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martes, 20 de octubre de 2026

060 Los molinos del Besaya, 7. De Bárcena de Pié de Concha hasta Ventorrillo


   En los pasados siglos, desde el XVIII, el agua del Besaya movía grandes factorías: fraguas, serrerías y fábricas de harina, y la competencia por las concesiones de aguas debió de ser  grande; tal vez por eso no hay muchos molinos en el Besaya, sino más a menudo en sus afluentes. Así que desde Bárcena (donde hubo una fábrica de harina), remontamos el río Bisueña, y en Pié de Concha encontramos este hermoso conjunto, con el molino al fondo.


  Las ruedas, de diferente tamaño, se han colocado como decoración  en lo que ahora es un espacio para aparcar.


  La calcera, ahora seca, hacía circular el agua por detrás de las casas alineadas al noroeste de la calle principal. Al fondo pueden verse los dos boquerones que dan entrada a la antepara.


  La antepara está delimitada por un muro y por las paredes de las casas vecinas. Al fondo está el molino, en cuya pared pueden verse dos troneras por las que el agua llegaba a los saetillos.


  La boca del cárcavo está adintelada con una viga de madera, sobre la que se apoya una pared de piedra.


  Remontamos el río Bisueña y el Peñarrobla, hata Pujayo, donde encontramos las ruinas de este molinuco.


  El conjunto está entre el arroyo y una ladera con fuerte pendiente, y los movimientos de tierra lo cubren parcialmente. En la foto puede verse el muro que limita la calcera por la parte izquierda (que da al  arroyo), mientras que la parte derecha está invadida por tierras y vegetación.


  Y lo mismo ocurre con la antepara; que es de piedra y está revocada con argamasa.


  El arroyo se represa de forma natural en estos estratos de caliza, desde los que se inicia la calcera. No se ve señal alguna de recrecimiento artificial de la presa; tal vez una simple hilera de piedras sueltas.


  El boquerón de entrada de la calcera era una combinación de la roca natural y grandes piedras sin labrar. A pesar de su rusticidad, debía ser eficaz para impedir el paso de ramas y otros restos vegetales.


  Volvemos al Besaya y lo remontamos hasta su afluente por la parte derecha, el río Irbienza; el la localidad de Santa María de Aguayo está el molino en ruinas que vemos en la foto. La antepara, ancha y profunda, está separada del río por un recio muro que se ensancha cerca del molino.


  Es notable la calidad de la sillería del tramo final de la antepara. En el muro del fondo (que es la parte trasera del molino) puede verse la posición de los dos saetillos.


  En primer término, el edificio anejo al molino, y, al fondo, la sala de molienda, con los ejes de las dos ruedas.


  Los ejes, de acero; el del fondo conserva la nadrija, "moderna", en herradura.


  La boca del cárcavo tiene dos grandes dinteles de piedra, sostenidos por un pilar central; y sobre el conjunto se apoya la pared de piedra de la fachada principal del molino.


  Una de las dos piedras del dintel, vista desde el interior.


  Y, vista desde la trasera del molino y a través de sus restos, el detalle del apoyo de ambas piedras del dintel en el pilar central


  No mucho más arriba del molino anterior (a la altura de Santa Olalla de Aguayo pero en la ribera opuesta) están las ruinas de este otro molino. En la foto vemos su fachada frontal, con el socaz hacia nosotros. El lienzo de muro de la izquierda era, al parecer, un reparo para proteger la entrada del molino de los vientos del noroeste.


  Las mismas ruinas, vistas desde atrás. El muro que veíamos a la izquierda en la foto anterior lo vemos ahora a la derecha. A la izquierda, el molino propiamente dicho. Cerca del ángulo, la puerta del molino está escondida entre la vegetación.


  La puerta, con jambas y dintel de piedra de sillería, y una de las ruedas, colocada tal vez para obstaculizar el paso al ganado.


  Desde la misma puerta vemos el interior: lo que fue la sala de molienda y el cárcavo, con su arco de salida en piedra de sillería.


  El exterior de la fachada principal. Puede verse que la pared de la izquierda es un añadido al conjunto.


  Desde el ángulo opuesto a la puerta vemos los recios sillares de las esquinas, y lo que parece una reparación en lo alto del muro de mampostería.


  La vegetación deja apenas entrever los sillares de la antepara.


  La calcera, delimitada por un muro de piedra, está invadida por la vegetación.


