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martes, 25 de febrero de 2025

Los molinos del Nansa, 11. Cades II

   El  doce de mayo de 1753, sábado, se reunieron el alcalde de Cades, el regidor y cuatro peritos nombrados al efecto, y, en presencia del juez y del cura, respondieron bajo juramento a las cuarenta preguntas que les fueron formuladas. Hablamos de la confección del Catastro del Marqués de la Ensenada, y nos interesa especialmente la pregunta decimoséptima: "Si hay algunas minas, salinas, molinos harineros o de papel, batanes u otros artefactos en el Término, distinguiendo de qué metales, y de qué uso, explicando sus dueños, y lo que se regula produce cada uno de utilidad al año".


  "A ladezima septima: que en eltermino deeste Pueblo del contenido dela pregunta solo hai un molino arinero dedos rruedas que muele con agua del Rio tanea enel Sitio de Bollano de que se titula y solo___"
 
  Efectivamente, hay noticia de un molino en Bollano, que debió de funcionar hasta la primera mitad del siglo XX, y del que, si quedan trazas, estarán escondidas entre la vegetación. Ya en 2018 Maíces del Nansa renunció encontrarlo, como puede verse en https://maicesdelnansa.blogspot.com/2018/11/ruinas-de-molinos-en-herrerias-iv.html, y tampoco nosotros hemos dado con él. Pero, siguiendo con el Catastro de Ensenada:


  "...y tambien hai otra Herreria (...) con un molino y todo nuebo sin haverse concluido por lo que no le pueden regular producto alguno: y por queno tiene trazas de llegar a entera per­­__"


 "__ feccion porestar todo lo fabricado amenazando rruina por el mal terreno en quese fundaron los zimientos y calze.

  Vamos, que la cosa tenía mala pinta. Sin embargo, la ferrería funcionó durante un siglo, y el molino hasta más acá de mediados del siglo XX. Pero, ¿cuál de los molinos? Porque ahora, sin contar el de Bollano, hay dos: el que se ha restaurado junto a la ferrería, y otro, en ruinas, junto a la calcera.


  Junto a la calcera que llevaba el agua hasta la herrería y al molino que ha sido restaurado, permanecen las ruinas de este otro molino.


  Se trata de un curioso molino, con arcos idénticos a la entrada y a la salida del cárcavo, y sin antepara ni señales de haberla tenido; es decir, con una tecnología menos eficaz en la gestión del agua que el otro molino; es decir, más primitivo. Y, sin embargo, todo parece indicar que su construcción no es anterior a la de la ferrería.


  A la altura de este molino, la calcera de la ferrería tuvo una compuerta (ahora tapiada; puede verse al fondo), que debió de ser el aliviadero. Nuestra hipótesis es que este molino, ahora arruinado, se construyó para aprovechar las aguas sobrantes de la calcera; tal vez, en las crecidas, o durante los meses de inactividad de la ferrería (que no funcionaba durante los meses en que era probable el estiaje en el Nansa).

  Nuestra hipótesis puede parecer razonable, pero aún dándola por buena nos quedarían muchas dudas: ¿era éste el molino primitivo, contemporáneo de la construcción de la herrería, y el otro se construyó más tarde, con una tecnología más depurada? Tal vez, quién sabe, cuando cesó la actividad de la ferrería, para aprovechar mejor la infraestructura hidráulica. Lo que sí sabemos es que el otro molino, el restaurado, es el que funcionó hasta época más reciente, incluso como molino eléctrico; y que, mientras fue hidráulico, recibía el agua de una presa de hormigón que, con toda seguridad, no era la original de la ferrería. Pueden verse más detalles sobre este molino en https://maicesdelnansa.blogspot.com/2018/12/ruinas-de-molinos-en-herrerias-v-molino.html

