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jueves, 24 de abril de 2025

Puntualizando,8. Molinos y electricidad

 -Nene, trae p'acá la bombilla.

  -No se puede, padre. No da el cordón.

  -Ya. Que teníamos que haberlo puesto más largo.

  -¡Ya se lo dije!

  -Hmm... Pues vete encendiendo el candil y me lo traes.

  -Voy, papa.

  -¡Neneee!

  -¡¿Qué quiere, madreee?!

  -¡Que me traigas la bombilla, que voy a hacer la cena!

  -¡Voy, mama! Y me llevo el candil, que padre lo necesita.

  -Pues no te lo lleves muy lejos, que vete a saber la luz que dará hoy la bombilla.

  Diálogos como el anterior no debieron ser muy raros en algunos lugares de la Cantabria rural,  en algún tempo de la primera mitad del siglo XX, e incluso de más acá. Cuando "la luz" estaba por llegar a muchos pueblos y a algunos otros había llegado de forma precaria gracias a pequeñas centrales hidroeléctricas. Y mientras esto ocurría, los viejos molinos harineros iban decayendo, después de una venerable historia que había durado muchos siglos. Aunque no haya relación directa entre ambos hechos, lo cierto es que esa coincidencia en el tiempo dio lugar a casos curiosos como los que, a modo de ejemplo, trataremos a continuación.


  La pequeña central hidroeléctrica de Riaño, en la Hermandad de Campoo de Suso, no deja de tener aspecto de molino. Y no es extraño; al fin y al cabo, lo que hace falta es que el movimiento del agua haga girar un eje: el de las piedras, en un molino, o el que, mediante engranajes, haga girar a la velocidad adecuada el rotor de una dinamo o de un alternador. La electricidad generada "salía" por los cables (a través de los aisladores circulares de vidrio que pueden verse justo debajo del alero),y por entonces daba "luz" a varios pueblos de su entorno: Abiada y la Hoz, Villar, Entrambasaguas... "Cada casa tenía una bombilla, y a veces lucía muy poco, pero no éramos menos felices que ahora", nos dicen. Es de suponer que la distribución de baja tensión a distancias relativamente grandes haría que el voltaje real fuese con frecuencia menor que el nominal; y cuando, al anochecer, en cada casa se encendía la bombilla, a lo mejor no había bastante "fluído" para todos...


  La presa de la central hidroeléctrica de Riaño también se parece a las de los molinos tradicionales.


  "La Deseada", que es ahora "fábrica de luz" de Ruente, en el Río de La Fuentona, tiene en su fachada las señales que deja una larga historia; ahora es una central hidroeléctrica conectada a la red general; pero antes de ser "La Deseada" fue molino harinero.


  Aparte del arco más visible en la fachada, y de otro, más pequeño, dentro de él, pueden verse, junto a las esquinas, los sillares del arranque de un arco mucho mayor, de una "vida" anterior, cuando era molino. Hemos hablado de ello más extensamente en una "entrada" anterior: La gestión del agua


  Así como un molino puede convertirse en "fábrica de luz", también nos podemos encontrar con que la infraestructura hidráulica sirva para uno u otro fin, o incluso para ambos. Por ejemplo, este "Caz del Molino" que en el Saja, entre Santa Lucía y Ontoria, servía agua a varios molinos; y uno de ellos, el  de La Cabroja, en Cabezón de la Sal, se convirtió después en central hidroeléctrica. Muy interesante es la publicación de Ángel DZ que puede verse en https://www.facebook.com/angel.diazzubizarreta/posts/pfbid02QhJaF5kCkKzemqFsy3t39cREs2fJWKT6ze79Z9xefJX8mP616dhFt9JEzDGVoP4nl


  La Cabroja, en Cabezón de la Sal; que fue molino, y más tarde central hidroeléctrica.


