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miércoles, 30 de septiembre de 2026

059 Los molinos del Besaya, 6. Anievas y Valdeiguña

 

  Poco más arriba de la confluencia del río de Los Llares con el Besaya, y por la margen derecha de este, desemboca el río Casares, donde encontramos el molino de Raicedo (en la foto); y, aguas arriba de este, en el municipio de Anievas, el de Barriopalacio, del que trataremos después. El molino de Raicedo presenta un aspecto "moderno", que nos recuerda a los molinos de Hinojedo (de los que tratamos en la entrada 054 https://molinosdecantabria.blogspot.com/2026/07/054-los-molinos-del-saja-12-y-del.html). A veces se le considera como "fábrica", no sabemos con qué criterio.


  Visto desde el sur, queda a la izquierda (el oeste) la fachada principal (que vimos en la foto anterior), y a la derecha (el este) la antepara y la recta calcera, ambas limitadas por el muro que puede verse entre la vegetación. Más al fondo se ve el muro de la finca, y en primer término el río Casares.


  La presa, "moderna", de hormigón armado, tampoco pudo resistir a las riadas.


  En  Anievas nos hablan de cinco molinos; solo hemos podido encontrar las ruinas, bastante maltrechas, de uno de ellos, en Barriopalacio.


  El cárcavo, como todo lo demás,está siendo engullido por la vegetación. A la izquierda puede verse el arco de salida.


  Y aquí, un detalle del mismo. Contrasta la sillería del arco con la mampostería de la pared del fondo.


  Y, semiocultas entre la vegetación, varios trozos de ruedas.


  Volviendo al Besaya, en Arenas de Iguña encontramos este antiguo molino. En realidad es una edificación construida sobre los restos de un molino destruido por un incendio. Se ha respetado el arco del cárcavo, y el socaz (bordeado por una barandilla amarilla).


  Algunas piezas del molino se han empleado como decoración; por ejemplo, este rodezno de hierro fundido.


  Y en Santa Cruz de Iguña encontramos las ruinas de este notable molino de tres ruedas. Nos dicen que en su piso alto funcionó una carpintería, cuya maquinaria tal vez era también movida por el agua.


Las ruinas del molino,al fondo (a la izquierda de los caballos), y, hacia nosotros, el relieve suavizado de lo que fue el socaz.


  No entra en nuestro propósito tratar en nuestro blog de la fábricas de harina, como las dos que encontramos en Arenas, y hasta otras trece más aguas arriba (para quien tenga interés,están documentadas en el Centro de Visitantes "Camino de las harinas", de Pesquera https://ayuntamientodepesquera.es/pesquera/centro-de-visitantes-camino-de-las-harinas/). Pero en esta ocasión nuestro interés está en la presa (o, si se prefiere, el azud) de "La Cobrera", en Santa Cruz de Iguña. Nos interesa especialmente porque, cuando estaba a punto de ser destruida por la Confederación Hidrográfica, se salvó gracias al interés mostrado por los vecinos. Y el procedimiento para conciliar la conservación de la presa y la continuidad de la corriente fue tan sencillo como establecer una "rampa para peces", que puede verse hacia el fondo de la fotografía. Un ejemplo de que conservar las presas de los molinos no es para nada imposible.


  Resumimos la historia en estas cuatro fotografías aéreas. Arriba a la izquierda, la presa (P) y la fábrica (F), y la calcera que las une. Arriba a la derecha, la fábrica ha dejado de funcionar, y la presa ha perdido su razón de ser. Abajo a la izquierda, en 2023 la Confederación Hidrográfica está interviniendo. Y abajo a la derecha, en 2024, el resultado final, con la rampa para peces al este de la presa.

