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miércoles, 11 de marzo de 2026

048 Los molinos del Saja, 6. Villanueva


   El "Molino de Yeso" es uno de los dos que quedan en Villanueva. Probablemente molió yeso solo en los últimos tiempos de su vida como molino. Ahora es un establecimiento hostelero.


  Es notable que sus dos fachadas principales se abrieran en un amplio arco, de modo que su peso se derivaba hacia las bases de los ángulos del edificio. El cárcavo debió ser un espacio  luminoso. En cuanto a la disposición de la rueda hidráulica, etc., no sabemos nada.


  Hacia el centro de la fotografía aérea podemos ver el que fue el último molino de Villanueva. Parece probable que sea el que antiguamente llamaban "de Solinde", pero no podemos tener la certeza: cuando en un pueblo queda solo un molino, su "apellido" suele desaparecer de la memoria de las gentes. Así ocurrió con éste, que quedó como "el molino de Villanueva".


  Así se ve, a ras de suelo, lo que vemos desde el aire en la parte de abajo de la foto anterior. Desde el fondo llega la "calcera de los molinos"; en primer término, su final, que viene a ser un estanque anterior a la antepara propiamente dicha.


  Más claro: en esta foto, el estanque, lleno, está rebosando hacia la "calcera de los molinos". El agua de la antepara corre hacia el molino (que está a la izquierda, fuera de la foto) bordeando el edificio que vemos al fondo. Compárese con la fotografía aérea.


  A la derecha, el edificio que veíamos al fondo en la foto anterior. La antepara es muy alargada y muy sólida, con gruesos muros, el de la izquierda con contrafuertes. Corre algo de agua hacia el molino, al fondo.


 El cárcavo está inundado y por eso no podemos ver los rodeznos. Dos ejes o árboles metálicos, y dos saetillos de aspecto más o menos moderno, cerrados, y un tercero, a la izquierda, abierto, o tal vez sin tapa. Las paredes del cárcavo son de grandes sillares. Un poste sostiene el solado de la sala de molienda.


  La fachada principal del molino. El socaz está necesitado de una limpieza para que se pueda evacuar el agua del cárcavo.


  La amplia sala de molienda produce una agradable sensación de limpieza y orden, de lugar en que se vive y se decora con objetos fuera de uso, reliquias de lo que fueron herramientas útiles.


  Los tambores son de tablas en su parte superior y de madera contrachapada el lateral. Las piqueras son pequeñas, y probablemente en ellas se insertaba un vertedor, tal vez de chapa metálica. Los mecanismos del "alivio", con pequeños volantes; y las "llaves", al nivel del suelo. Las tolvas van montadas en burros o castilletes, pero las canaletas y las cítolas se han desmontado.


  En uno de los "ojos" vemos la nadrija de modelo "en herradura"; y, en lo alto de la "espada", el hueco cuadrangular para encajar la cítola.


  Sobre uno de los tambores, una cítola casi nueva y otra muy desgastada por el uso. Al fondo, una canaleta. Puede verse en ella el agujero en que se inserta el cordel para regular su inclinación.


  En esta canaleta es evidente el desgaste que, tras miles y miles de vueltas, produce en ella el roce de la cítola.


   Las tolvas y, dentro de una de ellas, una cítola.

  En suma, este simpático molino solo necesitaría algunas reparaciones menores para ponerse en marcha.

miércoles, 4 de marzo de 2026

047 Los molinos del Saja, 5. El molino de Mazcuerras


   Los viejos molinos suelen tener varias vidas. Alguna vez, cambian o se reconstruyen para adaptarse a un cambio tecnológico; o, casi siempre, para remediar lo que destruyó  la incuria y el paso del tiempo, o una riada. También ha cambiado el molino de Mazcuerras: a la izquierda vemos su aspecto actual, después de la última reconstrucción; y a la derecha, el que tuvo antes, desde la construcción del edificio en el siglo XIX. Pero el molino ya estaba ahí en el siglo XVIII, y quién sabe cuánto tiempo antes. Imposible saber cuál era entonces su aspecto. O, ya que estamos, el de los otros molinos ya desaparecidos.


