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martes, 2 de enero de 2024

Los molinos del Río de la Presa, I


   ¿Es esta la presa que dio nombre al río? Creemos que sí, y si no lo es merecería serlo: una solidísima construcción de enormes sillares, a la altura del barrio de La Herrería, en Cigüenza (junto a Novales, en el término municipal de Alfoz de Lloredo).



  ..."que es primero una casa donde se muele y luego una casa donde se vive y por último una casa donde se veranea", dice  Juan Gómez Bárcena en su magnífico e inclasificable libro "Lo demás es aire", refiriéndose a este Molino de Cigüenza. Y -añadimos nosotros- tal vez fue antes que nada una herrería que dio nombre al barrio, para la que se construyó la presa que dio nombre al río.
  Pero antes de seguir rio abajo de la Presa, nos detenemos en sus dos pequeños afluentes, que atraviesan el pueblo de Novales:



  ..."dixeron haver en este tres molinos arineros el uno propio de Dn Pedro de la Cuesta vecino deste con una rueda fundado sobre las aguas del rio de El Salar, el que muele dos meses al año por la poca agua"... , puede leerse en el Catastro que, a mediados del siglo XVIII, mandó hacer el Marqués de la Ensenada.



  Debe ser el Molino del Lavadero. Lo que queda de él puede verse, en efecto, junto al lavadero de Novales. El cárcavo, que era adintelado, está cegado con un tabique de ladrillos; y hubo otro piso superior, donde estaba la sala de molienda.



  Como puede leerse en el hastial izquierdo, el molino se reedificó en 1790. Es de suponer, por tanto, que ya existía en 1753, fecha del Catastro del Marqués de la Ensenada.



  Esta vista (actualmente dentro de una finca particular) corresponde al nivel superior. La calcera (ahora llena de hojarasca) traía el agua, por el borde del muro, hasta el molino y el lavadero. La antepara, más bien pequeña, puede verse en el ángulo inferior derecho de la foto. La sala de molienda estuvo hacia el ángulo inferior izquierdo; y podemos ver el arranque de una escalera para acceder al nivel inferior del edificio.



   Según el Catastro de Ensenada, había un molino en el  arroyo de San Miguel, que cruza el casco urbano de Novales. No hemos podido identificarlo, y suponemos que se ha transformado en vivienda, pero no sabemos en cual. ¿Esta, tal vez?



  "Y otro molino esta fundado sobre las aguas del rio Salas y Sn Miguel con dos ruedas y muele sin interrupcion todo el año y es administrado por sus propios dueños."  Suponemos que este es el que dio nombre al  barrio de La Ceña, o La Aceña.



  En el barrio de La Aceña, en este paraje del Parque Los Pelambres, está la presa (que ha sido rebajada) y la compuerta, que ha sido sustituida por dos placas de cemento.



  Más allá de la compuerta vemos un trozo de la larga calcera que llevaba el agua hasta el molino.



  Sigue la calcera a través del Parque...



...y entra en una finca particular a través de una reja en la base del muro.



  Y visto desde el aire, en 2017: en el ángulo inferior derecho de la foto vemos la calcera, que entra en la finca y discurre pegada al muro hasta que desemboca en una antepara que, a su vez, se encuentra con un grueso muro, que era la pared posterior del molino; a continuación, entre dos paredes laterales, estaba el cárcavo, y a partir de él se adivina el canal de salida, que se curva hacia la izquierda.



  En una fotografía reciente vemos la misma finca, con la antepara transformada en piscina, y nuevas construcciones, incluso en lo que fue el molino.



  La antepara transformada en piscina.



  Y, junto al muro del fondo, un rodezno de acero y una piedra de molino.

  Después de visitar sus afluentes, volveremos al Río de la Presa (que dejamos después de ver el molino de La Herrería); pero eso será en la siguiente entrada, que se llamará Los molinos del Río de la Presa, II. Y tendremos un guía de lujo: Juan Gómez Bárcena, a través de su libro Lo demás es aire:

  "La corriente divaga todavía algunos metros más entre los alisos y las hayas de la ribera, para más tarde venir a flanquear la iglesia de San Martín de Cigüenza, precisamente en el punto en que confluye con las aguas del arroyo de San Miguel. Ambos son cauces modestos, tanto que durante algún tiempo cuesta distinguir cuál es río y cuál afluente. Las propias aguas parecen indecisas, y tal vez por ello en el momento de la confluencia se ensimisman en un requiebro innecesario, como dudando lo que viene a continuación, si su nacimiento o su desembocadura.