  También hubo casos en que se diseñó el conjunto para ser al mismo tiempo molino y central hidroeléctrica. O tal vez no al mismo tiempo: a unas horas molino y a otras "fábrica de luz". Como, por ejemplo, "El Cordel", de Carmona, del que ya hemos hablado anteriormente en  https://molinosdecantabria.blogspot.com/2024/11/los-molinos-del-nansa-5-el-rio-quivierda.html ; o este de la foto: "La Fábrica", en Celucos, del que también hemos hablado ya en https://molinosdecantabria.blogspot.com/2024/11/los-molinos-del-nansa-6-hacia-celis.html


  Diferente es el caso de los molinos hidráulicos que se convierten en eléctricos; es decir, que pasan de que sus piedras sean movidas por el agua a ser movidas por motores eléctricos cuya energía proviene, a su vez, de centrales hidroeléctricas. Desde el punto de vista de la física resulta un contrasentido, porque en cada transformación (de energía mecánica a eléctrica, y nuevamente a mecánica) se pierde eficiencia; pero se trata más bien de una cuestión de oportunidad: a una compañía hidroeléctrica le conviene gestionar toda el agua de una cuenca, y para conseguirlo compra las concesiones de agua que tenían los molinos, y el pago se produce en especie: energía eléctrica. Fue el caso en varios molinos de la cuenca del Nansa, como, por ejemplo,el de Rábago, (que tratamos en la entrada 035): https://molinosdecantabria.blogspot.com/2025/01/035-los-molinos-del-nansa-9-rabago.html. Y también ocurrió en otras cuencas, como, por ejemplo, la del Asón.


  Y he aquí un caso verdaderamente singular: el Molino de San Antonio, en Cueto (Santander). Entre 1951 y 1956 molió con sus grandes piedras el maíz de los vecinos de Cueto, y también de Monte y San Román, según recoge Matilde Camus en su libro "Historia del Lugar de Cueto". Funcionaba con electricidad, y nunca antes había sido molino. Matilde Camus lo situa en el número 202 del Barrio de Bellavista, que es hoy el 35 de la calle Inés Diego de Noval.


  Parientes del molinero, que nos han acogido amablemente, nos dicen que los azulejos que podemos ver en la fachada son los que siempre hubo, aunque los cambiaron de lugar al remodelar una ventana. También nos dicen que ya no queda nada de la maquinaria.


  Con este molino de viento esgrafiado en la pared lateral que da al huerto han querido recordar que esta casa, que parece una más entre muchas, fue el molino de Cueto cuando  los vecinos del entorno rural de Santander seguían cultivando y consumiendo su propio maíz, pero ya eran historia antigua los molinos de agua del barrio de Fumoril y los de viento que hubo en Los Molinucos, junto a Cabo Menor,


martes, 19 de noviembre de 2024

Los molinos del Nansa, 6. Hacia Celis.

   Cuando desde Puente Nansa seguimos el curso del río hacia el norte no volvemos a encontrar molinos, o noticia de ellos, hasta las cercanías de Celis. Así, en Las Bárcenas hemos podido ver una larga calcera que lleva desde el pie de una peña, donde sin duda estuvo la presa sobre el Nansa, hasta las pocas piedras de lo que fue molino. Queda, eso sí, la memoria de la gran riada de 1942, que se llevó por delante el edificio del molino y la vida del molinero y la molinera. Entre Las Bárcenas y La Herrería nos dicen que hubo un batán; una pisa, como decimos por aquí. Tal vez sus restos están bajo el edificio de la central hidroeléctrica, en la margen izquierda del río. En La Herrería hubo, efectivamente, una herrería, y nos han mostrado unas escorias usadas como piedras en un muro, y también el recorrido de la calcera (ahora ya allanada), y el lugar en que estuvo el molino: sus cimientos sirven ahora de base a un edificio de bloques prefabricados de hormigón.


  Este pequeño edificio en La Herrería, se construyó sobre los restos del molino; pueden verse en su base, bajo el hormigón.


  Una piedra solera y una volandera de tamaño mediano se apoyan en la base del edificio. Puede verse un resto de la pared de piedra de mampostería sobre la que se apoya el hormigón.

  Pero sin duda lo más interesante lo encontramos en La Molina, y más en concreto, en el arroyo que llaman de la Fábrica. Coexisten a poca distancia el molinuco tradicional, casi diríamos primitivo, y La Fábrica, un moderno molino de turbinas, que fue también "fabrica de luz".


