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miércoles, 4 de marzo de 2026

047 Los molinos del Saja, 5. El molino de Mazcuerras


   Los viejos molinos suelen tener varias vidas. Alguna vez, cambian o se reconstruyen para adaptarse a un cambio tecnológico; o, casi siempre, para remediar lo que destruyó  la incuria y el paso del tiempo, o una riada. También ha cambiado el molino de Mazcuerras: a la izquierda vemos su aspecto actual, después de la última reconstrucción; y a la derecha, el que tuvo antes, desde la construcción del edificio en el siglo XIX. Pero el molino ya estaba ahí en el siglo XVIII, y quién sabe cuánto tiempo antes. Imposible saber cuál era entonces su aspecto. O, ya que estamos, el de los otros molinos ya desaparecidos.


  Al fondo, el molino. La calcera llega hasta él entre dos hileras de plátanos.


  La antepara, profunda y robusta, de piedra de sillería.


  En el cárcavo, también de sillería, podemos ver dos rodeznos de acero; uno de álabes radiales en "rueda de carro", y el otro con álabes de cuchara. Los árboles, de madera. Los saetillos, de cemento, y el mecanismo de las llaves, nuevo. Puede verse también, hacia el ángulo superior izquierdo de la foto, la vara del "alivio", y su sombra en la pared de sillares. Los "puentes" no se ven, sumergidos como están en el agua que invade el fondo del cárcavo. Un tercer saetillo está condenado, y falta el tercer rodezno y su correspondiente árbol.


  La boca del cárcavo es un arco escarzano de piedra de sillería. El socaz, invadido por el barro y la vegetación, está necesitado de una limpieza que permita evacuar eficazmente el agua del cárcavo.


  La amplia sala de molienda tiene dos muelas completamente equipadas y una tercera con solo las piedras, que corresponde al saetillo condenado y al rodezno que echábamos en falta.


  Las tolvas no se apoyan en castilletes, sino que están sostenidas por una tramoya airosa y visualmente atractiva, pero que sería poco práctica en un molino en pleno funcionamiento, ya que para acceder a una de las muelas (para picarla, por ejemplo) habría que paralizar también la actividad de la otra muela.


  Los guardapolvos, de elegante planta cuadrada, son interiormente de forma de tambor, más eficaz.


  Las piqueras no están en los guardapolvos, sino en el intrior de los arneros, bajo el paño que puede verse en ellos. A la derecha de cada uno de los guardapolvos vemos la "llave" para abrir o cerrar el paso del agua en los saetillos; y en primer término, a nivel del suelo, los "alivios" para subir o bajar el "puente" y controlar así la distancia entre la piedra solera y la volandera.


  La canaleta esté sujeta con cuerdas fijas en su parte trasera, mientras que en la delantera un sencillo mecanismo de torsión permite regular la inclinación, y, por tanto, el ritmo de caída del grano en el ojo de la rueda.


  En la otra canaleta el mecanismo es similar, solo algo distinto en el detalle.


  Las cítolas son de un modelo nada usual, y dan un solo impulso a la canaleta por cada vuelta de la rueda.


  Pueden verse en esta foto detalles poco evidentes en las anteriores, principalmente en las canaletas y en la tramoya de sujeción de las tolvas. Vemos también que, más allá de una sala de molienda, es un espacio de vida.

  El molino de Mazcuerras recibe con frecuencia visitas escolares, y se abre al público general con ocasión de exposiciones que se celebran cada verano. Para hacerse mejor una idea, aconsejamos visitar este vídeo: https://youtu.be/bHlGk8v69rY

miércoles, 25 de febrero de 2026

Los molinos del Saja, 4. La calcera de Cos y Mazcuerras.

   Mediados del siglo XVIII, ribera derecha del Saja entre Cos y Mazcuerras. Vecinos de ambos concejos han aparcado sus diferencias y trabajan juntos: están abriendo una larga zanja, un surco profundo destinado a unir lo que la última crecida ha dejado de sus respectivas calceras concejiles. Cada "llena" del Saja causaba desperfectos, y cada Concejo llamaba a sus vecinos para remediar los suyos; pero esta vez los daños han sido mayores, y también el hartazgo. No se quiere ya una reparación hasta la próxima crecida, sino una que dure hasta los siglos venideros por siempre amén. El tramo final de la calcera de Cos ha desaparecido, tragado por el río; y lo mismo el tramo inicial de la calcera de Mazcuerras. El río, señor de todo el centro del valle se ha enseñoreado de ellas. Pues bien, los restos de las dos calceras se unirán mediante un tramo nuevo, lo más alto que pueda ser con pendiente suficiente para que corra el agua que alimenta a los molinos,

  El párrafo anterior es una hipótesis basada en el artículo de González Rabanal, F. y Sierra Álvarez, J. "La formación histórica de la calcera de Mazcuerras", que puede leerse en http://molinologia.es/s/acem/item/11

  Aquí arranca la calcera que a través de Cos y Mazcuerras llega hasta Villanueva: desde el puente de Santa Lucía hasta el de Virgen de la Peña, se puede decir. La barrera, que no llega a presa, basta para desviar una parte del caudal del Saja. En la orilla, al fondo, se ve una recia construcción de piedra y mortero, destinada a sostener la compuerta.

  La calcera se inicia ya antes de la compuerta, y está construida con piedra de sillería. Al fondo se puede ver la barrera que desvía hacia aquí parte del caudal del Saja.

  Estamos sobre la construcción de piedra en que se abre la compuerta. El agua circula bajo ella, de izquierda a derecha. Al fondo, el Saja. La compuerta misma no ha resistido el paso del tiempo, aunque se conservan los rieles de hierro que la sostenían; los vemos cerca del borde izquierdo de la foto.

  Pasado ya el viejo edificio de la compuerta, el agua corre abundante, prisionera de la calcera, a lo largo de unos seis kilómetros, desde hace casi tres siglos. Es un vestigio de nuestra historia, pero también un rasgo del paisaje que ha ido creando su propio ecosistema de flora y fauna de aguas corrientes.

  La principal función de la calcera fue dar agua a los molinos. Ya no son estos la industria necesaria de antaño, pero algunos siguen siendo construcciones airosas que nos recuerdan el pasado; como este "molino de arriba", en Cos.

  La calcera corre, de izquierda a derecha, al costado del molino. En el centro de la foto vemos la pequeña antepara, ahora vacía, y la compuerta.

  ...y, después de mover las ruedas del molino, el agua salía a través de estos dos arcos, y se reincorporaba a la calcera comunal.


  La calcera, a veces, pasa casi desapercibida. La casa de la izquierda fue "fábrica de luz"; la de la derecha, el "molino de abajo", en Cos. Entre las dos, un puente que, sobre la calcera, permite el paso hacia la casa del fondo.


  A la derecha, la calcera; a la izquierda, la antepara, ya sin uso, de la "fábrica de luz".


  Y un detalle del "molino de abajo", desde el puente.


  La construcción de la calcera no fue solo un trabajo árduo; también tuvo que resolver dificultades técnicas. Por ejemplo, el paso sobre el río Pulero se resolvió mediante un acueducto. El que vemos ahora es de hormigón, pero con toda probabilidad lo antecedió uno más primitivo que se llevó alguna riada. Porque también los ríos pequeños se ponen farrucos a veces...

  Hemos llegado a la mitad de la calcera, y entramos en el antiguo Concejo de Mazcuerras; pero será ya para la siguiente "entrada" del "blog".