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miércoles, 11 de septiembre de 2024

Los molinos del Nansa, 1. La cabecera.

 Desde el valle de Polaciones, donde nace, hasta su desembocadura en Pesués, el río Nansa recorre una tierra bravía, donde a veces se encaja o se despeña por fuertes pendientes. En sus aguas y en las de sus afluentes encontramos gran variedad de molinos; desde los más antiguos y humildes molinucos hasta molinos importantes y relativamente modernos, y también hubo batanes y ferrerías. Recorreremos en varias etapas el curso del Nansa y el de sus afluentes,, deteniéndonos en los molinos que hemos podido localizar, y alguno más del que tenemos noticia. En esta primera entrada recorreremos los ríos, poco más que arroyos, de la cabecera de la cuenca, hasta que se encuentran, ya cerca del pantano de La Cohilla. Desde allí, después, se despeña el Nansa por el desfiladero de la Peña de Bejo. Pero eso es ya otra historia, que iremos contando más adelante.

  Según el Catastro del Marqués de la Ensenada (hacia 1750), había en Polaciones veintisiete molinos, de corta rueda, y que no funcionaban todo el año; algunos, solo de marzo a mayo. Muy pocos seguían funcionando en el siglo XX.

  Cerca de Santa Eulalia, o Santa Olalla, junto al río Bejudal, encontramos el Molino de La Leguaria, (también llamado Molino de Quica, por el apodo de su última molinera).

  Ahora se ha convertido en una cabañita de fin de semana, pero fue, en su día, un molino de dos ruedas. Al fondo de la antepara, ahora sin agua, puede verse lo único que sigue existiendo de la maquinaria del molino: las dos paletas que regulaban el paso de agua a los saetillos, Las llaves para accionarlas, curiosamente, no estaban en la sala de molienda, sino en el exterior; pueden verse junto al alféizar de la ventana.

  Vemos aquí el detalle de las paletas; la izquierda, semiabierta.

  En 1956-57 (izquierda), el Molino de Quica ya estaba en ruinas, y la antepara llena de vegetación. En la foto de la derecha, como se ve en la actualidad. Encontramos más información sobre este molino en https://www.valledelnansa.org/pdi/molino-de-la-leguaria

  Entre Pejanda y Callecedo, junto a un camino que discurre al sur de la carretera, encontramos este otro molino de dos ruedas. Recibía el agua de un pequeño arroyo, y lo recogía en la pequeña antepara que, mal que bien, puede verse a la derecha de la foto. Después de mover las ruedas, el agua iba a parar al río Bedujal. El edificio fue transformado en vivienda, y se le adosó un anexo, que puede verse a la izquierda.

  El anexo se situa sobre el canal de salida del cárcavo, de modo que forma una especie de túnel con paredes de piedra de mampostería (antiguas), y techo de forjado de hormigón. Algo así como una cueva, quién sabe si apropiada para el oso, que nos han dicho que últimamente ha rondado esta casa, deshabitada desde hace años.


  Al fondo vemos el cárcavo, con un grueso dintel de piedra, y dos saetillos. No se ve rastro de mecanismo alguno, con lo cual es de suponer que tampoco se conservan las ruedas.

Muy cerca del antiguo camino de La Colobrera, entre san Mamés y Belmonte, junto al Río de La Guariza (o de Pejanda), encontramos esta interesantísima ruina, que nos dice claramente cómo eran los antiguos molinucos.


Como podemos ver en la foto, la rueda que permanece en la ruina está aún sin desbastar; sin duda era una rueda de repuesto que nunca llegó a usarse. Las ruedas que estaban en uso, más valiosas, irían a parar a otro molino. También se reciclarían seguramente, las tejas y las maderas que estuvieran en buen estado.

La misma piedra, de perfil.

El detalle más importante de este molino está aquí: una rueda pequeña ha sido utilizada, como si fuera una piedra cualquiera, para armar un muro.