  En 2014, el conjunto de la ferrería, el molino, y el entorno de la parte que se conserva de la calcera fueron declarados "BIL" (bien de interés local): https://boc.cantabria.es/boces/verAnuncioAction.do?idAnuBlob=261386. Por desgracia, la declaración no llegó a tiempo de salvar la presa (que había sido destruida en 2010). Sobre ello hemos escrito en una "entrada" anterior  de este mismo blog: https://molinosdecantabria.blogspot.com/2025/01/035-los-molinos-del-nansa-9-rabago.html

martes, 11 de febrero de 2025

036 Los molinos del Nansa, 10. Cades I


   Para muchos, la palabra "Cades" va unida a la ferrería, y tal vez también al molino que está junto a ella. Tal vez en el curso de una visita hemos admirado las proporciones del edificio y el funcionamiento de las máquinas. Y todo ello resulta más admirable aún si nos hacemos conscientes del esfuerzo que, en su día, hubo que hacer para su reconstrucción, y el mérito que supone mantenerlos en funcionamiento para nuestra instrucción y disfrute. Podemos hacernos una idea con este par de fotografías aéreas, antes y después de la reconstrucción. La ferrería es el edificio que ocupa el centro de la fotografía; a su derecha está la antepara o piscina; y hacia el ángulo superior derecho, el molino.


  En primer término, la antepara que surte de agua a la ferrería (a la izquierda) y al molino (al fondo). La antepara se llena con agua que se bombea del Nansa (puede verse el chorro a la derecha). El funcionamiento de la ferrería y el molino, durante las visitas del público, devuelve al río el agua sin contaminación alguna, no obstante lo cual se paga a la Confederación Hidrográfica un canon por lo que, en la jerga normativa, llaman "recuperación de costes". En nuestra opinión, y en aplicación de la propia normativa, esta actividad podría (¿o debería?) estar exenta de ese pago (véase [https://www.chcantabrico.es/documents/20143/57799/27_ANEJO_IX.pdf/02c88a8e-9f78-d160-e37b-18605ca03dcf


  Cuando no hay visitas en perspectiva (es decir, la mayor parte del tiempo), la antepara está vacía; pueden verse entonces las válvulas que abren el paso del agua a la ferrería (a la izquierda) y las troneras que dan paso a los saetillos del molino (al fondo, a la derecha). De paso, señalamos que este debía ser el aspecto del conjunto en la última etapa de negocio del molino, cuando las muelas se movían con motores eléctricos.


  Vemos más en detalle las dos troneras, separadas por un  tajamar, que permiten el paso del agua a los saetillos y a las dos ruedas del molino. Es notable la calidad de la sillería del conjunto.


  Las troneras atraviesan la robusta pared de sillería del cárcavo y se continuan en sendos saetillos de madera. En la foto vemos uno de ellos y, en su extremo, la "llave" que cierra o abre el paso del agua hacia el rodezno.


  Otra vista de lo mismo, desde otra parte del "infierno" o cárcavo.


  Los rodeznos, parecidos a ruedas de carro con álabes en lugar de radios, son como los que debió de tener originalmente este molino, de construcción muy sólida. Otros molinos más humildes debieron tener rodeznos más frágiles y baratos.


  El conjunto de rodezno, eje o árbol, y rueda volandera, se apoya en un madero, el puente, uno de cuyos extremos está hincado en la pared del cárcavo, y el otro puede subirse o bajarse desde la sala de molienda con el "alivio" (en primer término de la foto), para ajustar la distancia adecuada entre la piedra volandera y la solera, que está fija. El conjunto del árbol, el rodezno y la piedra volandera se apoya sobre un quicio (o gurrón, o tintero), que permite el giro, y solía ser de bronce, o, en los molinos más humildes, de piedra.


  Vemos aquí más claramente el sencillo y eficaz mecanismo del "alivio" de uno de los rodeznos, que se acciona desde la sala de molienda mediante una varilla de acero. La otra varilla que puede verse a la derecha unida a una palanca de madera corresponde a la "llave" del saetillo. También es notable y poco usual el gran arco de piedra que divide en dos el cárcavo y proporciona una base muy sólida a la sala de molienda.


