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miércoles, 18 de marzo de 2026

049 Los molinos del Saja, 7. El molino de Carrejo

 

  El actual molino de Carrejo, uno de los que hubo en el pasado, está junto a la carretera que lleva desde Cabezón de la Sal al puente de Santa Lucía. Su parte oeste, de piedra y con un amplio alero, alberga estancias anejas a la sala de molienda; y a ésta corresponde la pared encalada. A la derecha de la foto vemos la compuerta del aliviadero.


  La fachada sur, y la antepara medio vacía, con tres troneras, aunque actualmente el molino es de dos ruedas.


  La fachada del este es un hastial de piedra, tan recio como la parte oeste. En ellas y en cuatro pies derechos se apoya todo el resto de la la estructura, que es relativamente ligera. La fachada norte es, lo mismo que la del sur, un tabique de ladrillo, en este caso sin revocar. El cárcavo, muy diáfano, está inundado.


  El suelo del cárcavo (que vemos desde la sala de molienda) está empedrado. El rodezno es de acero, y el árbol de madera.


  La sala de molienda es amplia, y tuvo tres ruedas. En primer término, una rueda perfectamente equipada con todos sus accesorios. A continuación, una segunda muela con las piedras al descubierto; su tambor, su burro y su tolva están al fondo, donde primitivamente estuvo la tercera muela.


  La primera de las muelas está cubierta por un "tambor" cilíndrico de tablas; sobre él, el "burro" sostiene la tolva y demás accesorios. Sobre el "ojo" hay una especie de tapón, que no tendría sentido en un molino activo, lo mismo que las tapas redondas colocadas sobre los agujeros de ventilación. Es de suponer que se trata de que no entre polvo al espacio protegido por el tambor, en un molino que pasa mucho tiempo inactivo. A la derecha del tambor está el mecanismo del "alivio". La  "llave" asoma su cabeza justo a la izquierda del mismo tambor.


  En el centro de la foto, la cítola, bastante desgastada, y la canaleta. Con el molino en marcha, la cítola gira con el mismo eje que la rueda, y hace que vibre la canaleta´por la que cae el grano desde la tolva al ojo, que, desde luego, no tendría tapón alguno. La velocidad de caída del grano depende de la inclinación de la canaleta, que se regula con el cordel que vemos a la izquierda.


  El tambor, octogonal, de la segunda rueda, está apoyado en la pared del fondo; y, entre él y la rueda, el burro y la tolva, y también una balanza de pesar sacos que cuelga del techo.


  Sobre la piedra se exponen herramientas de picar, y medidas para maquilar. También un embudo que a veces se coloca en la boca del ojo.


  Desde esta otra perspectiva se ven más claras algunas cosas. Por ejemplo, que el pie derecho entre las ruedas corresponde a la cabria; la canaleta que está bajo la tolva; y la llave, y la medida del celemín.


  Lo que al principio hemos llamado "estancias anejas" podían ser simplemente espacios para almacenar sacos, pero también podían ser espacios de vida. El molinero siempre pasaba muchas horas en el molino, y a veces, si no tenía otra vivienda, su vida entera. En cualquier caso, no era raro que en los molinos hubiera un catre y una cocina, o, al menos, un hogar.


  En la mayoría de los casos, el hogar del molino estaba en la sala de molienda, pero en el molino de Carrejo hay una pequeña cocina.


  Desde la cocina, vemos otro aspecto de la sala de molienda: en el lado opuesto a las tolvas se exponen herramientas y otros objetos (balanzas, cantareros, una piedra, un carretillo...) que podrían ser habituales en el interior de un molino. La visita se vuelve así aún más interesante. Porque aunque durante un tiempo ha permanecido cerrado, el molino de Carrejo está habilitado para recibir visitas.

miércoles, 11 de marzo de 2026

048 Los molinos del Saja, 6. Villanueva


   El "Molino de Yeso" es uno de los dos que quedan en Villanueva. Probablemente molió yeso solo en los últimos tiempos de su vida como molino. Ahora es un establecimiento hostelero.


  Es notable que sus dos fachadas principales se abrieran en un amplio arco, de modo que su peso se derivaba hacia las bases de los ángulos del edificio. El cárcavo debió ser un espacio  luminoso. En cuanto a la disposición de la rueda hidráulica, etc., no sabemos nada.


  Hacia el centro de la fotografía aérea podemos ver el que fue el último molino de Villanueva. Parece probable que sea el que antiguamente llamaban "de Solinde", pero no podemos tener la certeza: cuando en un pueblo queda solo un molino, su "apellido" suele desaparecer de la memoria de las gentes. Así ocurrió con éste, que quedó como "el molino de Villanueva".


  Así se ve, a ras de suelo, lo que vemos desde el aire en la parte de abajo de la foto anterior. Desde el fondo llega la "calcera de los molinos"; en primer término, su final, que viene a ser un estanque anterior a la antepara propiamente dicha.