La misma piedra, vista de perfil. Tiene solo unos sesenta centímetros de diámetro, y la superficie de molienda perfectamente plana. El acabado pulido del contorno se conseguía, seguramente, torneándola con el propio giro del molino. El borde roto pudo ser la causa de que se desechase como piedra de moler.

La rotura, que vemos aquí claramente, pudo producirse al dar la vuelta a la piedra para picarla, pues, aunque no tuviera estrías, se debía picar para corregir el desgaste desigual. Estas pequeñas piedras de los molinos de corta rueda se levantaban sin necesidad de cabria, con ayuda de una estaca que se introducía por el ojo, para hacer palanca.

  El arco de salida del cárcavo se construyó con piedras sin desbastar y muy desiguales, sin mortero alguno, y lo mismo las paredes. Podemos imaginar que una construcción tan precaria sufriría con frecuencia desperfectos, que se solucionaban con relativamente poco coste en tiempo y materiales. Aún así, se puede constatar que en algún momento hubo un avance técnico que permitió pasar desde la rueda pequeña y relativamente ligera, a una muela más grande y pesada, más eficaz.

  En el río del Espinal, junto a un camino entre Tresabuela y Lombraña está el Molino de la Cuesta. Su mayor interés es la cámara de carga que puede verse hacia el centro de la fotografía; es tan pequeña que no puede hablarse de antepara, y sin la menor duda requería que el aporte de agua fuera continuo para el funcionamiento del molino, que tuvo que ser de una sola rueda.

  Los restos del Molino de la Cuesta ocupan la parte central de la foto. El agua llegaba, desde el río, por un canal de piedras (apenas visible a causa de la vegetación), hasta la cámara de carga, que originalmente estaba tapada con una piedra cuadrada.

  La pequeña calcera, apenas visible en la parte izquierda de la foto, torcía en ángulo recto hacia la cámara de carga, en el centro.

  Junto al arroyo Collavín y en un bello entorno, encontramos la hermosa estampa del molino de Uznayo.

  El aspecto del molino es muy humilde, excepto su muro posterior, de grandes sillares. La profundidad del agua en la antepara sin duda permitía un funcionamiento eficaz del molino.


  En el cárcavo permanecen intactos los saetillos de hormigón, sin duda hechos in situ. Los rodeznos están empalagados, hundidos en el fango; y el resto de los mecanismos están deteriorados.


  Desde abajo vemos las dos muelas asentadas firmemente sobre gruesos maderos y niveladas con cuñas.


  El arco de la boca del cárcavo está hecho con piedras desiguales, sin labrar apenas.


  La sala de molienda, pequeña pero relativamente completa.


  Junto al mismo río Collavín, pero en un contexto distinto, esta casa en Puente Pumar es el resultado  de la remodelación de una fábrica de luz que antes había sido molino, y ya apenas es distinguible como tal. Puede verse una información más detallada en https://www.valledelnansa.org/pdi/f%C3%A1brica-de-luz-de-puente-pumar


  La parte izquierda de la foto corresponde a la antepara, tapada con una losa de hormigón; y, sobre ella, una piedra volandera convertida en mesa de jardín.


  Junto a la entrada de la vivienda, una piedra bajera de dudosa calidad y con estrías muy sumarias.

  Somos conscientes de que, de los veintisiete molinos que había en Polaciones a mediados del siglo XVIII, puede quedar alguno que no hayamos encontrado; pero la mayor parte habrán desaparecido completamente, dispersos sus restos por las riadas, o al haberse reciclado sus piedras y maderas; y algunos (los de dos ruedas, probablemente) modificados, puede que más de una vez.

viernes, 30 de diciembre de 2022

Molinucos

 

Molinuco en Abiada (Hermandad de Campoo de Suso)

