino estuviera en uno de los edificios anexos a la torre, y que el tramo final del cauce haya sido cegado y desviado hacia el río para evitar que, durante las crecidas, el agua llegase con ímpetu hasta los edificios.


  Hasta hace poco tiempo, en la Torre podían verse dos ruedas de molino; tal vez del que estamos hablando, aunque no podemos asegurarlo.


  Un poco más abajo, junto al puente de entrada al lugar de Las Cuevas, vemos la presa y el inicio de la calcera de otro molino.


  En la foto aérea de la izquierda vemos claramente un tramo del río (que avanza de Sur a Norte), el puente, y un poco al sur de éste la presa, de la que parte una larga calcera hasta el molino y la vivienda del molinero, y el canal que volvía a desaguar en el río. En la foto de la derecha vemos la situación actual, con una depuradora de aguas residuales al lado mismo del molino. 


  Vemos aquí la antepara del molino, con las troneras que se corresponden con sus tres ruedas.


  El enlosado del suelo de la antepara facilitaba la limpieza del barro y los restos vegetales que pudiera traer el agua, especialmente en las avenidas.


  El molino, y, a la izquierda, la casa del molinero.


  No hemos podido acceder a la sala de molienda, (IMPORTANTE: véase el comentario, al final de esta entrada) pero es de suponer que se conservan dos de las muelas, porque en el cárcavo pueden verse dos de las ruedas hidráulicas (una de ellas en la foto) con sus mecanismos, todo en acero y, al parecer, en buenas condiciones. La tercera rueda ha sido desmontada, y en la foto vemos la tronera correspondiente, ya sin saetillo.


  Tal vez estas ruedas (una piedra volandera y un rodezno de acero) sean las que se han desmontado del molino. El edificio del fondo es la antigua vivienda del molinero. El molino está a la izquierda, fuera de la foto.


  Si seguimos aguas abajo, nos encontramos con el llamado Molino Bustillo, muy interesante por diversos conceptos.


  En primer lugar, por su presa de hormigón en masa (es decir, sin armar), ahora inutilizada y parcialmente destruída. La fotografía de arriba está tomada en enero de 2019; la de abajo es reciente.


  Como es natural, la inutilización de la presa ha modificado también el medio y el paisaje aguas arriba. En las fotografías podemos comparar el aspecto en 2019 y en la actualidad.


  La destrucción de la presa no se ha debido a agentes naturales, ni a su vejez. Ha sido destruída por la Confederación Hidrográfica. Un paisaje de agua mansa (tan poco frecuente en Cantabria), ha desaparecido. En las fotografías vemos la presa (antes y ahora) desde aguas arriba.


  El tema de la destrucción de presas merece un análisis sosegado, que prometemos abordar más adelante. Pero siguiendo con lo nuestro, encontramos muy cerca de la presa de hormigón una serie de boquetes de sección rectangular, en el lecho rocoso del río. Nos dicen claramente que existió una presa más primitiva con estructura de maderos y, probablemente, reforzada con sedimentos del propio río.


  Estos son los restos de la compuerta que regulaba el paso desde la presa hacia el molino. su aspecto "moderno" es compatible con el uso del hormigón; no, desde luego, con la primitiva presa de maderos.


  El trazado de la calcera es fácilmente reconocible, y se conserva bastante bien en su tramo final.


  La antepara, de construcción cuidada y robusta, muestra tres troneras con tajamares.


  La abertura del cárcavo, con un solo arco de medio punto, junto con los tajamares de la antepara, le dan al edificio un inequívoco aspecto "antiguo"; tal vez del siglo XVIII.


  Pero el interior del cárcavo da otra impresión. Aunque los ejes son de madera, los rodeznos y los demás mecanismos son de acero, de una apariencia "moderna". La rueda central funcionaba con un mecanismo "de cubo", que viene a ser como una especie de turbina primitiva. Y el techo, ligeramente abovedado y recubierto de ladrillos colocados de plano debe haber sido construido con mortero de cemento, más resistente y fiable que el mortero de cal de la época preindustrial.


  La sala de molienda, con tres ruedas. La más cercana, "francesa", moderna; y la más alejada, cubierta por su tambor o guardapolvo, y los restos de otro. Vemos también dos de las tolvas, la cabria con una horquilla articulada, y los mandos de acero de varilla roscada para regular con precisión la distancia entre la piedra volandera y la bajera.