  En esta foto de la sala de molienda vemos en primer término los arneros (destinados a recoger la harina) y, unidos a ellos, los "alivios": los extremos de sendas varillas de acero, con una a modo de tuerca circular, de madera. Una de las "llaves" puede verse cerca del borde izquierdo de la foto: una varilla vertical; gracias a la palanca de madera que vimos en la foto anterior se puede abrir o cerrar el paso del agua en el correspondiente saetillo. Además, pueden verse las dos muelas, una al descubierto y la otra cubierta por el tambor o guardapolvo, sobre el que se sitúan el burro o castillete y la tolva; entre las dos muelas, la cabria.


  La misma sala desde otra perspectiva. Al fondo, en el poyo de la ventana, las medidas más frecuentes: el celemín, el medio celemín y la maquila.


  Vemos aquí el detalle del trinquete, que mediante una cuerda unida a la canaleta, permite dar a ésta la inclinación adecuada para que el grano caiga al ritmo conveniente desde la tolva al ojo de la rueda volandera.


  El molino está funcionando: la harina recién molida empieza a salir por la piquera.


  Una vez que ha movido la maquinaria de la ferrería y del molino, el agua es devuelta al río por el canal que arranca desde aquí: a la derecha, la rueda del mazo de la herrería; a la izquierda, el cárcavo del molino.

  Obviamente, nos hemos centrado en el molino; pero recomendamos vivamente las páginas dedicadas a la ferrería, y también al propio molino:

martes, 14 de enero de 2025

035 Los molinos del Nansa, 9. Rábago

 

  Hacia mediados del siglo pasado la hidroeléctrica "Saltos del Nansa" compró concesiones de agua, y algunos molinos de la cuenca del Nansa dejaron de ser hidráulicos y pasaron a ser eléctricos; uno de ellos, el de Rábago, que vemos en la fotografía. El edificio de la izquierda albergaba al molino hidráulico; la antigua antepara está ahora protegida con una barandilla, y la calcera ha sido allanada. El molino eléctrico se instaló en el edificio que vemos a la derecha.


  Al fondo de la antepara, en la que ya crecen árboles, pueden verse las troneras que permitían el paso del agua a las dos ruedas hidráulicas.


  En la fachada opuesta, el cárcavo se abre en un arco de sillería. El edificio está mantenido y bien cuidado, pero ya no alberga maquinaria alguna. El edificio pintado de color rosa ( a la izquierda) albergaba el molino eléctrico.


  En el molino eléctrico, las piedras de moler están montadas sobre una pesada estructura de hormigón; pero, por lo demás, el aspecto no es muy distinto de un molino hidráulico: los alivios, la cabria, los tambores... Con toda probabilidad, fueron trasladados desde el vecino molino hidráulico. En la pared de la derecha vemos el cuadro eléctrico.



  Aquí radica la diferencia: en lugar de ruedas hidráulicas, motores eléctricos. El movimiento se transmitía mediante correas a un volante unido al eje de la piedra volandera. La tensión de las correas podía ajustarse gracias a que los motores están montados sobre rieles. Desde luego, el sonido de la molienda no era el de toda la vida. Hay más información sobre este molino en https://www.valledelnansa.org/pdi/molino-de-r%C3%A1bago , y en https://maicesdelnansa.blogspot.com/2018/12/los-molinos-en-pie-en-herrerias-i_27.html


  En el ángulo inferior derecho de la fotografía aérea de 2007 podemos ver la presa (hoy inexistente) que antaño abastecía de agua al molino hidráulico (que está en el ángulo superior izquierdo, y, junto a él, una pequeña tejavana y el molino eléctrico). Ya no existía la calcera, pero su recorrido se puede adivinar entre la presa y la antepara.