  Toñuca empujó la puerta con el codo y echó un vistazo en derredor antes de posar el saco. Todo en orden, al parecer. Como de costumbre. El suelo barrido, el harinero limpio, todo curioso y en orden. La verdad es que era una suerte que les tocase turno de moler después de Josefa. Bueno, en realidad después de la familia del tío Lázaro, pero casi siempre era Jusefuca la que les molía. Y nunca hubo cuestión con ella, mas que aquella vez en que se había olvidado de abrir la gatera y había ratones, y uno salió disparado por la piquera, cuando puso en marcha la rueda. Toñuca sonreía ahora al recordarlo, pero la verdad es que en su momento se había llevado un susto de muerte. Por eso ahora se tomó el trabajo de retirar la tolva y el burro, y levantó el tambor para comprobar que todo estaba correcto y limpio; Daba gusto verlo, de limpio. Josefa había recogido hasta las rebañaduras. No había más que colocarlo todo otra vez, vaciar el saco en la tolva y abrir el paso al agua.

  Los molinucos son, dentro de los molinos, una categoría con características relativamente bien definidas. Pequeños (casi todos de una rueda pequeña, algunos de dos); situados en arroyos de poco caudal, muchos de ellos en zonas habitadas o cerca de ellas; administrados casi siempre por su dueño, que, a veces, es un colectivo en el que se establecían turnos de molienda. Fueron muchísimos: como mil o más en Cantabria, y casi todos han desaparecido sin dejar más rastro que su mención en documentos (sobre todo, en el Catastro del Marqués de la Ensenada, ¡bendito sea!). Pero vayamos por partes:


  (...) que tiene de fondo quatro varas, tres de hancho, y lomismo de alto, y condos rruedas demarcamenor, que por lapoca agua queconduze dicho Rio dos meses, son los unicos quemuele, y atemporadas delaño (...)

   O sea, que este molinuco de Camargo medía como dos metros y medio por tres y medio escasos, traducido a medidas actuales; y no muy distintas son las medidas de los molinucos que todavía se conservan. Por tanto, no había espacio para almacenar grano ni harina. Podemos imaginar el trajín entre el molinuco y la vivienda más o menos cercana de quien molía; tal vez la atención simultánea a la molienda y a los quehaceres de la casa, con ayuda de los niños...


  Sala de molienda de un molinuco de Lafuente (Lamasón). A la derecha, en primer término, el harinero. Sobre él, la volandera, colgada de la cabria. A la izquierda, un bello rodezno, ahora en desuso (en el cárcavo hemos visto el otro, colocado y dispuesto para funcionar...).



  En Cahecho (Cabezón de Liébana) (...) ai dos Molinos Arineros de una Rueda cada uno corta y solo muelen de los desechos de las Niebes (...)

  Puede que sea un caso extremo, pero era habitual que a los molinucos les faltase el agua durante largas temporadas. A cambio, no solían sufrir crecidas demasiado destructivas.




  (...) q. enestedicho conzejo [Aniezo, en Cabezón de Liébana] hai ochomolinos arineros deunarrueda pequeña. el uno es de Martin Macho, y otros coherederos. el otro de Dn. Franco. Anttonio de Noriega Vezino de Luriezo: el otro de Blas delavega, y otros consortes: el otro es de Andres delavega vezino dedicho lugar de Luriezo, y otros consortes. el otro de Bernardo de Rabago elotro de Phelipe delas Cuevas, y otros consortes: el otro deManuel Sanchez, y otros consortes: el otro deLazaro Prietto y otros consortes y rregulan elquecadaunoganapor año tres quarttos depan mediado trigo y zenteno, administranlos sus dueños aexzepzion deeldicho Dn. Francisco Antonio de Noriega que le administra Joseph Gomez, a quien le queda deutil lametad: tambien hai una pisa desayal es deBentura de Cavo, aquien rregulan levale deutil por año quarenta rrs.


   (...) supoblacion [la de Aniezo, a mediados del siglo XVIII] se compone detreintayseis vezinos. y tres viudas.todosviben enesta poblazion, y no hai casas de campo nialquerias, y las que hay eneste Pueblo havitables sonzinquenta sinqe sepague cosa alguna (...)

   Es decir, que se pueden calcular alrededor de 150 habitantes. Parece razonable suponer que no había casa que no tuviera turno de molienda en alguno de los molinucos consorciados que existían entonces.