  Volviendo a remontar el Besaya, en Ventorrillo hubo dos fábricas de harina, una de las cuales, "La Montañesa", es actualmente el "Centro de Interpretación del Camino de las Harinas", recomendable para quienes estén interesados en el tema, porque reseña y explica las fábricas de harina a lo largo del Besaya  https://cima.cantabria.es/los-caminos-de-la-harina. Los molinos solo son tratados de pasada, pero encontramos dos detalles de interés. Uno de ellos es este rodezno de chapa de acero. Hacemos notar que mientras que la corona de álabes tiene las uniones soldadas, las piezas que la unían a un eje (sin duda una viga de madera) están remachadas. ¿Significa eso que existía un taller, o fábrica, que hacía las coronas, y éstas,más tarde, se adaptaban a los ejes en talleres menores?


  Otro detalle que nos parece interesante es la presa de la fábrica: era un pequeño recrecimiento de un salto natural. Una vez eliminado el recrecimiento, el salto es de mayor altura que muchos de los azudes que se destruyen para "asegurar la continuidad longitudinal...", o sea, básicamente, para permitir la circulación de la fauna acuática. Por fortuna, a nadie le ha parecido necesario destruir el resalte de roca o hacer una escala de truchas...

miércoles, 30 de septiembre de 2026

059 Los molinos del Besaya, 6. Anievas y Valdeiguña

 

  Poco más arriba de la confluencia del río de Los Llares con el Besaya, y por la margen derecha de este, desemboca el río Casares, donde encontramos el molino de Raicedo (en la foto); y, aguas arriba de este, en el municipio de Anievas, el de Barriopalacio, del que trataremos después. El molino de Raicedo presenta un aspecto "moderno", que nos recuerda a los molinos de Hinojedo (de los que tratamos en la entrada 054 https://molinosdecantabria.blogspot.com/2026/07/054-los-molinos-del-saja-12-y-del.html). A veces se le considera como "fábrica", no sabemos con qué criterio.


  Visto desde el sur, queda a la izquierda (el oeste) la fachada principal (que vimos en la foto anterior), y a la derecha (el este) la antepara y la recta calcera, ambas limitadas por el muro que puede verse entre la vegetación. Más al fondo se ve el muro de la finca, y en primer término el río Casares.


  La presa, "moderna", de hormigón armado, tampoco pudo resistir a las riadas.


  En  Anievas nos hablan de cinco molinos; solo hemos podido encontrar las ruinas, bastante maltrechas, de uno de ellos, en Barriopalacio.


  El cárcavo, como todo lo demás,está siendo engullido por la vegetación. A la izquierda puede verse el arco de salida.


  Y aquí, un detalle del mismo. Contrasta la sillería del arco con la mampostería de la pared del fondo.


  Y, semiocultas entre la vegetación, varios trozos de ruedas.


  Volviendo al Besaya, en Arenas de Iguña encontramos este antiguo molino. En realidad es una edificación construida sobre los restos de un molino destruido por un incendio. Se ha respetado el arco del cárcavo, y el socaz (bordeado por una barandilla amarilla).


  Algunas piezas del molino se han empleado como decoración; por ejemplo, este rodezno de hierro fundido.


  Y en Santa Cruz de Iguña encontramos las ruinas de este notable molino de tres ruedas. Nos dicen que en su piso alto funcionó una carpintería, cuya maquinaria tal vez era también movida por el agua.


Las ruinas del molino,al fondo (a la izquierda de los caballos), y, hacia nosotros, el relieve suavizado de lo que fue el socaz.


  No entra en nuestro propósito tratar en nuestro blog de la fábricas de harina, como las dos que encontramos en Arenas, y hasta otras trece más aguas arriba (para quien tenga interés,están documentadas en el Centro de Visitantes "Camino de las harinas", de Pesquera https://ayuntamientodepesquera.es/pesquera/centro-de-visitantes-camino-de-las-harinas/). Pero en esta ocasión nuestro interés está en la presa (o, si se prefiere, el azud) de "La Cobrera", en Santa Cruz de Iguña. Nos interesa especialmente porque, cuando estaba a punto de ser destruida por la Confederación Hidrográfica, se salvó gracias al interés mostrado por los vecinos. Y el procedimiento para conciliar la conservación de la presa y la continuidad de la corriente fue tan sencillo como establecer una "rampa para peces", que puede verse hacia el fondo de la fotografía. Un ejemplo de que conservar las presas de los molinos no es para nada imposible.


  Resumimos la historia en estas cuatro fotografías aéreas. Arriba a la izquierda, la presa (P) y la fábrica (F), y la calcera que las une. Arriba a la derecha, la fábrica ha dejado de funcionar, y la presa ha perdido su razón de ser. Abajo a la izquierda, en 2023 la Confederación Hidrográfica está interviniendo. Y abajo a la derecha, en 2024, el resultado final, con la rampa para peces al este de la presa.

