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martes, 19 de diciembre de 2023

Los molinos de Oreña

   "Conosçida cosa sea a todos quantos esta carta vieren como yo Martin Royz, fijo de Roy Martinez de Mesiegos, otorgo e conozco que vendi a vos Martin Royz de Torriente, mio suegro las dos terçias de toda quanta parte yo avia en los molinos de Santa Coloma Doreño, assi la parte que yo gane en ellos por el fechisco que yo fiz, como la parte que yo compre a Roy Gutierrez de Bo, esto vos vendi por dozientos e ocho maravedis de la moneda de la primera guerra, de que me otorgo por bien pagado asi que ninguna cosa non finco por pagar (...) Fecha desta vençion domingo veynte e nueve dias de abril, era de mill e trezientos e treynta e cuatro años (...)



  La que fue Iglesia de Santa Coloma de Oreña es hoy la Ermita de San Bartolomé, en el barrio de Caborredondo.



  En la fotografía aérea de la izquierda (de hacia 1957) se han señalado la ermita (al norte) y el molino (al sur); la distancia entre ambos es de unos escasos quinientos metros. La fotografía de la derecha es de 2023, y en ella vemos que el molino ha desaparecido.



  Arriba a la izquierda, los edificios del molino, junto al arroyo de la Cueva del Valle. En algún momento entre 1957 y 1986 desaparecen casi todos, como puede verse a la derecha. La fotografía de abajo corresponde a la situación actual; aparecen nuevas edificaciones en torno a la que quedaba, pero no donde estuvo el molino.



  Aquí, entre estos árboles, estuvo durante siglos el molino de Santa Coloma de Oreña.



  Además del recuerdo, del molino quedan unos pocos restos. El retazo de muro es el del costado izquierdo del cárcavo. A la altura de su coronación estuvo la sala de molienda, y esa misma altura fue la de la primitiva presa. Escasa reliquia de una pieza no despreciable de nuestra arqueología industrial, destruida casi por completo hace no muchos años.



   La Virgen de la Guía. La ermita, la casa del molinero, el molino; y, muy cerca, el puente viejo. Todo el conjunto es de origen medieval, y está situado en el arroyo de Rojería, entre los barrios de Viallán y Bárcena.



  No existe ya la pequeña presa que desviaba el agua hacia la antepara. En esta podemos ver unos tajamares, que no suelen verse en los molinos más modernos.



  El edificio del molino, con cárcavo adintelado, junto a la casa del molinero. Los saetillos y los rodeznos, de acero, están deteriorados.



  La sala de molienda era amplia y luminosa, con dos muelas y los correspondientes aparejos. Y, escritas a lápiz sobre la cal de las paredes, las cuentas del molinero...


  Y, siguiendo el arroyo aguas abajo, casi al borde del mar...


  "registraban sus ojos el brusco desgarrón del suelo, donde más al Oeste parece enterrado el molino de Serranera, cuyas rudas muelas alzaban su monótono son en el mustio silencio del día"

  Así lo vio Amós de Escalante en su novela "Ave Maris Stella", ambientada en la Cantabria del siglo XVII. Pero el molino es mucho más antiguo; desde luego anterior al 25 de marzo de 1501, en que  Fernando Diaz de la Portilla y su mujer María Gutierrez, de una parte, y el Cabildo de Santillana, de otra, se avinieron a la solución del pleito que habían mantenido sobre la propiedad de los molinos de Serranera, mediante el pago de una renta

  "perpetuamente, para siempre jamas, veynte çelemies de todo pan, mitad escanda e trigo e mitad borona, pagados el dia de Sant Martin de Novienbre de cada un año, e en caso que los dichos herederos y suçesores universales de los dichos Fernando Diaz y su muger, al dicho termino y en la forma de suso non lo quisieren pagar los dichos veynte çelemines de pan en cada un año, que sean obligados a dexar libres e desenbargados a los dichos señores Prior y cabildo las dichas azeñas, molinos e molineras con sus presas, aguas estantes e corrientes como dicho es, moliendo e corriendo en el punto y estado en que estan oy al tiempo del  pronunçiamiento de esta nuestra sentençia, que es en una casa muelen dos ruedas e en otra casa muele una"


  Pero claro, desde 1501 muchas cosas han cambiado; y ya no hay dos "casas de molino", sino una sola. Aquí la vemos, y también el grueso muro de la presa, parcialmente desmantelado.



  El edificio del molino, con dos estrechos cárcavos adintelados. Los saetillos y los rodeznos, de acero, están deteriorados. Y el agua, que ya no atraviesa el molino, sale ahora por el aliviadero de la presa.



  Y la sala de molienda, usada como trastero, pero muy bien conservada hasta en sus menores detalles



... y todavía nos queda el breve, pero hermoso y casi impracticable recorrido hasta el mar...


martes, 18 de octubre de 2022

 

   El muchacho, casi un niño, trota diligente tras el borrico. Es la primera vez que va solo al molino y confía en hacer bien su mandado. No se va a dejar engañar por el molinero; y si llega el primero a moler, en unas pocas horas habrá vuelto a casa.