  (...) ai un molino deuna rueda enel Termino de Fontanillas sobre las Aguas deel regatto deel mismo nombre, distante Cien pasos el qual perteneze aBernardo deBustamante Vezino deeste Lugar dePechon, y no muele amenos quesobrebengan muchas Llubias, porloqual estan Zierttos, no rinde al Dueño ni aun la Utilidad demoler parasu casa y que por lomismo está en abandonarle (...)

  Vamos, que no siempre estaban las cosas tan fáciles. Por falta de agua, y tal vez (suponemos nosotros) por problemas entre los vecinos, o los consorciados...
En cualquier caso, muchos molinucos se estaban ya abandonando a mediados del siglo XVIII:




  En Prellezo (Val de San Vicente) (...) Digeron queen el termino deeste dho Lugr sobre las aguas deel arroyo dePumarin ai zinco Casas deMolinos arineros y Posesiones launa enel sitio deBerdellin distante zien pasos tiene dos rruedas launa jamás a molido laotra solo muele quando ai gran fuerza de llubias demodo que ninguno le quiere Administrar por rentta por no rendir cosa alguna, acausa deque quando hai las aguas es lo regular estar descompuesto perteneze a Dn. Franco dela Matta y Torre vezino dela Villa detrezeño; laotra estta enel Sitio de Molinetta distante trescientos pasos tiene una rrueda, y por las razones expresadas no rrinde nada al dueño que es da Maria Anttonia de Cosio viuda dedn Manuel de Noriega Rubin Dezelis ni hai quien le lleva arrenta: Ottra Posesion deMolino enel sitio de Barajon propia dedha Da. Maria Anttonia de Cosio está arruinada sin otra cosa que los vestigios. Ottra Posesion deMolino altermino de Berdellin de abaxo que perteneze a Francisco de Mendoza vezino deeste dho lugar y por estar arruinado no le rrinde cosa alguna, ylaottra enel mismo termino quees deDnJoseph de Escandon vezino dela Villa desan Vizente no lerrinde nada porestar arruinado y solo conservar los bestigios y que no hai ottro arttefacto y rresponden....
 

  De la mayor parte de los molinucos abandonados no queda ruina alguna; de otros (como este del Arroyo del Molino del Concejo, en Lamadrid, Valdáliga) queda la presa, más o menos entera, y restos de alguna pared. Aunque también hay pequeñas maravillas bien conservadas; quién sabe si gracias a que siempre estuvieron lejos de molinos de mayor empaque...


  Por ejemplo, este bello molinuco de Lafuente (Lamasón). Compárese con los que dibujaba y pintaba Agustín Riancho, que reprodujimos en la primera entrada de este blog. [Introducción]


  Los molinucos tienen el encanto de la arquitectura popular, y no dejan de tener interés desde el punto de vista de las soluciones constructivas. Así, por ejemplo, este atrevido arco plano con un sobrearco de descarga, todo ello construido con piedras sin labrar, o de labra tosca, que encontramos en otro de los molinucos de Lafuente (Lamasón).


  Ya es una suerte extraordinaria que en una localidad se hayan conservado varios molinucos, y dos de ellos tan bien conservados que casi podrían ponerse a funcionar ahora mismo. Más aún que uno de ellos tenga una fecha en el dintel: de 1862 data su reedificación. De su edificación primera no sabemos la fecha. 
  Y no son estas las únicas sorpresas que nos han dado los molinucos de Lafuente,... pero lo contaremos en mejor ocasión.


  Este molinuco de Las Caldas de Besaya no tiene fecha en el dintel,... pero sí en los papeles. Está citado en el Catastro del Marqués de la Ensenada; es decir, que es anterior a 1750. No sabemos cuánto de anterior; pero no cabe duda de que los molinucos tuvieron una larga vida, y deberíamos respetar a los que se conservan, como las venerables reliquias que son.

martes, 15 de noviembre de 2022

Puntualizando, I

-¿Sabes, Catalina? Estuvo en el molino el forastero ese que anda por el pueblo preguntando.