  En el exterior del molino nos encontramos con una sorpresa: dos ruedas desechadas, más pequeñas y de peor calidad que las que vimos en la sala de molienda. Un detalle más que nos habla de un molino con una larga historia; que fue renovado en todos sus elementos, excepto en sus cuatro paredes, que son las que le dan un aspecto bastante primitivo.


  En su tramo final, el Rio del Escudo sirve de límite entre los términos municipales de Valdáliga y San Vicente de la Barquera. En el lado barquereño, pueblo de El Barcenal y sitio de Bonaco, nos encontramos con otro interesante molino. En las fotos vemos cuatro momentos de su historia más reciente, desde mediados del pasado siglo hasta la actualidad (pero el molino de Bonaco es mucho más antiguo: está citado en el Catastro del Marqués de la Ensenada, de mediados del siglo XVIII).El molino está en el ángulo superior izquierdo de cada foto, y la presa en el inferior derecho. El curso del río (de sur a norte, aproximadamente) podemos seguirlo gracias a los trazos del límite municipal. En una de las fotos pueden verse, a la izquierda de la calcera, los estanques de la época un que hubo una piscifactoría


  La presa que vemos actualmente en Bonaco ha sido construida en dos fases, siendo la más moderna la que vemos al fondo. Tal vez fue en su día la respuesta a la erosión de la margen derecha del río.


  La parte que vemos a la derecha, al parecer de hormigón en masa y con contrafuertes, es la más antigua. La que vemos a la izquierda, más esbelta, tal vez sea de hormigón armado. Pero la presa de verdad antigua, la que fue del que hacia 1750 llamaban "El Molinón", era de maderos; Encontramos sus señales (similares a las que vimos en el molino Bustillo) en la roca del cauce, unas decenas de metros aguas abajo de la actual presa.


  El molino recibe agua desde la presa de hormigón, pero difícilmente podía recibirla cuando funcionaba con la presa de maderos. Nuestra hipótesis es que en tiempo relativamente reciente (tal vez a comienzos del siglo XX) se remodeló todo el conjunto: se construyó la presa de hormigón y se construyó un nuevo molino, probablemente aprovechando las piedras del antiguo; al menos, las de los arcos del cárcavo.


  Los mecanismos que pueden verse en el cárcavo son de acero, de apariencia moderna, y parecen estar en buen estado.


  En la que fue sala de molienda vemos dos grandes muelas y, entre las dos, uno de los alivios (el otro se puede ver al fondo, medio oculto por la cabria). Detrás de la rueda más cercana vemos la llave con la que se abre o cierra el saetillo que le corresponde. La otra llave es mucho menos evidente: poco más que un gancho casi al nivel del suelo. Los arneros han sido provistos de una tapa para convertirlos en arcones. El conjunto, y sobre todo la cabria de acero,  sugiere una relativa modernidad;menos de cien años, seguramente. Evidentemente, echamos en falta  el tambor, el castillete, la canaleta y la tolva, aunque el una de las ruedas vemos una hermosa cítola. Con todo, disfrutamos de ver, formando parte del espacio de un alojamiento rural, una sala de molienda limpia y bien cuidada; y lo mismo puede decirse del aspecto externo del molino. Nos parece recomendable visitar el sitio web del Molino de Bonaco, y también las entradas que en nuestro blog dedicamos a la sala de molienda y a los mecanismos para mover las piedras.


  La esbelta cítola del Molino de Bonaco, muy desgastada en su parte central. Seguramente la conservaron, ya fuera de uso, simplemente por su belleza.


  Aguas abajo de Bonaco, en el sitio de La Gaiona, vemos otro edificio de molino con un pequeño cárcavo que desaguaba directamente al río. La presa era de maderos, como muestran los boquetes en las rocas del cauce, que pueden versa en la parte izquierda de la fotografía. La altura de la presa debía ser considerable: unos tres o cuatro metros.


  La boca del cárcavo está construida con piedras sin labrar. También se aprecian en la foto los restos de un intento de taponarlo con una chapa. Este molino, hermano menor de los que hemos descrito antes, desapareció como tal en un tiempo anterior a 1956, sin que nos sea posible precisar más.
  Vecinos de El Barcenal nos han hablado de otro molino, aguas abajo de los anteriores, del que al parecer no queda resto alguno.