  Si ampliamos el campo, además de la presa del molino de Rábago (en el ángulo inferior derecho), vemos otra presa, aguas abajo (en el ángulo superior izquierdo de la foto). Era la presa de la ferrería y el molino de Cades, destruida hace años.


  Cabe la posibilidad, nada remota por cierto, de que primitivamente, antes de que se construyera la presa de hormigón (que podemos ver en la foto de la izquierda, de 2007), hubiera otra presa de madera, que pudiera detectarse por la presencia de huecos excavados en la roca del fondo del cauce, donde se clavaban los postes que sujetaban toda la estructura. Así puede verse, por ejemplo, en la cercana ferrería de Cosío, o en molinos como el de Doña Jacoba, también en Cosío https://molinosdecantabria.blogspot.com/2024/10/los-molinos-del-nansa-3-el-rio-vendul.html, o el de Bustillo, en Róiz, o los de Bonaco y La Gayona, en El Barcenal, que pueden verse en este mismo blog https://molinosdecantabria.blogspot.com/2024/05/los-molinos-del-rio-del-escudo-ii.html. Si ese era o no el caso, parece ya imposible averiguarlo; en 2023, las obras para la construcción de una estación de aforo de la Confederación Hidrográfica en ese mismo lugar (foto de la derecha) habrán destruido cualquier posible vestigio.


  La estación de aforo en 2024; a la izquierda, vista desde el aire; a la derecha, su poco agradable aspecto, desde la carretera CA-181. Hay más información sobre las presas y la estación de aforo en https://maicesdelnansa.blogspot.com/2023/08/estacion-de-aforo-de-rabago-i.html , y en http://maicesdelnansa.blogspot.com/2023/08/estacion-de-aforo-de-rabago-y-ii.html 

martes, 14 de febrero de 2023

Calces y anteparas

  Otra vez parado el molino. La última crecida acumuló un par de troncos en el azud, y ramas y hojarasca en la reja; y eso lo pudieron arreglar Manuel y el Tio Tonio, mientras Catalina se ocupaba de la molienda, que se le acumulaba al trabajo de casa. Pero lo peor es el barro que llegó hasta la antepara y que medio atascaba los saetillos. así que, entre rato y rato de molienda, el Tío Tonio daba toda la llave para que la fuerza del chorro limpiara algo, y así además se fue vaciando la antepara. Y ahora no ha habido otro remedio que vaciarla del todo, cerrando la entrada, y tirar de pala para sacar el fango. Y menos mar que, con el suelo de losa, no es tan difícil, pero aún así. Y luego nos dicen que el que trabaja es el agua, y nos miran mal cuando cobramos la maquila, piensa Manuel.

  Como vimos en la anterior entrada (azudes) ,lo más habitual es que entre el azud y el molino haya una distancia, mayor o menor, en la que el agua discurre por un cauce ( o calce, caz, calcera, acequia...)


  Calce del molino de Yera (Vega de Pas). Desde el azud, el calce tiene una pendiente menor que el río Yera (a la izquierda de la foto), para crear el desnivel necesario para el funcionamiento del molino.


  Los calces pueden medir desde unos pocos metros hasta varios kilómetros; como, por ejemplo, este que, partiendo del puente de Santa Lucía, recorre la llanura de Cabezón de la Sal dando servicio a molinos tan conocidos como el de Carrejo, el Molino de Chocolate, y varios más, antes de volver al Saja al norte de Ontoria. El mapa es de 1937.


    O el calce que vemos en esta foto, que recorre el fondo del valle de Cabuérniga desde Renedo hasta Sopeña


  A veces, el calce era en sí mismo una obra compleja, con tramos excavados y con muros de contención. Como este de Riaño, en la Hermandad de Campoo de Suso.


  O podía pasar bajo pequeños túneles, como el del Molino de Mercadillo, en Liérganes.