  Puedes ver más sobre la conservación y destrucción de presas en este mismo blog: https://molinosdecantabria.blogspot.com/2024/08/puntualizando-7-destruir-los-azudes.html

miércoles, 23 de septiembre de 2026

058 Los molinos del Besaya, 5. La Media Hoz y Palacio


   En un corto tramo, el río Besaya marca el límite entre los municipios de Cieza y Arenas de Iguña. En el margen derecho de ese tramo, casi enfrente de la desembocadura del río de Cieza, está el molino de la Media Hoz, o de Bostronizo.  El edificio se conserva relativamente bien, y también un buen trozo de calcera, todo ello rodeado de espesos zarzales.


  En su fachada norte pueden verse dos arcos de medio punto.


  Y, en el interior, los dos pares de ruedas.


  El cárcavo está enfangado. Los rodetes eran de acero, y también los demás mecanismos, relativamente modernos.


  Seguimos remontando el Besaya hasta encontrarnos con el río de Los Llares, su afluente por la izquierda. Aunque no nos cabe duda de que en su entorno hubo más molinos, solo encontramos los restos de uno cerca de Palacio. Fue un edificio de una cierta nobleza y singularidad. Nos dicen que  dependía del palacio de Las Fraguas.


  Se alimentaba de las aguas de un corto arroyo, tan pequeño que en ningún mapa encontramos su nombre y, en la mayor parte de ellos, ni siquiera el arroyo. Sin embargo, lleva agua suficiente para mover una rueda, a pesar de que lo visitamos en plena sequía. El arroyo dirige su corriente hacia la derecha de la foto, donde hay una pequeña presa, en la que una compuerta, probablemente de madera, se insertaba en una ranura (CO en la foto) y regulaba la altura del agua. En el pequeño muro que vemos de frente hay un boquerón, ahora casi cerrado con losas (B) que da paso a la calcera (CA).


  La calcera, amplia y con paredes de piedra, se conserva relativamente bien.


  No así el interior del molino, que tenía dos plantas más el cárcavo. En la planta principal se distinguen dos pequeños espacios: una especie de pequeña cocina, y el molino propiamente dicho al fondo.


  Vista parcial del cárcavo y de la sala de molienda. Permanece en su lugar una de las dos vigas que soportaban el peso de las muelas; la otra está abajo, caída. El tillado de la sala de molienda ha desaparecido totalmente, pero las ranuras en las paredes laterales muestran cual fue su posición. La pared del fondo es la de la antepara; el boquete que hay en ella  debía estar justo por encima del nivel del agua; tal vez se pensó como aliviadero de emergencia, cuando ramas u otros obstáculos en la presa hacían subir el nivel del agua por encima de lo debido. Las dos ruedas ocupaban casi por completo el pequeño cárcavo, y los dos saetillos están en posición central, de modo que las ruedas debían girar en sentidos opuestos: la izquierda en sentido horario y la derecha en sentido antihorario.


  En el fondo del cárcavo vemos una de las muelas, todavía unida a un trozo del eje.


  A la izquierda, la rueda solera, gruesa, unida a un trozo del eje. A la derecha, la mitad de la rueda volandera, muy delgada ya, que sin duda se rompió en la caída; la otra mitad permanece encima de la rueda solera. Deducimos que en sus últimos tiempos ya solo estaba montada la muela izquierda; cuando el peso de la muela hizo que cayera una de las vigas que la soportaban, el eje, al tiempo que se rompía, empujó hacia arriba la piedra volandera, que se rompió en dos y una de las mitades cayó mientras la otra permanecía en su posición, encima de la rueda solera, donde se encuentra todavía. En la pared del fondo, el saetillo derecho  vierte agua, mientras que el izquierdo permanece cerrado por su mecanismo, al parecer intacto.


  La espada sigue clavada en el ojo de la piedra solera. A la izquierda (es decir, arriba cuando todo estaba en su posición de trabajo), la nadrija que soportaba el peso de la piedra volandera. Tal vez convenga recordar lo visto en la "entrada 004 ...para mover las piedras".


  La nadrija, en este caso, se aparta de la habitual forma de palomilla.


  En conjunto, la ruina del molino adopta este curioso aspecto. El molino se situó, muy inteligentemente, aprovechando el brusco desnivel de una terraza fluvial, de modo que el fondo del cárcavo está al nivel de la llanura aluvial, y la planta principal del molino (es decir, la sala de molienda y la "cocina"), en la terraza; en este mismo nivel está la gruesa viga que adintela la boca del cárcavo (en la parte media derecha de la foto), sobre la cual se situaría, en su día, una pared de ladrillo. Otras paredes, de piedra y de dos plantas de altura, permanecen relativamente enteras. El arroyo vendría desde el fondo (más allá del molino, donde se sitúa la presa), y, por la izquierda de la ruina, viene a precipitarse hasta el punto en que se ha hecho la foto, algo más abajo del nivel del cárcavo.