En su encuentro con la Marisma de Rubín, El Río del Escudo se divide en dos brazos. El principal era el de la derecha hasta que, por la canalización del de la izquierda (el "Río de Peña Candiles"), casi ha desaparecido (aunque sigue marcando el límite municipal).


  Y, en la horquilla de los dos brazos, ya en la marisma, cerca de Abaño, vemos (en el centro de la fotografía) los restos de un edificio de buen tamaño y planta cuadrada.


  Esta ruina, de tamaño considerable y situada en la marisma, es recordada por los vecinos como una cuadra. A nosotros nos parece, por su situación, que pudo ser antes un molino; aunque hemos de reconocer que no hay a la vista pruebas concluyentes de ello.

martes, 11 de abril de 2023

Molinos de mar

  -Otra vez sin agua, Tio Tonio.

  -Otra vez, Manuel.

  -Y mire si sobró agua en la riada pasada.

  -Como el molino de Celada. "O mucho, mucho, o nada, nada".

  -¿Qué molino es ese, Tio Tonio?

  -P'hacia Castilla está, creo. Pero como él somos muchos.

  -Menos los de la mar. Ahí nunca faltará el agua.

  -¡Eeeh! Muy deprisa lo has dicho.

  -¡Pero Tio Tonio, no me irá a decir que el mar tiene sequías!

  -Sequías no, pero no creas que todo es jauja.

  -¿Pero usté conoce esos molinos?

  -En uno estuve, y bien aperreao, antes de estar en este.

  -Pues cuente, Tio Tonio.

  -¿Qué te voy a contar? Primeramente, que de eso no vives si no tienes otra cosa. Yo estaba también de destripaterrones en unas fincas del mismo dueño, y en el molino trabajaba a rachas.

  -¿Cómo a rachas? ¿A turnos?

  -A turnos cuando las mareas eran vivas, durante  unos días. Y luego venían días de mareas muertas, o sea, flojas, en los que el molino no trabajaba.

  -Ya. Y eso eran como las sequías. Pero por lo menos no había que limpiar la balsa.

  -Pues otra vez te estás equivocando. Que había mareas que metían fango, más del que sacaban, y cada tanto había que mover el barro y arrimarlo al muro.

  -¿Al muro?

  -Un muro muy largo de piedronas grandes, que con el barro que le arrimábamos hacía como si dijéramos la presa.

  -Y sería duro, eso.

  -Con los pies descalzos y los pantalones arremangaos, y suerte si hacía bueno. La vida nos daba la pesca que hacíamos.

  -¿La pesca?

  -Claro. Los peces que entran con la marea no pueden salir cuando la marea bajante cierra las compuertas. Esos días comíamos pescado, nos podíamos quedar con los que encontrábamos entre el barro.

  -¿Esos días? ¿Y los demás días?

  -La balsa era una pesquera, Manuel. El pescado era para la mesa del amo, y lo que sobraba se vendía.

  -Y usté lo miraba pasar...

  -Yo esperaba a los días de desempalago para comer algo más que alubias. Y no me quejo, que hambre casi nunca pasé.

  -Y siempre ha habido ricos y pobres, ¿no, Tio Tonio?

  -Pues eso.


  Los molinos de mar, o de marea, funcionan como los de río, salvo en un detalle: el desnivel necesario para que el agua mueva la rueda hidráulica está causado por las mareas. El dispositivo consiste en una gran balsa con una o más compuertas de eje horizontal, que se abren automáticamente por el empuje del agua en la subida de la marea, y se cierran cuando esta empieza a bajar. Cuando el desnivel es suficiente para el funcionamiento del molino se abren manualmente los saetillos y las ruedas empiezan a funcionar, y podrán seguir haciéndolo hasta que la marea ascendente haga disminuir de nuevo el desnivel entre el mar y la balsa. Esto puede significar medio ciclo mareal (unas cinco o seis horas) en las mareas vivas; o, tiempos menores, según la altura de la marea. Con mareas muertas, el molino no funciona. Por eso en España los encontramos solo en la fachada atlántica; y por eso no funcionaban todos los días. Unos cincuenta días al año podía ser lo normal, si estaban bien diseñados; pero también podían ser muchos menos.



  ...sobre las aguas deel mar ai un molino arinero de seis rruedas propio de Dn Fernando de la Riva, muele solo con mareas vibas dos oras cada mes y solo una rueda... (El molino de Gajano, a mediados del siglo XVIII. Tal vez estaba mal diseñado, o tal vez perdía mucha agua por  tener el dique descuidado.).