  Puedes ver más sobre la conservación y destrucción de presas en este mismo blog: https://molinosdecantabria.blogspot.com/2024/08/puntualizando-7-destruir-los-azudes.html

miércoles, 23 de septiembre de 2026

058 Los molinos del Besaya, 5. La Media Hoz y Palacio


   En un corto tramo, el río Besaya marca el límite entre los municipios de Cieza y Arenas de Iguña. En el margen derecho de ese tramo, casi enfrente de la desembocadura del río de Cieza, está el molino de la Media Hoz, o de Bostronizo.  El edificio se conserva relativamente bien, y también un buen trozo de calcera, todo ello rodeado de espesos zarzales.


  En su fachada norte pueden verse dos arcos de medio punto.


  Y, en el interior, los dos pares de ruedas.


  El cárcavo está enfangado. Los rodetes eran de acero, y también los demás mecanismos, relativamente modernos.


  Seguimos remontando el Besaya hasta encontrarnos con el río de Los Llares, su afluente por la izquierda. Aunque no nos cabe duda de que en su entorno hubo más molinos, solo encontramos los restos de uno cerca de Palacio. Fue un edificio de una cierta nobleza y singularidad. Nos dicen que  dependía del palacio de Las Fraguas.


  Se alimentaba de las aguas de un corto arroyo, tan pequeño que en ningún mapa encontramos su nombre y, en la mayor parte de ellos, ni siquiera el arroyo. Sin embargo, lleva agua suficiente para mover una rueda, a pesar de que lo visitamos en plena sequía. El arroyo dirige su corriente hacia la derecha de la foto, donde hay una pequeña presa, en la que una compuerta, probablemente de madera, se insertaba en una ranura (CO en la foto) y regulaba la altura del agua. En el pequeño muro que vemos de frente hay un boquerón, ahora casi cerrado con losas (B) que da paso a la calcera (CA).


  La calcera, amplia y con paredes de piedra, se conserva relativamente bien.


  No así el interior del molino, que tenía dos plantas más el cárcavo. En la planta principal se distinguen dos pequeños espacios: una especie de pequeña cocina, y el molino propiamente dicho al fondo.


  Vista parcial del cárcavo y de la sala de molienda. Permanece en su lugar una de las dos vigas que soportaban el peso de las muelas; la otra está abajo, caída. El tillado de la sala de molienda ha desaparecido totalmente, pero las ranuras en las paredes laterales muestran cual fue su posición. La pared del fondo es la de la antepara; el boquete que hay en ella  debía estar justo por encima del nivel del agua; tal vez se pensó como aliviadero de emergencia, cuando ramas u otros obstáculos en la presa hacían subir el nivel del agua por encima de lo debido. Las dos ruedas ocupaban casi por completo el pequeño cárcavo, y los dos saetillos están en posición central, de modo que las ruedas debían girar en sentidos opuestos: la izquierda en sentido horario y la derecha en sentido antihorario.


  En el fondo del cárcavo vemos una de las muelas, todavía unida a un trozo del eje.


  A la izquierda, la rueda solera, gruesa, unida a un trozo del eje. A la derecha, la mitad de la rueda volandera, muy delgada ya, que sin duda se rompió en la caída; la otra mitad permanece encima de la rueda solera. Deducimos que en sus últimos tiempos ya solo estaba montada la muela izquierda; cuando el peso de la muela hizo que cayera una de las vigas que la soportaban, el eje, al tiempo que se rompía, empujó hacia arriba la piedra volandera, que se rompió en dos y una de las mitades cayó mientras la otra permanecía en su posición, encima de la rueda solera, donde se encuentra todavía. En la pared del fondo, el saetillo derecho  vierte agua, mientras que el izquierdo permanece cerrado por su mecanismo, al parecer intacto.


  La espada sigue clavada en el ojo de la piedra solera. A la izquierda (es decir, arriba cuando todo estaba en su posición de trabajo), la nadrija que soportaba el peso de la piedra volandera. Tal vez convenga recordar lo visto en la "entrada 004 ...para mover las piedras".


  La nadrija, en este caso, se aparta de la habitual forma de palomilla.