  Otras veces era una simple excavación, que, con el tiempo, tiende a borrarse y a ser invadida por la vegetación, como en este molino de La Cueva (Valdáliga).


  Con cierta frecuencia, cuando el calce pierde su función se le hace desaparecer allanando el terreno para facilitar la explotación agrícola o ganadera de las fincas; como, por ejemplo, en este molino de Treceño (Valdáliga).


  También es bastante habitual que en algún punto del calce se coloque una reja para impedir el paso de ramas u otros sólidos más o menos gruesos. Como, por ejemplo, en La Ceña (Novales, Alfoz de Lloredo).


El calce suele ensancharse al llegar al molino, formando la antepara (o balsa, estanque...). Esta es la antepara (vacía) del Molino del Palaciuco, en San Felices de Buelna. Vemos, al fondo de la antepara, la boca por la que el agua pasará al saetillo (como se explica en El cárcavo).


  La antepara suele ser una construcción muy sólida, frecuentemente de piedra de sillería, con un suelo de grandes losas que facilitan la limpieza de los fangos que puedan llegar hasta ella. Esta es la del molino de Vejorís (Toranzo).


  Además de servir de balsa de decantación, la antepara es un reservorio de agua que puede mitigar, hasta cierto punto, la irregularidad de los aportes. Para evitar las pérdidas por filtración, podían calafatearse las juntas entre los sillares, o incluso embetunar toda la superficie. En este caso, en un molino de Cicera (Peñarrubia).


  Cuando el aporte de agua es mayor que el gasto del molino, el agua sube de nivel hasta rebosar por el lugar previsto para ello. A la derecha de la foto podemos ver el rebosadero de la antepara de La Deseada, en Ruente.


  En determinadas circunstancias, los molinos prescinden de la antepara, o la tienen muy pequeña. Es el caso, por ejemplo, de este molinuco de Lafuente (Lamasón), que se surtía de una fuente de origen cárstico, de caudal bastante regular. Podemos ver la pequeñísima antepara (más bien un cubo, véase  La gestión del agua), cubierta con maderos, a la derecha de la foto.


  El agua del molino normalmente volverá al río del que salió por otro cauce: el socaz. En la foto, el socaz de la ferrería y el molino de Cades (Herrerías).

domingo, 18 de diciembre de 2022

La gestión del agua


  El Catastro del Marqués de la Ensenada nos cita un molino en Helgueras (Val de San Vicente), que a mediados del siglo XVIII tenía "...tres ruedas, muele contodas ha eszepzn dealgun tiempo de Verano quepor escasez de Agua nopuede, yparte  del Ivierno que porlo retirado suele faltarle (...)"  ¿faltarle clientela, tal vez?

  Adivinanza: "Si tengo agua, bebo vino; si no tengo agua, bebo agua". Solución: el molinero. Si no hay agua para el molino, no hay vino para el molinero. Aunque también puede faltar el vino si faltan clientes. Tal vez porque el molino está "retirado" y da pereza acercarse en tiempo lluvioso, y  cuando vuelve a salir el sol se amontona la clientela... o se acercan a otro molino.

  En cualquier caso, que no falte el agua para un mecanismo que, siendo capaz de mover la piedra de moler, "gaste" poca; cuanta menos, mejor, y así poder moler cuando el agua es escasa.

  Y, por otro lado, el agua, hasta cierto punto, se puede "guardar", embalsar.


  El mismo Catastro de Ensenada nos dice que en Azoños (Santa Cruz de Bezana) "(...) solo ay un Molino de represa del agua que lebaxa delos dos arroyos de SanMartin y Culardera qe se halla en el sitio de la Pedrosa, deuna rueda, pues aun que tiene dos, no baja agua necesaria para ellas, y solo muele en tiempo de Imbierno y de avenidas sin que en Verano desde la Primavera hasta que pase el otoño, amenos de quebenga algun Torbellino, muelga cosa alguna (...)"