  Rodeznos del Molino de santa Olaja, en Soano (Arnuero). Cuando la marea haya bajado lo suficiente, desde la sala de molienda levantarán la paleta para abrir el saetillo, y el rodezno comenzará a girar, moviendo la rueda volandera para moler...


  Vista parcial de la gran balsa del Molino de Castellano, o del Conde, en Isla (Arnuero). Hacia el fondo, el muro que separa la balsa de la Ría de Ajo. A la derecha del muro están los restos del molino.


  El Molino del Conde, o de Castellano, desde el lado de la balsa. Son perfectamente visibles los tajamares que flanquean las bocas correspondientes a las ocho ruedas que tuvo el molino. A la derecha, casi en el borde de la foto, se ve la compuerta de entrada de agua en la balsa; y a la izquierda se ve el detalle del muro de mampostería de cal y canto. Es notable la calidad de la construcción de todo el conjunto.


  Interior del Molino del Conde. Pueden verse, sobre los arcos del cárcavo, los huecos en que se empotraban las vigas que sostenían las muelas y el suelo de madera de la sala de molienda.



  El molino de La Venera (al fondo de la Ría de Ajo) se construyó con el mismo diseño y en la misma época que el molino de Castellano. Molió desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del pasado siglo; conserva buena parte de la maquinaria, y ha sido cuidadosamente conservado por la familia propietaria.



  El Molino de Santa Olaja, en Soano (Arnuero) es otro de los que funcionaron hasta tiempos relativamente recientes; sin embargo, llegó a ser una ruina antes de la cuidadosa restauración, gracias a la cual hoy puede visitarse, y verse su funcionamiento.


  Los ejemplos anteriores pueden llevarnos a creer que los molinos de marea eran muy pocos, y siempre el resultado de grandes inversiones en edificios y muros; pero no  era así. En las costas de Cantabria se han contabilizado no menos de noventa de diferentes épocas. Hacia 1750, según el Catastro del Marqués de la Ensenada (el mejor registro que tenemos) funcionaban en Cantabria sesenta molinos de marea; no es exagerado decir que en cualquier rincón aprovechable de nuestras rías había un molino de marea. De la mayor parte de ellos no quedan restos reconocibles; pero los había grandes, y también de dos ruedas (es decir, bastante modestos). Y entre los que, restaurados o no, pueden verse hoy en día, hay bastante diversidad, tanto en tamaño como en calidad de la construcción. Es muy posible que muchos de los diques que no se conservan fuesen de materiales perecederos: estacas, zarzos. Y el barro adosado al dique era seguramente importante para la estanqueidad, fuera cual fuese la calidad de la construcción del muro.


  El Molino de Rivero, en Ancillo (Argoños), aunque de aspecto parecido a los de Venera o Castellano, era de una calidad arquitectónica claramente menor (tanto el edificio como el muro).


  Los arcos del Molino de Rivero eran de sillarejo. Solo se conserva uno de ellos.


  El Molino de Cerroja, en Escalante, tiene otra tipología muy distinta de los anteriores: más compacto, y sin tajamares. Se le suponen cerca de mil años de historia, a lo largo de la cual sin duda habrá sufrido muchas modificaciones, incluida su restauración en tiempos recientes, después de haberse arruinado tras el cese de su actividad hacia mediados del pasado siglo.


  El Molino de Jado, en Ancillo (Argoños) también molió hasta tiempos relativamente recientes. Ha sido restaurado, y conserva las dos turbinas que funcionaron en su última etapa. Puede verse la compuerta, a la derecha del edificio del molino.


  Muy cerca del anterior, este es un buen ejemplo de molino de marea modesto: pequeño (tal vez de dos ruedas), con cárcavo adintelado, y una pequeña compuerta que estaba integrada en el propio edificio.


  En los ejemplos anteriores puede verse, o adivinarse al menos, el aspecto que debió de tener el molino. Pero no es así en todos los casos: la obra hidráulica del Molino de El Espino, en Cortiguera (Suances) está oculta por los fangos. Una limpieza que retirase parte de ellos bastaría para revelarla.


  En la Marisma de Pombo (San Vicente de la Barquera), esta ruina, como otras, merece ser conservada, tal vez con unas obras de consolidación. Y, sin duda, de ella y de otras podríamos aprender alguna de las muchas cosas que nos quedan por saber sobre los molinos de marea que hubo en Cantabria a lo largo de la historia.