  Al fondo, el molino. La calcera llega hasta él entre dos hileras de plátanos.


  La antepara, profunda y robusta, de piedra de sillería.


  En el cárcavo, también de sillería, podemos ver dos rodeznos de acero; uno de álabes radiales en "rueda de carro", y el otro con álabes de cuchara. Los árboles, de madera. Los saetillos, de cemento, y el mecanismo de las llaves, nuevo. Puede verse también, hacia el ángulo superior izquierdo de la foto, la vara del "alivio", y su sombra en la pared de sillares. Los "puentes" no se ven, sumergidos como están en el agua que invade el fondo del cárcavo. Un tercer saetillo está condenado, y falta el tercer rodezno y su correspondiente árbol.


  La boca del cárcavo es un arco escarzano de piedra de sillería. El socaz, invadido por el barro y la vegetación, está necesitado de una limpieza que permita evacuar eficazmente el agua del cárcavo.


  La amplia sala de molienda tiene dos muelas completamente equipadas y una tercera con solo las piedras, que corresponde al saetillo condenado y al rodezno que echábamos en falta.


  Las tolvas no se apoyan en castilletes, sino que están sostenidas por una tramoya airosa y visualmente atractiva, pero que sería poco práctica en un molino en pleno funcionamiento, ya que para acceder a una de las muelas (para picarla, por ejemplo) habría que paralizar también la actividad de la otra muela.


  Los guardapolvos, de elegante planta cuadrada, son interiormente de forma de tambor, más eficaz.


  Las piqueras no están en los guardapolvos, sino en el intrior de los arneros, bajo el paño que puede verse en ellos. A la derecha de cada uno de los guardapolvos vemos la "llave" para abrir o cerrar el paso del agua en los saetillos; y en primer término, a nivel del suelo, los "alivios" para subir o bajar el "puente" y controlar así la distancia entre la piedra solera y la volandera.


  La canaleta esté sujeta con cuerdas fijas en su parte trasera, mientras que en la delantera un sencillo mecanismo de torsión permite regular la inclinación, y, por tanto, el ritmo de caída del grano en el ojo de la rueda.


  En la otra canaleta el mecanismo es similar, solo algo distinto en el detalle.


  Las cítolas son de un modelo nada usual, y dan un solo impulso a la canaleta por cada vuelta de la rueda.


  Pueden verse en esta foto detalles poco evidentes en las anteriores, principalmente en las canaletas y en la tramoya de sujeción de las tolvas. Vemos también que, más allá de una sala de molienda, es un espacio de vida.

  El molino de Mazcuerras recibe con frecuencia visitas escolares, y se abre al público general con ocasión de exposiciones que se celebran cada verano. Para hacerse mejor una idea, aconsejamos visitar este vídeo: https://youtu.be/bHlGk8v69rY

miércoles, 25 de febrero de 2026

Los molinos del Saja, 4. La calcera de Cos y Mazcuerras.

   Mediados del siglo XVIII, ribera derecha del Saja entre Cos y Mazcuerras. Vecinos de ambos concejos han aparcado sus diferencias y trabajan juntos: están abriendo una larga zanja, un surco profundo destinado a unir lo que la última crecida ha dejado de sus respectivas calceras concejiles. Cada "llena" del Saja causaba desperfectos, y cada Concejo llamaba a sus vecinos para remediar los suyos; pero esta vez los daños han sido mayores, y también el hartazgo. No se quiere ya una reparación hasta la próxima crecida, sino una que dure hasta los siglos venideros por siempre amén. El tramo final de la calcera de Cos ha desaparecido, tragado por el río; y lo mismo el tramo inicial de la calcera de Mazcuerras. El río, señor de todo el centro del valle se ha enseñoreado de ellas. Pues bien, los restos de las dos calceras se unirán mediante un tramo nuevo, lo más alto que pueda ser con pendiente suficiente para que corra el agua que alimenta a los molinos,

