... y conviene buscar comodo pa que tenga cayda la agua porque no tuviendo cayda no se puede hazer nada... , dice el anónimo autor de un manuscrito de comienzos del siglo XVII: Los Veinte y un Libros de los Yngenios y Maquinas de Iuanelo.
Proponemos este blog para divulgar el conocimiento de los molinos de Cantabria. Con lo que estamos aprendiendo sobre ellos. Y con los conocimientos de quienes entren en él, hagan comentarios y den noticia de molinos, ruinas, recuerdos... de un mundo hermoso que merece ser conocido. Es recomendable leer las entradas en orden, siguiendo el índice temático que encontrarás abriendo la pestaña justo aquí debajo.
martes, 31 de enero de 2023
Azudes
domingo, 4 de diciembre de 2022
El cárcavo
Mientras se descalza y se remanga los pantalones, Manuel escucha el silencio. Bueno, no exactamente: se oye allá lejos el rumor del viento en los chopos. Pero eso, comparado con el estruendo habitual, casi es el silencio. Porque hoy el molino está parado, y ni siquiera se oye el río, que está casi seco.
Manuel se descalza, empuña la pala y entra, decidido, en el cárcavo. Hay que sacar el barro que, durante casi un año, han ido dejando las aguas turbias de las crecidas del río. Para que el rodezno no se empalague con el agua retenida, o con el barro mismo. En unas pocas horas habrá sacado al barro hasta donde no estorbe, y hasta habrá revisado el puente y la llave del saetillo, que últimamente parece que se quería atascar a veces. Pero ahora, casi al principio de la faena, Manuel ya está sudando. No por lo caluroso del día (no tanto, allí dentro), como por la humedad que todo lo empapa. Y ahora se empieza a oír el repiqueteo del martillo sobre la piedra que su suegro, en la sala de molienda (justo arriba), está empezando a picar.
martes, 8 de noviembre de 2022
...para mover las piedras...
Manuel, el molinero, se dispone a picar las piedras de moler. Para ello tiene que levantar la volandera y volverla del revés. Con unos sencillos movimientos de la cabria colocará los agujeros de los extremos de la horquilla de tal modo que, pasando un cáncamo a través de ellos, se hinquen en los que hay en la piedra para que ésta quede sujeta. Ahora solo queda levantar la piedra con el husillo, y voltearla. Nada comparable, recuerda Manuel, con los tiempos en que volteaba la rueda a puro brazo, con ayuda de un madero. Claro que las piedras de entonces no pesaban ni la mitad que esta, pero aún así. Manos de herrero y espalda de molinero, ya lo dice el refrán. A ver si inventan también una máquina que cargue con los sacos, piensa Manuel.























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