  Pero siempre es difícil ser el primero en algo. En estos instantes, el molinero esta iniciando la molienda: una carga que le dejaron ayer a última hora personas de su confianza; casi de la familia, y aún así parecían dudar antes de marcharse. Qué difícil es que alguien se fíe de la honradez del molinero. Ayer mismo lo hablaba con un paseante; un pintor, dijo que era



"El molino". Boceto de Agustín Riancho

  El pintor ha madrugado, y mientras espera a que haya buena luz trabaja sobre el boceto que hizo ayer; lo cuadricula para pasarlo al lienzo. Todavía un borrón del cuadro que está ya en su cabeza. 


"Junto al arroyo". Agustín Riancho

Tararea, mientras, una coplilla que le viene a la mente:

Tiene la molinera
sortija de oro
que el agua del molino
lo paga todo.

Es una tonadilla popular, con aire de jota, o algo así, cree.





Algunos figurines de personajes del ballet "El corregidor y la molinera, o El sombrero de tres picos", de Manuel de Falla

  Mientras esto ocurre, otra es la música que suena en la cabeza del sabio historiador: la de "El corregidor y la molinera", del maestro Falla. Se ha despertado con ella en la cabeza, tal vez porque ha soñado algo. Y dentro de un rato, sueños aparte, estará una vez más en el Archivo, entre esos queridos papeles del siglo XVIII que le intrigan. Se puede rastrear en ellos la existencia de muchísimos molinos en lo que hoy es Cantabria; mil, tirando por lo bajo. Y le intrigan porque en el momento, ya bien entrado el siglo XX, hay muchos menos, a pesar de que toda la población rural, tan numerosa, sigue alimentándose con el grano que lleva al molino...



Los molinos de Ubiarco, en el Catastro del Marqués de la Ensenada


  -¡Maquileros!
  El grito viene desde la izquierda del camino, y hacia allí miran Juanín y Justita por si hay que esquivar alguna pedrada. Pero no, solo son Pedrito y Lupe; vale la pena responder al insulto:
  -¡Naberos!
  Porque, ya se sabe, los de Tagle son comedores de nabos, y si llaman maquileros a los de Ubiarco es por ofenderles, porque "molinero maquilero, ladrón primero". Una tontería, porque en Ubiarco no hay molino. De sobra saben Juanín y Justita que el maíz se lleva al molino de Serranera, más allá de Calderón. (Lo que no saben es que, antes de nacer ellos, había en el pueblo dos molinos funcionando, y otro más antiguo; y que el mote de "maquileros" ha durado más que los molinos)...



Ruinas de un molino, en Ubiarco


  A Rebe, mientras trabaja, a veces le asaltan los recuerdos. Hoy, sin ir mas lejos, le ha venido a la memoria su imagen de hace muchos años, desgranando maíz sobre una artesa, con toda su familia de entonces en un espacio en penumbra donde una bombilla solitaria colgada del cable arrancaba destellos dorados de los granos. No recuerda de qué hablaban, pero sabe que era una conversación lenta, con largas pausas. Y que, noche tras noche, se iban despoblando los rimeros de panojas que colgaban en la solana, y se iba llenando el saco que alguien llevaría al molino.

  Rebe cierra con doble vuelta de llave la puerta del molino. Lo hace mecánicamente, forma parte del rito. Acaba de terminar la visita guiada que precede a la pausa del mediodía, y los turistas ya se van, rodeando la antepara; satisfechos, al parecer. Mariana habrá cerrado ya la ferrería, y la estará esperando para ir a comer. Hablará con ella de esas imágenes de un mundo muerto que merece ser recordado.



El molino de Cades


  Imágenes que nos resultan ajenas, no tanto por el paso del tiempo como por los cambios en las costumbres. ¿Qué ha sido de todos aquellos molinos? Alguno hay todavía funcionando. Otros, mejor o peor, se conservan reconocibles, rodeados de belleza. 


Molino del arroyo de Luaña


  Muchos están en ruinas; algunas de estas, invadidas por la naturaleza, son muy bellas. De otros muchos solo queda huella en el recuerdo o en la toponimia, o tal vez ni eso siquiera.



La toponimia es, a veces, lo que queda de un molino ya desaparecido


  Propongo este blog  para divulgar el conocimiento de los molinos de Cantabria. Con lo que estamos aprendiendo sobre ellos. Y con los conocimientos de quienes entren en él, hagan comentarios y den noticia de molinos, ruinas, recuerdos... de un mundo hermoso que merece ser conocido. Al final de  cada entrada de este blog encontrarás espacio para hacer comentarios; y, además,  puedes escribir a molinosdecantabria@gmail.com, y mandar fotos, noticias, recuerdos... Lo que quieras, para este blog que coordinaré para que lo hagamos entre todos. Y empiezo por agradecer el apoyo que voy encontrando en este asunto de los molinos. Por ejemplo, el de Ramines Lavín. ¡Gracias, Ramines!