  En el barranco que llaman de la Fábrica, medio escondido ya entre las zarzas que casi lo cubren, este pequeño edificio con tejado a una sola agua fue en otro tiempo un molino de dos ruedas.


  En su parte frontal pueden verse las señales de una dura lucha por la supervivencia: maderas y ladrillos coexisten en la fachada; y la boca del cárcavo está formada por una vigueta prefabricada, apoyada sobre un pilar de ladrillos...


  En el interior del cárcavo la podredumbre ha avanzado de abajo hacia arriba. De los rodeznos, que sin duda fueron de madera, solo quedan los aros perimetrales de acero. Vemos dos troneras, pero no los saetillos, seguramente también de madera. También de madera son los ejes y los restos de los mecanismos que vemos en la parte superior de la foto.


  El madero vertical es el eje o árbol de una de las ruedas. Las maderas que se ven en primer término formaban parte del mecanismo de la llave, con la que se abría o cerraba el paso del agua.


  En contraste con el anterior y en el mismo barranco, unos metros más arriba, La Fabrica fue molino y fabrica de luz. Ambas industrias funcionaban con turbinas independientes.


  El cárcavo se abre al exterior por dos arcos escarzanos. Su interior contrasta enormemente con lo que podríamos ver en un molino tradicional.


  A las turbinas (una de ellas en el centro de la parte inferior de la foto) llegaba el agua por una larga tubería, en la que la altura de la columna de agua era de muchos metros, con lo que la gran presión hidrostática movía muy eficazmente el rotor, con poco gasto de agua. El giro del eje era excesivo para las necesidades de un molino (el giro de una muela genera calor, y si es demasiado rápido puede llegar a tostar la harina). Por eso el giro del eje de la turbina se transmite al eje de la muela reducido mediante el mecanismo de piñón-rueda dentada que puede verse en la fotografía.


El interior nos depara una muy agradable sorpresa: la sala de molienda es el salón de la casa, y se ha conservado tan bien como podemos ver en la fotografía.


  La Fábrica, en el centro de la fotografía, y a su izquierda otros edificios del barrio de La Molina. Buena parte de ellos se construyeron hacia mediados del pasado siglo para albergar a la población reclusa que participaba en la construcción de infraestructuras relacionadas con la compañía hidroeléctrica Saltos del Nansa.

domingo, 18 de diciembre de 2022

La gestión del agua


  El Catastro del Marqués de la Ensenada nos cita un molino en Helgueras (Val de San Vicente), que a mediados del siglo XVIII tenía "...tres ruedas, muele contodas ha eszepzn dealgun tiempo de Verano quepor escasez de Agua nopuede, yparte  del Ivierno que porlo retirado suele faltarle (...)"  ¿faltarle clientela, tal vez?

  Adivinanza: "Si tengo agua, bebo vino; si no tengo agua, bebo agua". Solución: el molinero. Si no hay agua para el molino, no hay vino para el molinero. Aunque también puede faltar el vino si faltan clientes. Tal vez porque el molino está "retirado" y da pereza acercarse en tiempo lluvioso, y  cuando vuelve a salir el sol se amontona la clientela... o se acercan a otro molino.

  En cualquier caso, que no falte el agua para un mecanismo que, siendo capaz de mover la piedra de moler, "gaste" poca; cuanta menos, mejor, y así poder moler cuando el agua es escasa.

  Y, por otro lado, el agua, hasta cierto punto, se puede "guardar", embalsar.


  El mismo Catastro de Ensenada nos dice que en Azoños (Santa Cruz de Bezana) "(...) solo ay un Molino de represa del agua que lebaxa delos dos arroyos de SanMartin y Culardera qe se halla en el sitio de la Pedrosa, deuna rueda, pues aun que tiene dos, no baja agua necesaria para ellas, y solo muele en tiempo de Imbierno y de avenidas sin que en Verano desde la Primavera hasta que pase el otoño, amenos de quebenga algun Torbellino, muelga cosa alguna (...)"