  Gracias, Juan Gómez Bárcena. Nos seguiremos encontrando en los molinos del Río de la Presa. O, por mejor decir a partir de ahora: del Río de Toñanes.

martes, 14 de febrero de 2023

Calces y anteparas

  Otra vez parado el molino. La última crecida acumuló un par de troncos en el azud, y ramas y hojarasca en la reja; y eso lo pudieron arreglar Manuel y el Tio Tonio, mientras Catalina se ocupaba de la molienda, que se le acumulaba al trabajo de casa. Pero lo peor es el barro que llegó hasta la antepara y que medio atascaba los saetillos. así que, entre rato y rato de molienda, el Tío Tonio daba toda la llave para que la fuerza del chorro limpiara algo, y así además se fue vaciando la antepara. Y ahora no ha habido otro remedio que vaciarla del todo, cerrando la entrada, y tirar de pala para sacar el fango. Y menos mar que, con el suelo de losa, no es tan difícil, pero aún así. Y luego nos dicen que el que trabaja es el agua, y nos miran mal cuando cobramos la maquila, piensa Manuel.

  Como vimos en la anterior entrada (azudes) ,lo más habitual es que entre el azud y el molino haya una distancia, mayor o menor, en la que el agua discurre por un cauce ( o calce, caz, calcera, acequia...)


  Calce del molino de Yera (Vega de Pas). Desde el azud, el calce tiene una pendiente menor que el río Yera (a la izquierda de la foto), para crear el desnivel necesario para el funcionamiento del molino.


  Los calces pueden medir desde unos pocos metros hasta varios kilómetros; como, por ejemplo, este que, partiendo del puente de Santa Lucía, recorre la llanura de Cabezón de la Sal dando servicio a molinos tan conocidos como el de Carrejo, el Molino de Chocolate, y varios más, antes de volver al Saja al norte de Ontoria. El mapa es de 1937.


    O el calce que vemos en esta foto, que recorre el fondo del valle de Cabuérniga desde Renedo hasta Sopeña


  A veces, el calce era en sí mismo una obra compleja, con tramos excavados y con muros de contención. Como este de Riaño, en la Hermandad de Campoo de Suso.


  O podía pasar bajo pequeños túneles, como el del Molino de Mercadillo, en Liérganes.


  Otras veces era una simple excavación, que, con el tiempo, tiende a borrarse y a ser invadida por la vegetación, como en este molino de La Cueva (Valdáliga).


  Con cierta frecuencia, cuando el calce pierde su función se le hace desaparecer allanando el terreno para facilitar la explotación agrícola o ganadera de las fincas; como, por ejemplo, en este molino de Treceño (Valdáliga).


  También es bastante habitual que en algún punto del calce se coloque una reja para impedir el paso de ramas u otros sólidos más o menos gruesos. Como, por ejemplo, en La Ceña (Novales, Alfoz de Lloredo).


El calce suele ensancharse al llegar al molino, formando la antepara (o balsa, estanque...). Esta es la antepara (vacía) del Molino del Palaciuco, en San Felices de Buelna. Vemos, al fondo de la antepara, la boca por la que el agua pasará al saetillo (como se explica en El cárcavo).


  La antepara suele ser una construcción muy sólida, frecuentemente de piedra de sillería, con un suelo de grandes losas que facilitan la limpieza de los fangos que puedan llegar hasta ella. Esta es la del molino de Vejorís (Toranzo).


  Además de servir de balsa de decantación, la antepara es un reservorio de agua que puede mitigar, hasta cierto punto, la irregularidad de los aportes. Para evitar las pérdidas por filtración, podían calafatearse las juntas entre los sillares, o incluso embetunar toda la superficie. En este caso, en un molino de Cicera (Peñarrubia).


  Cuando el aporte de agua es mayor que el gasto del molino, el agua sube de nivel hasta rebosar por el lugar previsto para ello. A la derecha de la foto podemos ver el rebosadero de la antepara de La Deseada, en Ruente.


  En determinadas circunstancias, los molinos prescinden de la antepara, o la tienen muy pequeña. Es el caso, por ejemplo, de este molinuco de Lafuente (Lamasón), que se surtía de una fuente de origen cárstico, de caudal bastante regular. Podemos ver la pequeñísima antepara (más bien un cubo, véase  La gestión del agua), cubierta con maderos, a la derecha de la foto.


  El agua del molino normalmente volverá al río del que salió por otro cauce: el socaz. En la foto, el socaz de la ferrería y el molino de Cades (Herrerías).