  En conjunto, la ruina del molino adopta este curioso aspecto. El molino se situó, muy inteligentemente, aprovechando el brusco desnivel de una terraza fluvial, de modo que el fondo del cárcavo está al nivel de la llanura aluvial, y la planta principal del molino (es decir, la sala de molienda y la "cocina"), en la terraza; en este mismo nivel está la gruesa viga que adintela la boca del cárcavo (en la parte media derecha de la foto), sobre la cual se situaría, en su día, una pared de ladrillo. Otras paredes, de piedra y de dos plantas de altura, permanecen relativamente enteras. El arroyo vendría desde el fondo (más allá del molino, donde se sitúa la presa), y, por la izquierda de la ruina, viene a precipitarse hasta el punto en que se ha hecho la foto, algo más abajo del nivel del cárcavo.

jueves, 27 de agosto de 2026

057 Los molinos del Besaya, 4. Buelna y Cieza

   Para elaborar esta "entrada" nos ha resultado muy útil  el artículo "Molinos de Buelna y Cieza" que Luis Fernández Fernández publicó en "Olna cultural. Cuadernos de nuestros valles", nº 2, febrero de 1998. En él da noticia de 31 molinos (algunos de ellos desaparecidos ya por entonces), y señala que, hacia 1750, el Catastro de Ensenada censó muchos más (algo a lo que estamos acostumbrados): siete en Barros, cinco en Coo, cuatro en San Mateo, etc. Nosotros solo daremos noticia de aquellos en que pueda verse algún vestigio material que permita afirmar que en tal lugar existió tal  molino, permanezca  o no el edificio.


  Imposible saber desde cuando existe este molinuco de Las Caldas de Besaya. Hacia 1750 ya estaba aquí, y era de la Orden de Predicadores, es decir, de los dominicos del monasterio, y está muy cerca del mismo, por lo que parece probable que se fundaran al mismo tiempo, hacia 1680. Vendría funcionando desde entonces, primero regentado por los dominicos, y después por particulares, hasta mediados del siglo XX. Se dice que en los últimos tiempos molía cacao para los desayunos del monasterio.


  Las obras de mejora de los accesos al monasterio han perjudicado la imagen del molino, cegando en parte el arco del cárcavo y eliminando las escaleras de acceso al almacen, a la derecha del molino propiamente dicho.


  Como en tantos otros molinos, no falta en éste la cruz grabada en un sillar junto a la puerta.


  El molino recibía el agua del arroyo Rumiales, afluente del Besaya por la izquierda. Curiosamente, aunque el monasterio está en el municipio de Los Corrales de Buelna, el molino está en suelo del vecino municipio de Cartes. En la parte posterior del molino se abre esta tronera, correspondiente a la única rueda.


  La obra hidráulica es casi una miniatura con un trabajo esmerado. Vemos en la foto la pequeñísima antepara, a vista de pájaro.


  El interior está en ruinas. En la foto vemos el cárcavo, en parte excavado en la roca, y, entre los escombros, el rodezno y el eje, de acero.


  Remontamos el Besaya hasta encontrar, por su margen derecha, la confluencia del río Barcenal, que recorre el municipio de San Felices de Buelna; y en él encontramos el molino de La Arenosa. Es el pequeño edificio techado con teja. Al sur vemos la antepara y la calcera, recta; y al norte, el socaz. La línea de árboles, al este, corresponde al curso del río Barcenal, que corre hacia el norte.


  Hacia el ángulo superior izquierdo de la foto puede verse la parte trasera del molino, y la antepara. Hacia el ángulo inferior derecho, los dos pares de ruedas desmontadas del molino.


  En la antepara, modificada en parte, pueden verse todavía los recios sillares de la pared del molino.


  Y las dos troneras, correspondientes a las dos muelas que tuvo el molino.


  Seguimos remontando el río Barcenal, y ya en Sovilla, el molino de Balapuente está integrado en el edificio de esta casona.


  Nos asomamos por encima del muro, y vemos la boca del cárcavo en la pared de la casona, medio escondida por la vegetación del jardín. La calcera atravesaba la parte baja de la casona que tenía así "agua corriente".