  "A represa", o "a represadas", solían moler los molinucos. Situados donde las crecidas catastróficas son menos frecuentes, pasan sed en verano; y cuando corre poca agua, se para el molino y se represa el agua hasta que haya suficiente para otra molienda; y así se van haciendo "represadas".

  ¿Solucionados los problemas? Pues no del todo. Pera entenderlo hay que saber algo sobre el mecanismo:

  En 1736, don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz constata la aparición de una novedad que se extiende rápidamente: el molino "de cubo". Pero vayamos por partes:

  Las "canales largas" (fueran o no de madera) venían a ser como arroyos en línea recta desde la antepara hasta la rueda hidráulica, y se basaban en la suposición de que era fundamental la velocidad del agua.

  Las "haceñas o ruedas cerradas" eran ruedas hidráulicas de eje horizontal, y transmitían el movimiento al eje de la muela mediante una "linterna" (hoy la llamaríamos "piñón"). Sus desventajas no son solo las averías, como se dice muy claramente en la página que enlazamos.

  Los molinos que Virrareal de Berriz, en 1736, llama "antiguos" tenían mecanismos (y, por tanto, tipologías), diferentes a las de los molinos "nuevos", que son los que estamos más acostumbrados a ver.


  Fachada trasera del antiguo molino de Zurita (Piélagos). En el muro de la antepara (muy poco profunda) se abren grandes huecos que dejaban pasar el agua hacia el cárcavo (si es que se puede llamar así).


  Detalle del mismo molino, visto desde la fachada delantera. El primero de los arcos corresponde a esta fachada; el segundo, a la fachada trasera; y más allá, el muro de la antepara, con los boquetes desde los que arrancan las canales por las que el agua adquiría velocidad antes de encontrarse con la rueda hidráulica (que, por supuesto, ya ha desaparecido). Aunque las canales están ahora medio tapadas por agua y barro, se comprende la certeza de la afirmación de Villareal de Bérriz: "se han dexado muchos de canales, porque es mucha la agua, que necessitan". De hecho, este molino de Zurita recibía agua del río Pas, y el arroyo en que se sitúa era simplemente la vía de evacuación.


  No debió de ser muy distinto el mecanismo de este antiguo molino de Cades. Está situado al pie de la calcera de la ferrería, muy poco antes de la antepara, junto a lo que debió de ser un rebosadero. Tendría agua abundante cuando  sobrase para el funcionamiento de la ferrería y el molino anexo a ella; y, tal vez ocasionalmente, en los tres meses de verano, en que paraba la ferrería.


  El arco ocupaba todo el ancho de la fachada del antiguo molino de yeso de Villanueva de la Peña. Esta fue la fachada delantera (tapada en parte por una edificación más reciente).


 La fachada posterior del mismo molino, con un arco similar al de la fachada delantera. La calcera ha sido rellenada, pero es fácil imaginar el agua (tomada del río Saja, en este caso) circulando abundantemente por un "cárcavo" amplio y diáfano, bajo un edificio atrevido cuyas fachadas principales se apoyan totalmente en las cuatro robustas esquinas. Otro buen ejemplo de molino "antiguo".


  Pedro Bernardo Villareal de Bérriz conoce bien la hidráulica: lo que importa es la altura del agua, y no el tamaño mayor o menor del recipiente. Este razonamiento supuso una forma nueva de ver las cosas, y una revolución en la técnica molinera. Sin duda, seguirían funcionando los molinos antiguos, y algunos durante mucho tiempo; pero, inexorablemente, irían siendo sustituidos por los molinos "de cubo", en los que el agua sale por saetillos impulsada por la presión que se debe a la altura del agua en el depósito. 