  "A represa", o "a represadas", solían moler los molinucos. Situados donde las crecidas catastróficas son menos frecuentes, pasan sed en verano; y cuando corre poca agua, se para el molino y se represa el agua hasta que haya suficiente para otra molienda; y así se van haciendo "represadas".

  ¿Solucionados los problemas? Pues no del todo. Pera entenderlo hay que saber algo sobre el mecanismo:

  En 1736, don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz constata la aparición de una novedad que se extiende rápidamente: el molino "de cubo". Pero vayamos por partes:

  Las "canales largas" (fueran o no de madera) venían a ser como arroyos en línea recta desde la antepara hasta la rueda hidráulica, y se basaban en la suposición de que era fundamental la velocidad del agua.

  Las "haceñas o ruedas cerradas" eran ruedas hidráulicas de eje horizontal, y transmitían el movimiento al eje de la muela mediante una "linterna" (hoy la llamaríamos "piñón"). Sus desventajas no son solo las averías, como se dice muy claramente en la página que enlazamos.

  Los molinos que Virrareal de Berriz, en 1736, llama "antiguos" tenían mecanismos (y, por tanto, tipologías), diferentes a las de los molinos "nuevos", que son los que estamos más acostumbrados a ver.


  Fachada trasera del antiguo molino de Zurita (Piélagos). En el muro de la antepara (muy poco profunda) se abren grandes huecos que dejaban pasar el agua hacia el cárcavo (si es que se puede llamar así).


  Detalle del mismo molino, visto desde la fachada delantera. El primero de los arcos corresponde a esta fachada; el segundo, a la fachada trasera; y más allá, el muro de la antepara, con los boquetes desde los que arrancan las canales por las que el agua adquiría velocidad antes de encontrarse con la rueda hidráulica (que, por supuesto, ya ha desaparecido). Aunque las canales están ahora medio tapadas por agua y barro, se comprende la certeza de la afirmación de Villareal de Bérriz: "se han dexado muchos de canales, porque es mucha la agua, que necessitan". De hecho, este molino de Zurita recibía agua del río Pas, y el arroyo en que se sitúa era simplemente la vía de evacuación.


  No debió de ser muy distinto el mecanismo de este antiguo molino de Cades. Está situado al pie de la calcera de la ferrería, muy poco antes de la antepara, junto a lo que debió de ser un rebosadero. Tendría agua abundante cuando  sobrase para el funcionamiento de la ferrería y el molino anexo a ella; y, tal vez ocasionalmente, en los tres meses de verano, en que paraba la ferrería.


  El arco ocupaba todo el ancho de la fachada del antiguo molino de yeso de Villanueva de la Peña. Esta fue la fachada delantera (tapada en parte por una edificación más reciente).


 La fachada posterior del mismo molino, con un arco similar al de la fachada delantera. La calcera ha sido rellenada, pero es fácil imaginar el agua (tomada del río Saja, en este caso) circulando abundantemente por un "cárcavo" amplio y diáfano, bajo un edificio atrevido cuyas fachadas principales se apoyan totalmente en las cuatro robustas esquinas. Otro buen ejemplo de molino "antiguo".


  Pedro Bernardo Villareal de Bérriz conoce bien la hidráulica: lo que importa es la altura del agua, y no el tamaño mayor o menor del recipiente. Este razonamiento supuso una forma nueva de ver las cosas, y una revolución en la técnica molinera. Sin duda, seguirían funcionando los molinos antiguos, y algunos durante mucho tiempo; pero, inexorablemente, irían siendo sustituidos por los molinos "de cubo", en los que el agua sale por saetillos impulsada por la presión que se debe a la altura del agua en el depósito. 