  El arco del cárcavo es de sillarejo, integrado en la mampostería de la pared.


  Seguimos remontando y, aún en Sovilla, el agua del arroyo Velilla (que ya no existe) movía las ruedas del molino del Palaciuco, y del Molinuco, ambos en la misma finca. En la fotografía aérea vemos el Palaciuco (P), y, adosado a él, el molino (M). El molinuco es (m).


  La fachada principal del Palaciuco, en piedra de sillería, y del molino, en mampostería. Al fondo, el monte Tejas, que forma parte del macizo del Dobra.


  En esta fotografía puede verse la antepara, cuyas paredes laterales han sido desmontadas en parte; y, al fondo, la tronera por la que entraba el agua al molino.


  El frente de la antepara y la tronera, en piedra de sillería.


  El Molinuco está en la misma finca, y se servía de las mismas aguas que el Molino del Palaciuco. Vemos su parte posterior, por donde entraba el agua. La mitad del edificio más próxima a nosotros era la sala de molienda, y la otra mitad era almacén.


  La fachada posterior con la antepara, parcialmente cubierta de vegetación.


  El cárcavo y el socaz están parcialmente enterrados. El arco es de piedra de sillería.


  Volvemos al valle del Besaya, y en la mies de Barros, en el lugar de La Pantorcada, cerca del arroyo Rebujas, está este molinuco.


  Tanto la entrada como la salida del agua se hacía a través de arcos rebajados, de sillares, integrados en la mampostería de cantos rodados de las paredes.

  Muy cerca del anterior hay otro edificio que según se dice también integraba un molino, aunque no queda muestra alguna de ello; por ello, no lo reseñamos, lo mismo que el molino de San Mateo y otros. En este tramo del Besaya el abandono de la molinería tuvo, además de las acostumbradas, una causa adicional: la temprana industrialización del valle de Buelna, con los Quijano al frente, buscaba su propia fuente de energía, principalmente hidráulica, y compraba molinos o concesiones de agua para "fábricas de luz".


  Seguimos remontando el Besaya, y a la altura de Somahoz, el arroyo Redondo afluye por la derecha, y en el barrio de San Andrés encontramos este molinuco.


  El arroyo, que corre hacia el oeste, describe una amplia curva, y la calcera, recta, aprovecha al máximo el desnivel.


  La amplia antepara es robusta, de piedra de sillería.


  La boca del cárcavo está formada por una viga de cemento.


  Y la puerta de entrada, cuyo dintel está fechado en 1885.


  Resulta extraño, pero este edificio de tres plantas es el único molino aún reconocible, de los varios que hubo en el río Cieza, o Rucieza


  En esta fotografía aérea de los años 70 vemos el molino (M), que ya no molía, y restos bien visibles de la calcera (C), y, sobre todo, el socaz (SC), atajando la amplia curva del río, que corre de oeste a este.


  La larga antepara, que antes era más profunda, se ha convertido en piscina.


  Y dos ruedas se han convertido en mesas. En ésta podemos leer la historia de su aprovechamiento hasta que, tras ser picada muchas veces, llegó a ser así de delgada. En efecto, hacia la parte derecha vemos que el agujero para la cabria se reforzó con un tubo metálico, presumiblemente cuando ya quedaba muy cerca de la superficie picada; y, tras otros picados, se hicieron agujeros nuevos, como a noventa grados de los anteriores.


  Otra piedra, que parece no haber sido usada, permanece en un borde de la finca, cerca del arranque de la calcera. Son ruedas de cuarcita blanca, similares a las que se trabajaban desde antiguo en la cantera de Herrera de Ibio.


  Esta otra casa, situada en la orilla misma del río y como a medio kilómetro aguas abajo de la anterior, fue sin duda molino, aunque ya no muestra más trazas de ello que un huerto que, por su forma y otros detalles, puede asegurarse que fue la antepara. Lamentablemente, no hay una perspectiva adecuada para mostrarlo en fotografía.