  -¿Y te preguntó?

  -Pues que cómo se llamaba cada cosa. Las muelas, y la tolva, y todo eso. Hasta por el ventano preguntó.

  -¿Y le dejaste contento?

  -Casi. Que cómo se llamaban la rueda de abajo y de arriba, y le dije que así: de abajo y de arriba.

  -¡Pero qué tocho eres, Manuel! ¿Cómo no van a tener nombre? Y más de uno: la solera, la bajera. Y la volandera...

  -La volandera sí que lo tenía oído, pero me pensaba que era un nombre como de risa, pa'entre nosotros. ¡Como con la de abajo y de arriba nos entendíamos...!

  -¡Pa'que nos entendieras lo decíamos así! ¿Y qué más tochadas le dijiste?

  -Pos alguna más le diría, ¿qué sé yo? Que cómo se llamaba el tambor, quería saber.

  -Pos tambor le dirías, claro.

  -Le dije que no se llamaba nada. ¿O sea que lo de tambor también iba en serio?

  -¡Me valga San Pedro, pero con quien m'he casao yo!

  -Pos con uno que de molinería no sabía más que cargar sacos, y poco más voy sabiendo, por lo que se ve.

  -¡Calla, calla, que me haces reír! Si habría hablao con padre...

  -O contigo, mismamente.

  -Pos mira, eso tiene arreglo. ¿Y es guapo?

  -Ya salió la molinera refitolera.

  -Calla, tonto, y dame un abrazo, que nadie nos ve.


  El diálogo anterior es imaginario, claro, pero puede que corresponda a una realidad bastante extendida.

  Esto cuenta el etnolingüista Ángel R. Fernández González en su tesis doctoral "El habla y la cultura popular de Oseja de Sajambre", de 1957, cuando todavía quedaban muchos molinos funcionando por toda España; y aunque Sajambre no es Cantabria, puede suponerse que por aquí la cosa no sería muy diferente. Para empezar, porque el oficio de molinero no siempre era de los que pasaban de padres a hijos, ya que muchos molinos funcionaban en régimen de arriendo o de aparcería. Además, coexistían molinos con diferente grado de tecnificación: entre la maquinaria de un molinuco y la de un molino de turbinas la diferencia era bastante sustancial, y también, por tanto, el léxico  correspondiente. Y si añadimos que, como en cualquier otro aspecto de la vida, el habla tiene peculiaridades locales, se entiende que en una actividad casi desaparecida, como es la molinería, cualquier intento de rescatar y sistematizar el léxico es labor imposible, o casi. En otras palabras: la tradición oral es casi inexistente, y el léxico que empleamos nos llega más que nada de lo que otros han escrito. Así que no intentaremos ser puristas: la rueda de abajo es la solera, y también la bajera, y hasta la durmiente. La de arriba, volandera, volante, cimera, encimera, y hasta corredera. Y la rueda de molino puede ser la piedra de moler o la rueda hidráulica, sobre todo en las aceñas. Y el rodete también puede ser el rodezno. Las estrías que se pican en las piedras son los rayones, y también las canales, o los cordones. El eje puede ser el huso, o el juso, o el parahuso. La nadrija también puede ser la cubija, o el aspa. Y así por delante iremos tratando de reseñar los diferentes nombres que puede tener cada cosa, aún sabiendo que difícilmente se puede conseguir conocerlos todos...


  Todo anterior no es más que una puntualización (¡extensa!) acerca del vocabulario molinero. Tiene que ver con las entradas anteriores, y también con las que vendrán después; pero no deja de ser una especie de nota marginal a lo que pretende ser, entrada tras entrada, una exposición ordenada del funcionamiento de nuestros molinos, pensada para que pueda seguirse saltándose las Puntualizaciones; en éstas cabrá, así, fárrago y cotilleo, y cada varias entradas "serias" habrá una Puntualizando.