  El párrafo anterior es una hipótesis basada en el artículo de González Rabanal, F. y Sierra Álvarez, J. "La formación histórica de la calcera de Mazcuerras", que puede leerse en http://molinologia.es/s/acem/item/11

  Aquí arranca la calcera que a través de Cos y Mazcuerras llega hasta Villanueva: desde el puente de Santa Lucía hasta el de Virgen de la Peña, se puede decir. La barrera, que no llega a presa, basta para desviar una parte del caudal del Saja. En la orilla, al fondo, se ve una recia construcción de piedra y mortero, destinada a sostener la compuerta.

  La calcera se inicia ya antes de la compuerta, y está construida con piedra de sillería. Al fondo se puede ver la barrera que desvía hacia aquí parte del caudal del Saja.

  Estamos sobre la construcción de piedra en que se abre la compuerta. El agua circula bajo ella, de izquierda a derecha. Al fondo, el Saja. La compuerta misma no ha resistido el paso del tiempo, aunque se conservan los rieles de hierro que la sostenían; los vemos cerca del borde izquierdo de la foto.

  Pasado ya el viejo edificio de la compuerta, el agua corre abundante, prisionera de la calcera, a lo largo de unos seis kilómetros, desde hace casi tres siglos. Es un vestigio de nuestra historia, pero también un rasgo del paisaje que ha ido creando su propio ecosistema de flora y fauna de aguas corrientes.

  La principal función de la calcera fue dar agua a los molinos. Ya no son estos la industria necesaria de antaño, pero algunos siguen siendo construcciones airosas que nos recuerdan el pasado; como este "molino de arriba", en Cos.

  La calcera corre, de izquierda a derecha, al costado del molino. En el centro de la foto vemos la pequeña antepara, ahora vacía, y la compuerta.

  ...y, después de mover las ruedas del molino, el agua salía a través de estos dos arcos, y se reincorporaba a la calcera comunal.


  La calcera, a veces, pasa casi desapercibida. La casa de la izquierda fue "fábrica de luz"; la de la derecha, el "molino de abajo", en Cos. Entre las dos, un puente que, sobre la calcera, permite el paso hacia la casa del fondo.


  A la derecha, la calcera; a la izquierda, la antepara, ya sin uso, de la "fábrica de luz".


  Y un detalle del "molino de abajo", desde el puente.


  La construcción de la calcera no fue solo un trabajo árduo; también tuvo que resolver dificultades técnicas. Por ejemplo, el paso sobre el río Pulero se resolvió mediante un acueducto. El que vemos ahora es de hormigón, pero con toda probabilidad lo antecedió uno más primitivo que se llevó alguna riada. Porque también los ríos pequeños se ponen farrucos a veces...

  Hemos llegado a la mitad de la calcera, y entramos en el antiguo Concejo de Mazcuerras; pero será ya para la siguiente "entrada" del "blog".

domingo, 20 de julio de 2025

Puntualizando, 9 Las mozas del molino.

 Tiene la molinera

zarcillos de oro

que el agua del molino

lo paga todo.

 A veces la mente popular imagina que el molino puede ser un lugar de promiscuidad, cuando no de franca inmoralidad; y eso se refleja en coplas como la que recogemos arriba, que tal vez sugiere más de lo que dice, y, en cualquier caso tiene un indudable tono rencoroso. También en romances y obras de más fuste, como, por ejemplo, en el romance del corregidor y la molinera, que puedes escuchar cantado por Joaquín Díaz en https://www.google.com/search?sca_esv=2eaa911ee7c3b9ce&udm=7&q=joaquin+diaz+molinera&sa=X&ved=2ahUKEwjPkqvyzMiOAxWvKvsDHZJYN_EQ8ccDKAJ6BAgPEAQ&biw=1777&bih=791&dpr=0.9#fpstate=ive&vld=cid:87bcaaff,vid:ZfsUK9HDI30,st:0