  "Todos se han aplicado a hacer cubos de madera, y aún de piedra", dice Villareal de Bérriz. En la foto vemos el "cubo" del antiguo molino de Las Bárcenas, en Cohicillos (Cartes), visto desde donde estuvo el saetillo (en la pared trasera del cárcavo). Muy pequeño (no más de cuatro o cinco metros cúbicos), pero con una profundidad algo mayor de dos metros; suficiente para que, si se mantiene el nivel del agua, la presión en el saetillo sea la adecuada. O sea, que para el funcionamiento del molino es necesario que el arroyo proporcione una cantidad de agua igual o mayor que el gasto del saetillo. De otro modo, el nivel en el "cubo" bajaría rápidamente y el chorro del saetillo sería incapaz de mover el rodete a la velocidad adecuada.


  La antepara del molino del Palaciuco, en San Felices de Buelna es profunda como un "cubo", pero extensa, para poder almacenar más agua;  responde al modelo que nos encontramos con más frecuencia.
  La altura de la masa de agua, la sección del saetillo, el diámetro del rodete y su velocidad de giro están relacionadas; de modo que entre todas ellas determinan la velocidad de giro de la muela; que no debe pasar de ciertos límites, como hemos visto en una entrada anterior (La sala de molienda). La altura de agua en la antepara, en la mayor parte de los molinos, rondaba los dos metros, o poco más.



  En algunos casos pueden detectarse aún las transformaciones de un molino y de su entorno para gestionar mejor el agua disponible. Este es el caso de la "fabrica de luz" "La Deseada", de Ruente. En esta foto puede verse que para lograr el desnivel adecuado, se excavó el socaz (que, en realidad, es el tramo bajo del Río de La Fuentona), y se defendieron sus márgenes con sendos muros. Se aumentó así el "salto" (la diferencia de altura entre la antepara y la rueda hidráulica), y se transformó un molino "antiguo" en uno "moderno".



  La transformación del propio edificio puede verse en esta fotografía: son visibles los arranques de un arco de sillería cuya cumbre debió de estar a la altura de la parte baja de las ventanas. O sea: la amplia abertura de un cárcavo al nivel del suelo, que sería aproximadamente la del cauce antes de la reforma. Y el nuevo cárcavo, más pequeño, a su vez ha sido empequeñecido por otra reforma más: al transformar el molino en "fábrica de luz" ya no funciona con rodetes, sino con turbinas, y el cárcavo se vuelve innecesario. Ya solo hace falta un hueco para evacuar el agua utilizada.


  Este molino de La Molina (Celucos, Rionansa) tiene poco más de cien años, y funciona con turbinas.


  En este caso, la presencia del cárcavo responde más a la tradición molinera que a una necesidad; el agua circula por conductos cerrados hasta turbinas estancas. Nada de rodetes, ni saetillos, ni fangos.


  Con los "nuevos" materiales de origen industrial, que resisten grandes presiones, es fácil conseguir "saltos" de muchos metros, y, por tanto, grandes presiones. El agua llega a las turbinas por tuberías de pequeña sección, que son claramente visibles en la foto. En este molino, el "salto" (es decir, el desnivel entre la toma de agua de la tubería y la turbina) es de dieciocho metros; con poco gasto de agua, el eje de la turbina girará a gran velocidad. La muela requiere una velocidad de giro mucho menor, que se logra intercalando un engranaje: un piñón en el eje de la de la turbina engrana con la rueda dentada del eje de la muela. Un engranaje más sencillo y, sobre todo, más robusto que las antiguas "linternas". (El listón que vemos sobre la rueda no tiene función alguna).
 
  El mecanismo para controlar la distancia entre las piedras (que puede verse en la fotografía) es idéntico al que vimos en el molino de Beranga, en una "entrada" anterior (Para mover las piedras). En la sala de molienda nada cambia (de hecho, hemos visto la de este molino en la "entrada" correspondiente (La sala de molienda. La nueva tecnología permitió que los molinos llegasen a tener una eficacia y una robustez como nunca antes. Pero también permitió la aparición de nuevos procesos: los de las modernas fábricas de harina.

domingo, 4 de diciembre de 2022

El cárcavo

   Mientras se descalza y se remanga los pantalones, Manuel escucha el silencio. Bueno, no exactamente: se oye allá lejos el rumor del viento en los chopos. Pero eso, comparado con el estruendo habitual, casi es el silencio. Porque hoy el molino está parado, y ni siquiera se oye el río, que está casi seco.