  "Todos se han aplicado a hacer cubos de madera, y aún de piedra", dice Villareal de Bérriz. En la foto vemos el "cubo" del antiguo molino de Las Bárcenas, en Cohicillos (Cartes), visto desde donde estuvo el saetillo (en la pared trasera del cárcavo). Muy pequeño (no más de cuatro o cinco metros cúbicos), pero con una profundidad algo mayor de dos metros; suficiente para que, si se mantiene el nivel del agua, la presión en el saetillo sea la adecuada. O sea, que para el funcionamiento del molino es necesario que el arroyo proporcione una cantidad de agua igual o mayor que el gasto del saetillo. De otro modo, el nivel en el "cubo" bajaría rápidamente y el chorro del saetillo sería incapaz de mover el rodete a la velocidad adecuada.


  La antepara del molino del Palaciuco, en San Felices de Buelna es profunda como un "cubo", pero extensa, para poder almacenar más agua;  responde al modelo que nos encontramos con más frecuencia.
  La altura de la masa de agua, la sección del saetillo, el diámetro del rodete y su velocidad de giro están relacionadas; de modo que entre todas ellas determinan la velocidad de giro de la muela; que no debe pasar de ciertos límites, como hemos visto en una entrada anterior (La sala de molienda). La altura de agua en la antepara, en la mayor parte de los molinos, rondaba los dos metros, o poco más.



  En algunos casos pueden detectarse aún las transformaciones de un molino y de su entorno para gestionar mejor el agua disponible. Este es el caso de la "fabrica de luz" "La Deseada", de Ruente. En esta foto puede verse que para lograr el desnivel adecuado, se excavó el socaz (que, en realidad, es el tramo bajo del Río de La Fuentona), y se defendieron sus márgenes con sendos muros. Se aumentó así el "salto" (la diferencia de altura entre la antepara y la rueda hidráulica), y se transformó un molino "antiguo" en uno "moderno".



  La transformación del propio edificio puede verse en esta fotografía: son visibles los arranques de un arco de sillería cuya cumbre debió de estar a la altura de la parte baja de las ventanas. O sea: la amplia abertura de un cárcavo al nivel del suelo, que sería aproximadamente la del cauce antes de la reforma. Y el nuevo cárcavo, más pequeño, a su vez ha sido empequeñecido por otra reforma más: al transformar el molino en "fábrica de luz" ya no funciona con rodetes, sino con turbinas, y el cárcavo se vuelve innecesario. Ya solo hace falta un hueco para evacuar el agua utilizada.


  Este molino de La Molina (Celucos, Rionansa) tiene poco más de cien años, y funciona con turbinas.


  En este caso, la presencia del cárcavo responde más a la tradición molinera que a una necesidad; el agua circula por conductos cerrados hasta turbinas estancas. Nada de rodetes, ni saetillos, ni fangos.


  Con los "nuevos" materiales de origen industrial, que resisten grandes presiones, es fácil conseguir "saltos" de muchos metros, y, por tanto, grandes presiones. El agua llega a las turbinas por tuberías de pequeña sección, que son claramente visibles en la foto. En este molino, el "salto" (es decir, el desnivel entre la toma de agua de la tubería y la turbina) es de dieciocho metros; con poco gasto de agua, el eje de la turbina girará a gran velocidad. La muela requiere una velocidad de giro mucho menor, que se logra intercalando un engranaje: un piñón en el eje de la de la turbina engrana con la rueda dentada del eje de la muela. Un engranaje más sencillo y, sobre todo, más robusto que las antiguas "linternas". (El listón que vemos sobre la rueda no tiene función alguna).
 
  El mecanismo para controlar la distancia entre las piedras (que puede verse en la fotografía) es idéntico al que vimos en el molino de Beranga, en una "entrada" anterior (Para mover las piedras). En la sala de molienda nada cambia (de hecho, hemos visto la de este molino en la "entrada" correspondiente (La sala de molienda. La nueva tecnología permitió que los molinos llegasen a tener una eficacia y una robustez como nunca antes. Pero también permitió la aparición de nuevos procesos: los de las modernas fábricas de harina.