 Claro que no siempre resulta culpable la molinera; sobre todo si en el asunto se encuentra a alguien más merecedor de rencores, Así ocurre con el corregidor en la novela "El sombrero de tres picos", de Pedro Antonio de Alarcón, que puedes leer en https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-sombrero-de-tres-picos--0/html/fedb2798-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html


  Como en tantos otros casos, la generalización resulta injusta. Es difícil imaginar un ambiente de promiscuidad sexual en los grandes molinos de varias ruedas, en que molineros asalariados trabajaban a turnos. Y más difícil aún en los pequeños molinucos sin molinero profesional, en que varios vecinos se repartían las horas de molienda. Pero algo de ello era posible cuando la molienda estaba a cargo de un molinero y su familia; y a ello nos vamos a referir a continuación. Veamos:


  Un molino en marcha es un lugar entrañable para los sentidos. El olor de la harina, el calorcillo que se desprende le la rueda, el rumor del agua bajo el suelo, el sonido rítmico de la cítola, la necesaria luz para las labores de la molienda...


  Puede faltar el agua, o ser tanta que inunde el molino o los caminos que llevan a él; pero cuando el caudal es adecuado, hay que aprovecharlo al máximo, y si hay grano para moler se trabaja de día y de noche. El que ha traído grano para moler, tal vez desde lejos, espera su turno en el molino, a veces durante horas. El molinero (o la molinera) atiende a la molienda, pero siempre hay ratos para la charla mientras el agua hace el resto del trabajo... Se hace de noche, ya no se puede trabajar en el campo... El molino puede ser tan atractivo como la taberna. O más. Y, quién sabe si la molinera...

Vengo de moler, morena

de los molinos de arriba;

dormí con la molinera,

no me cobró la maquila.

  Esto dice el artículo 35 de las Ordenanzas del Lugar de Rasines, de 1701 (pueden leerse completas en https://centrodeestudiosmontaneses.com/wp-content/uploads/DOC_CEM/HEMEROTECA/ETNOGRAFIA/etnografia-y-folklore-2_1970.pdf La concreción de los detalles (la molinera que abre la puerta, el mozo que la derriba...), ¿se correspondería con sucesos tal vez ocurridos en el pueblo? En cualquier caso, se comprende que la posibilidad de que en un molino se pudiera practicar la  prostitución no era ninguna quimera. Tal  vez el molinero o la molinera, o ambos, haciendo la vista gorda y chuleando a unas mozas...

  Y así llegamos a "las mozas del molino".


  Encontramos a "las mozas del molino" en un curioso proceso penal que transcurrió en noviembre y diciembre de 1785. El documento, de quince folios por ambas caras, se conserva en el Archivo Municipal de Santillana del Mar, y recientemente hemos podido acceder a él.


 En resumen, tres mozos del pueblo de Ubiarco, en la noche del once de noviembre toman del prado comunal dos caballos que estaban pastando para "con ellos irse en ronda de mozas del molino de Sarraneda".


  Este es aspecto actual del molino de Sarraneda, o Serranera, en Oreña. No es fácil saberlo, pero probablemente no sería muy diferente en 1785. Por entonces era ya un molino con varios siglos de antigüedad. Hemos hablado de él en https://molinosdecantabria.blogspot.com/2023/12/los-molinos-de-orena.html

  Uno de los caballos tomados "en préstamo", que pertenecía al cura del lugar y Comisario del Santo Oficio, sufrió una caída de la que resultaron daños en una pata, y su dueño interpuso la demanda penal. Los acusados reconocieron  haber ido a rondar a las mozas del molino, pero negaron haber tomado caballo alguno. Sin embargo, después de las declaraciones de testigos, y de haber ingresado en la cárcel el nueve de diciembre, el proceso terminó el veintiocho del mismo mes, cuando los acusados (o, más bien, sus parientes) accedieron a pagar los daños ocasionados y las costas del juicio, con lo que el Inquisidor y dueño del caballo se dio por satisfecho.