  Manuel se descalza, empuña la pala y entra, decidido, en el cárcavo. Hay que sacar el barro que, durante casi un año, han ido dejando las aguas turbias de las crecidas del río. Para que el rodezno no se empalague con el agua retenida, o con el barro mismo. En unas pocas horas habrá sacado al barro hasta donde no estorbe, y hasta habrá revisado el puente y la llave del saetillo, que últimamente parece que se quería atascar a veces. Pero ahora, casi al principio de la faena, Manuel ya está sudando. No por lo caluroso del día (no tanto, allí dentro), como por la humedad que todo lo empapa. Y ahora se empieza a oír el repiqueteo del martillo sobre la piedra que su suegro, en la sala de molienda (justo arriba), está empezando a picar.


  El cárcavo (o estolda, o infierno) es el espacio en que se encuentran los rodetes, así que está justo debajo de la sala de molienda. En el vídeo vemos el cárcavo del molino de La Vega, en Róiz, con uno de los rodeznos en funcionamiento. En este caso, el cárcavo es tan amplio como la sala de molienda.


  Pero también los hay que tienen solo el espacio justo para los rodeznos (lo que corresponde, en la sala de molienda, con la meseta que ocupan las muelas). Como, por ejemplo, este de uno de los molinos de La Molina (Puente Viesgo).


  Además del rodezno y el puente (de los que hemos hablado en ...para mover las piedras, en el cárcavo están los saetillos (o saetinos), que, cuando están abiertos, dejan pasar el agua que mueve al rodezno. Vemos aquí dos saetillos cerrados (del molino de Beranga), y las varillas metálicas que permite abrirlos o cerrarlos desde la sala de molienda (las llaves).


  Con mucha frecuencia la tapa de los saetillos era la paleta: una chapa que, accionada con la llave, subía o bajaba por unos rieles, abriendo o cerrando el paso al agua. Como las que se ven en este cárcavo del molino de La Vega (Róiz).


  Este sistema resulta bastante frágil, por lo que no suele conservarse en los molinos que están fuera de uso. En esta foto (del molino de Regolgo, en Liérganes), la paleta está fuera de los rieles, con lo que el saetillo permanece abierto.


  Con mucha frecuencia han desaparecido la paleta y los rieles, y queda solo el lugar de su emplazamiento en el muro del molino. Como en este de Mercadillo (Liérganes).


  Restos (todavía reconocibles) de una llave articulada, de madera. Desde la sala de molienda se actúa sobre una palanca que pivota en un eje; cuando se sube la palanca, baja el madero unido a la paleta, y cierra el saetillo (molinuco en La Molina, Celucos, Rionansa).


  Aunque no es lo más habitual, en algunos molinos el saetino tiene forma de cañón que sale de la pared. En molinos antiguos parece ser que no tenía tapa alguna, y la forma de parar el molino era apartar el cañón, que seguía vertiendo agua.
(Agradecemos la amabilidad de la Ferrería de Cades, que nos ha permitido utilizar esta foto).


  El agua que circulaba por el cárcavo iba dejando sedimento (especialmente las aguas turbias de las crecidas), y podía dificultar la salida del agua y, por consiguiente, el movimiento de los rodeznos. Para evitarlo había que sacar el fango; y, para facilitarlo, el cárcavo tenía casi siempre una gran abertura hacia el exterior, que suele ser lo más llamativo de la arquitectura del molino. A continuación, algunos ejemplos:


  Arco de medio punto en el molino de Celada de los Calderones (Hermandad de Campoo de Suso).



  Arquería en el molino de La Venera (Arnuero).


  Arcos escarzanos en Acereda (Santiurde de Toranzo).



  Arcos carpaneles en Regolgo (Liérganes)



  Arco rústico de piedra sin labrar, en Trascudia (Herrerías).



Adintelado en Acereda (Santiurde de Toranzo)



  En raras ocasiones la sala de rodetes está en una posición central del edificio, y comunica con el exterior a través de un túnel (antiguo molino en Abiada, Hermandad de Campoo de Suso).