  Más claro: en esta foto, el estanque, lleno, está rebosando hacia la "calcera de los molinos". El agua de la antepara corre hacia el molino (que está a la izquierda, fuera de la foto) bordeando el edificio que vemos al fondo. Compárese con la fotografía aérea.


  A la derecha, el edificio que veíamos al fondo en la foto anterior. La antepara es muy alargada y muy sólida, con gruesos muros, el de la izquierda con contrafuertes. Corre algo de agua hacia el molino, al fondo.


 El cárcavo está inundado y por eso no podemos ver los rodeznos. Dos ejes o árboles metálicos, y dos saetillos de aspecto más o menos moderno, cerrados, y un tercero, a la izquierda, abierto, o tal vez sin tapa. Las paredes del cárcavo son de grandes sillares. Un poste sostiene el solado de la sala de molienda.


  La fachada principal del molino. El socaz está necesitado de una limpieza para que se pueda evacuar el agua del cárcavo.


  La amplia sala de molienda produce una agradable sensación de limpieza y orden, de lugar en que se vive y se decora con objetos fuera de uso, reliquias de lo que fueron herramientas útiles.


  Los tambores son de tablas en su parte superior y de madera contrachapada el lateral. Las piqueras son pequeñas, y probablemente en ellas se insertaba un vertedor, tal vez de chapa metálica. Los mecanismos del "alivio", con pequeños volantes; y las "llaves", al nivel del suelo. Las tolvas van montadas en burros o castilletes, pero las canaletas y las cítolas se han desmontado.


  En uno de los "ojos" vemos la nadrija de modelo "en herradura"; y, en lo alto de la "espada", el hueco cuadrangular para encajar la cítola.


  Sobre uno de los tambores, una cítola casi nueva y otra muy desgastada por el uso. Al fondo, una canaleta. Puede verse en ella el agujero en que se inserta el cordel para regular su inclinación.


  En esta canaleta es evidente el desgaste que, tras miles y miles de vueltas, produce en ella el roce de la cítola.


   Las tolvas y, dentro de una de ellas, una cítola.

  En suma, este simpático molino solo necesitaría algunas reparaciones menores para ponerse en marcha.

miércoles, 4 de marzo de 2026

047 Los molinos del Saja, 5. El molino de Mazcuerras


   Los viejos molinos suelen tener varias vidas. Alguna vez, cambian o se reconstruyen para adaptarse a un cambio tecnológico; o, casi siempre, para remediar lo que destruyó  la incuria y el paso del tiempo, o una riada. También ha cambiado el molino de Mazcuerras: a la izquierda vemos su aspecto actual, después de la última reconstrucción; y a la derecha, el que tuvo antes, desde la construcción del edificio en el siglo XIX. Pero el molino ya estaba ahí en el siglo XVIII, y quién sabe cuánto tiempo antes. Imposible saber cuál era entonces su aspecto. O, ya que estamos, el de los otros molinos ya desaparecidos.


  Al fondo, el molino. La calcera llega hasta él entre dos hileras de plátanos.


  La antepara, profunda y robusta, de piedra de sillería.


  En el cárcavo, también de sillería, podemos ver dos rodeznos de acero; uno de álabes radiales en "rueda de carro", y el otro con álabes de cuchara. Los árboles, de madera. Los saetillos, de cemento, y el mecanismo de las llaves, nuevo. Puede verse también, hacia el ángulo superior izquierdo de la foto, la vara del "alivio", y su sombra en la pared de sillares. Los "puentes" no se ven, sumergidos como están en el agua que invade el fondo del cárcavo. Un tercer saetillo está condenado, y falta el tercer rodezno y su correspondiente árbol.


  La boca del cárcavo es un arco escarzano de piedra de sillería. El socaz, invadido por el barro y la vegetación, está necesitado de una limpieza que permita evacuar eficazmente el agua del cárcavo.


  La amplia sala de molienda tiene dos muelas completamente equipadas y una tercera con solo las piedras, que corresponde al saetillo condenado y al rodezno que echábamos en falta.


  Las tolvas no se apoyan en castilletes, sino que están sostenidas por una tramoya airosa y visualmente atractiva, pero que sería poco práctica en un molino en pleno funcionamiento, ya que para acceder a una de las muelas (para picarla, por ejemplo) habría que paralizar también la actividad de la otra muela.


  Los guardapolvos, de elegante planta cuadrada, son interiormente de forma de tambor, más eficaz.


  Las piqueras no están en los guardapolvos, sino en el intrior de los arneros, bajo el paño que puede verse en ellos. A la derecha de cada uno de los guardapolvos vemos la "llave" para abrir o cerrar el paso del agua en los saetillos; y en primer término, a nivel del suelo, los "alivios" para subir o bajar el "puente" y controlar así la distancia entre la piedra solera y la volandera.