  Puntualizaciones y cotilleo, cosas quizá no tan importantes pero que llaman la atención. Por ejemplo, que las ruedas pequeñas de molinuco no tienen perforaciones en su perímetro; es decir, que no se levantaban con el sistema de cabria, horquilla y husillo. Y ya no está Manuel, el molinero, para contarnos cómo se las arreglaba para voltear una piedra "pequeña" (de 200 o 300 kilos), ¡y con cuidado para no romperla!

  Aunque otras cosas que ya no puede decirnos Manuel, a veces nos las dice un oportuno dibujo.


"Picando el molino" (grabado según dibujo de F. Pradilla) apareció en el número del 30 de julio de 1874 del semanario "La Ilustración española y americana". Representa el interior del molino de Noya, en Galicia. No sabemos cuánto hay en él de búsqueda de pintoresquismo, pero contiene, sin duda, realidades. Como, por ejemplo, las tremendas cabrias, horquillas y husillos de madera. A veces, la tecnología es más antigua de lo que nos hace suponer el aspecto actual (o reciente) de las máquinas...

  ¿Cuántas cosas más nos estamos perdiendo? Por ejemplo: ¿cómo eran los molinos de viento que existieron en Cantabria? Si existiera un buen dibujo...


  En Santander, allá lejos, la silueta esbelta de un molino de viento que dominaba la ciudad. Apareció este grabado en el número del 23 de junio de 1849 del semanario "La Ilustración", de Madrid. Demasiado acostumbrados a verlo, a nadie se le ocurrió dibujar en detalle aquella máquina. Tal vez, con una descripción...

  Dice Matilde Camus (en su "Historia del lugar de Cueto") que en un antiguo manuscrito pudo localizar la descripción de "dos molinos de viento de pequeño tamaño sitos en el Cabo Menor, cuyas aspas están colocadas en ángulo y se cambian según sople el viento para mayor utilidad. Descansan sobre puntal de piedra, en rústico." Bueno, decimos nosotros, a partir de eso imágínatelos como puedas.

  Y cuántas cosas más que hay que imaginarse. El puente, de madera, siempre mojado, lo primero que se pudre cuando se abandona el molino a su suerte... Sabemos que ese era el sistema, pero no hemos podido fotografiar ninguno. Los rodeznos de madera, y tantas otras piezas que se conservan con dificultad, o no se conservan casi ni en la memoria... O, quién sabe, tal vez olvidada en algún sitio hay una foto, un dibujo del natural...

martes, 25 de octubre de 2022

La molienda

 El asunto de este blog son los molinos. De Cantabria, para limitar de algún modo un tema que, aún así, puede que nos venga un poco grande-

  Pero, ¿qué es un molino? Un artefacto para moler, desde luego; pero, intuitivamente, solemos excluir los demasiado pequeños y los demasiado grandes: los domésticos y los industriales. Pero, como iremos viendo, tampoco esos límites están tan claros: hubo molinos de rueda para uso doméstico, y fábricas de harina (que hoy día llamaríamos grandes molinos) que molían con ruedas de piedra.


Sala de molienda del molino llamado "La Fábrica", en Salcedo de Piélagos. Actualmente es un establecimiento hostelero.

  Como las cosas no están tan claras, en este blog limitaremos nuestro interés a los artefactos en que el material se muele entre dos piedras, gracias al giro de una respecto a la otra. Excluimos, así,  las modernas fábricas que muelen entre rodillos de acero, o los molinillos de café, por ejemplo. La parte fundamental de un molino es, para nosotros, una pareja de piedras en forma de disco grueso, o cilindro aplanado; la inferior (o bajera) está fija, y la superior (o volandera), gira gracias a algún mecanismo. La piedra volandera tiene en su centro un agujero cilíndrico por el que entra el material a moler; el giro lo atrapa e impulsa entre las dos piedras, y el material molido sale por la rendija que queda entre ellas, por todo el perímetro.

