Mediados del siglo XVIII, ribera derecha del Saja entre Cos y Mazcuerras. Vecinos de ambos concejos han aparcado sus diferencias y trabajan juntos: están abriendo una larga zanja, un surco profundo destinado a unir lo que la última crecida ha dejado de sus respectivas calceras concejiles. Cada "llena" del Saja causaba desperfectos, y cada Concejo llamaba a sus vecinos para remediar los suyos; pero esta vez los daños han sido mayores, y también el hartazgo. No se quiere ya una reparación hasta la próxima crecida, sino una que dure hasta los siglos venideros por siempre amén. El tramo final de la calcera de Cos ha desaparecido, tragado por el río; y lo mismo el tramo inicial de la calcera de Mazcuerras. El río, señor de todo el centro del valle se ha enseñoreado de ellas. Pues bien, los restos de las dos calceras se unirán mediante un tramo nuevo, lo más alto que pueda ser con pendiente suficienta para que corra el agua que alimenta a los molinos,
El párrafo anterior es una hipótesis basada en el artículo de González Rabanal, F. y Sierra Álvarez, J. "La formación histórica de la calcera de Mazcuerras", que puede leerse en http://molinologia.es/s/acem/item/11
Aquí arranca la calcera que a través de Cos y Mazcuerras llega hasta Villanueva: desde el puente de Santa Lucía hasta el de Virgen de la Peña, se puede decir. La barrera, que no llega a presa, basta para desviar una parte del caudal del Saja. En la orilla, al fondo, se ve una recia construcción de piedra y mortero, destinada a sostener la compuerta.
La calcera se inicia ya antes de la compuerta, y está construida con piedra de sillería. Al fondo se puede ver la barrera que desvía hacia aquí parte del caudal del Saja.
Estamos sobre la construcción de piedra en que se abre la compuerta. El agua circula bajo ella, de izquierda a derecha. Al fondo, el Saja. La compuerta misma no ha resistido el paso del tiempo, aunque se conservan los rieles de hierro que la sostenían; los vemos cerca dell borde izquierdo de la foto.
Pasado ya el viejo edificio de la compuerta, el agua corre abundante, prisionera de la calcera, a lo largo de unos seis kilómetros, durante casi tres siglos. Es un vestigio de nuestra historia, pero también un rasgo del paisaje que ha ido creando su propio ecosistema de flora y fauna de aguas corrientes.
La principal función de la calcera fue dar agua a los molinos. Ya no son estos la industria necesaria de antaño, pero algunos siguen siendo construcciones airosas que nos recuerdan el pasado; como este "molino de arriba", en Cos.
La calcera corre, de izquierda a derecha, al costado del molino. En el centro de la foto vemos la pequeña antepara, ahora vacía, y la compuerta.
...y, después de mover las ruedas del molino, el agua salía a través de estos dos arcos, y se reincorporaba a la calcera comunal.






















