  La canaleta esté sujeta con cuerdas fijas en su parte trasera, mientras que en la delantera un sencillo mecanismo de torsión permite regular la inclinación, y, por tanto, el ritmo de caída del grano en el ojo de la rueda.


  En la otra canaleta el mecanismo es similar, solo algo distinto en el detalle.


  Las cítolas son de un modelo nada usual, y dan un solo impulso a la canaleta por cada vuelta de la rueda.


  Pueden verse en esta foto detalles poco evidentes en las anteriores, principalmente en las canaletas y en la tramoya de sujeción de las tolvas. Vemos también que, más allá de una sala de molienda, es un espacio de vida.

  El molino de Mazcuerras recibe con frecuencia visitas escolares, y se abre al público general con ocasión de exposiciones que se celebran cada verano. Para hacerse mejor una idea, aconsejamos visitar este vídeo: https://youtu.be/bHlGk8v69rY

miércoles, 25 de febrero de 2026

Los molinos del Saja, 4. La calcera de Cos y Mazcuerras.

   Mediados del siglo XVIII, ribera derecha del Saja entre Cos y Mazcuerras. Vecinos de ambos concejos han aparcado sus diferencias y trabajan juntos: están abriendo una larga zanja, un surco profundo destinado a unir lo que la última crecida ha dejado de sus respectivas calceras concejiles. Cada "llena" del Saja causaba desperfectos, y cada Concejo llamaba a sus vecinos para remediar los suyos; pero esta vez los daños han sido mayores, y también el hartazgo. No se quiere ya una reparación hasta la próxima crecida, sino una que dure hasta los siglos venideros por siempre amén. El tramo final de la calcera de Cos ha desaparecido, tragado por el río; y lo mismo el tramo inicial de la calcera de Mazcuerras. El río, señor de todo el centro del valle se ha enseñoreado de ellas. Pues bien, los restos de las dos calceras se unirán mediante un tramo nuevo, lo más alto que pueda ser con pendiente suficiente para que corra el agua que alimenta a los molinos,

  El párrafo anterior es una hipótesis basada en el artículo de González Rabanal, F. y Sierra Álvarez, J. "La formación histórica de la calcera de Mazcuerras", que puede leerse en http://molinologia.es/s/acem/item/11

  Aquí arranca la calcera que a través de Cos y Mazcuerras llega hasta Villanueva: desde el puente de Santa Lucía hasta el de Virgen de la Peña, se puede decir. La barrera, que no llega a presa, basta para desviar una parte del caudal del Saja. En la orilla, al fondo, se ve una recia construcción de piedra y mortero, destinada a sostener la compuerta.

  La calcera se inicia ya antes de la compuerta, y está construida con piedra de sillería. Al fondo se puede ver la barrera que desvía hacia aquí parte del caudal del Saja.

  Estamos sobre la construcción de piedra en que se abre la compuerta. El agua circula bajo ella, de izquierda a derecha. Al fondo, el Saja. La compuerta misma no ha resistido el paso del tiempo, aunque se conservan los rieles de hierro que la sostenían; los vemos cerca del borde izquierdo de la foto.

  Pasado ya el viejo edificio de la compuerta, el agua corre abundante, prisionera de la calcera, a lo largo de unos seis kilómetros, desde hace casi tres siglos. Es un vestigio de nuestra historia, pero también un rasgo del paisaje que ha ido creando su propio ecosistema de flora y fauna de aguas corrientes.

  La principal función de la calcera fue dar agua a los molinos. Ya no son estos la industria necesaria de antaño, pero algunos siguen siendo construcciones airosas que nos recuerdan el pasado; como este "molino de arriba", en Cos.

  La calcera corre, de izquierda a derecha, al costado del molino. En el centro de la foto vemos la pequeña antepara, ahora vacía, y la compuerta.

  ...y, después de mover las ruedas del molino, el agua salía a través de estos dos arcos, y se reincorporaba a la calcera comunal.


  La calcera, a veces, pasa casi desapercibida. La casa de la izquierda fue "fábrica de luz"; la de la derecha, el "molino de abajo", en Cos. Entre las dos, un puente que, sobre la calcera, permite el paso hacia la casa del fondo.


  A la derecha, la calcera; a la izquierda, la antepara, ya sin uso, de la "fábrica de luz".


  Y un detalle del "molino de abajo", desde el puente.


  La construcción de la calcera no fue solo un trabajo árduo; también tuvo que resolver dificultades técnicas. Por ejemplo, el paso sobre el río Pulero se resolvió mediante un acueducto. El que vemos ahora es de hormigón, pero con toda probabilidad lo antecedió uno más primitivo que se llevó alguna riada. Porque también los ríos pequeños se ponen farrucos a veces...

  Hemos llegado a la mitad de la calcera, y entramos en el antiguo Concejo de Mazcuerras; pero será ya para la siguiente "entrada" del "blog".