  ¿Y ya está? Bueno, básicamente sí. Luego están los detalles, que se irán desgranando poco a poco (entrada a entrada) en este blog, y que dan para mucho. Pero, por hoy, sólo un par de cosas más: ¿de dónde sale la energía para mover la piedra volandera? Y, ¿qué se molía en los molinos de Cantabria?


Molino de mano hallado en la excavación arqueológica del asentamiento prerromano de "El Cincho, en Yuso (Santillana del Mar). Fotografía tomada del panel explicativo del yacimiento.

  En los molinos de mano, la piedra volandera se movía "a brazo", con ayuda de un palo hincado en su perímetro. Eran molinos domésticos, de cincuenta o sesenta centímetros de diámetro, como mucho. No hay duda de que se utilizaron en la Cantabria prerromana, y tal vez llegaron hasta mucho más acá.

  Los molinos de sangre funcionaban con la fuerza animal, normalmente de una caballería que daba vueltas alrededor del artefacto, como en las norias. No tengo noticia de ninguno en Cantabria, aunque me caben pocas dudas de que existieron. Asno de molino, andar andar y no adelantar camino, dice el refrán.

  Hubo también, en épocas más o menos cercanas, molinos de motor, que no debieron ser muchos. Está documentado, que yo sepa, el molino de San Antonio, que funcionó durante unos pocos años a mediados del siglo pasado en Cueto (Santander).


Según parece, la zona de Los Molinucos, cerca de Cabo Menor (Santander) debe su nombre a dos molinos de viento que existieron en las cercanías.

  También existieron molinos de viento. Se han documentado  varios; en Santander  (dos en La Atalaya, y otros tantos en Cabo Menor), y en las cercanías de Santoña. Especial mención merece el que hubo en la Sierra del Molino de Viento, entre Arnuero y Meruelo; que, sin duda, estaba activo a comienzas del siglo XIX.

  Pero desde luego los más importantes en nuestra región fueron los molinos hidráulicos, movidos por la fuerza del agua. Y, dentro de ellos, distinguiremos los molinos de marea y diferentes tipos de molinos de río, de los que hubo enorme abundancia.


Molino de marea de Santa Olaja (Arnuero)

  ¿Y qué molían? La inmensa mayoría, la cosecha local de grano (desde el siglo XVII, fundamentalmente maíz), para consumo familiar.



  Pero también hubo molinos que trabajaban grano importado de Castilla, o de otros lugares; abundaron en las cercanías de los puertos principales (Santander, Laredo, Santoña, etc.), o de las vías de penetración desde el Sur (por ejemplo, el Camino Real de Castilla, desde mediados del siglo XVIII).



El que fue "Molino de pimentón", en Bezana

  Pero, además, hubo molinos que trabajaron otras cosas; casi cualquier producto que se pueda moler entre dos piedras: alimentos como el chocolate o el pimentón.


Ruinas del "Molino de chocolate", en Cabezón de la Sal

  O minerales como el yeso, o la baritina...


El "Molino de yeso", en las cercanías de Villanueva de la Peña. Actualmente es un alojamiento rural.

  Además, los ingenios hidráulicos podían cambiar de ramo con cierta facilidad: molinos que se convertían en ferrerías (o viceversa) 


La antigua "Ferrería Mayor de La Magdalena", en LLerana, fue sucesivamente fábrica de chocolate y molino harinero.

  O en batanes, o serrerías, o "fábricas de luz".


"La Deseada", en Ruente, es una "fábrica de luz" que funciona en lo que fue molino harinero.

  O dedicaban el ingenio giratorio a tornear las grandes ruedas de afilar que se usaban antiguamente.


Piedra de afilar, a la puerta de un antiguo molino de Parbayón.

  Cambios que, con frecuencia, dejan su huella en el propio edificio o sus alrededores; o en la toponimia, que, según vamos comprobando, es más fiel que la memoria consciente de la población.


Cerca del nacimiento del Ebro existió un batán que desde entonces da nombre a su zona. Más tarde hubo un molino: el "Molinuco de Batán".