  Nos interesan especialmente las declaraciones testificales de las "mozas del molino". Eran tres; una casada, de veintiséis años, y dos solteras, de veintidós y diecisiete años "poco más o menos". Ninguna de las tres sabía firmar, y declararon que hablaron con los mozos en el molino durante una hora y media o dos horas, hacia la medianoche. Y que no saben nada de caballo alguno.
  Curiosamente, si sólo tuviéramos este documento de la época, parecería que se aceptaba con naturalidad que se "rondara" a las "mozas del molino" bajo techo y durante horas de la noche. De hecho, en todo el documento no hay más reproches en ese sentido que los del cura y Comisario de la Inquisición dueño del caballo, a los mozos y a "sus padres por haver dado causa con la libertad franqueada a sus hixos por dejarles tolerarles y permitirles salir a desoras de casa y ocupar la noche en tan reprobado destino vien ageno de la cristiana educazn sujecion y crianza desu paternal obligazn"

  Y otra cosa más: por entonces debía haber aún en Ubiarco dos molinos. O bien en ellos no había mozas, o estas no eran tan del agrado como las de la vecina Oreña...

miércoles, 2 de julio de 2025

Los molinos del Saja, 3. Ruente

 


  Siguiendo la corriente del Saja, y ya en el municipio de Ruente, encontramos la desembocadura del río de Barcenillas, cuyas aguas alimentaban un molinuco. Los restos de éste pueden verse cerca de la antigua Venta. 


  En el núcleo urbano de Ruente, el restaurante Los Molinos albergó antes un molino movido por el rodezno que vemos en la foto, y una turbina que proporcionaba electricidad para una panadería y un aserradero.


  El agua se deriva hacia "Los Molinos" desde el Río de la Fuentona mediante esta presa. La compuerta de la calcera (a la derecha) permite eliminar la mayor parte de las ramas u otros sólidos flotantes.


Vemos aquí el arranque de la calcera. Toda ella está revestida de obra de albañilería.


  Del mismo Río de la Fuentona, pero ya fuera del pueblo, se deriva un importante caudal de agua hacia "La Deseada", un antiguo molino que funciona ahora como central eléctrica.


  La misma calcera, ancha y profunda, llega hasta el molino, sin necesidad de antepara. A la derecha podemos ver el aliviadero.


  El conjunto está enclavado en la vega del Saja, por la que discurre el Río de la Fuentona. Vemos en primer término la desembocadura del socaz, que es también una obra considerable.


  Vista de cerca, la fachada de La deseada nos reserva sorpresas. Para empezar, lo que fue el arranque de un arco (desde las dos esquinas, a la altura de la ventana pequeña) nos habla de un edificio primitivo con un cárcavo que ocupaba todo el ancho de la fachada. Una reforma posterior le daría al molino (que lo era, sin duda, por entonces) el aspecto actual, en líneas generales. La siguiente sorpresa nos la encontramos al mirar al interior del cárcavo.


  En el cárcavo vemos, en lugar de rodeznos (como correspondería a un molino), lo que aparenta ser la boca de otro cárcavo pequeñito al pie de una pared, aparentemente de hormigón. Suponemos que es el resultado de convertir el molino en una central eléctrica, que funciona con turbinas en lugar de con rodeznos. En cualquier caso, no hay duda de que, una vez más, nos encontramos con un viejo molino que "ha tenido varias vidas".


  Y de alguno de estos molinos procede sin duda esta rueda que, transformada en mesa rústica, decora el espacio en que el Río de la Fuentona se encuentra con la carretera general. Es una rueda volandera, aparentemente en buen estado. Curiosamente, han dejado en su lugar la nadrija: la pieza de hierro en forma de pajarita gracias a la cual la piedra volandera se apoya en el eje (téngase en cuenta que la posición de la piedra en el molino es la inversa de la que vemos en la mesa. Para entenderlo mejor: https://molinosdecantabria.blogspot.com/2022/11/para-mover-las-piedras.html )