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viernes, 3 de julio de 2026

054 Los molinos del Saja, 12, y del Besaya, 1


   A partir de su confluencia en Torres, el Saja y el Besaya tienen un breve recorrido de unos cuatro kilómetros, antes del punto en que se siente la influencia de las mareas, donde se convierten en la Ría de San Martín. En ese corto tramo fluvial, una presa, a la altura de Riaño, desvía una parte del caudal hacia un canal que sirvió durante siglos al molino de Barreda, hoy desaparecido. En la foto puede verse, al fondo, la presa, y en primer término, hacia la derecha, la entrada del canal.


  Este curioso documento, fechado en 1887 y relativo a la construcción de un puente sobre el canal, da fe de la existencia en Barreda del "molino de harina y fábrica de chocolate" (el norte, hacia la izquierda del plano).


  Pero el molino estaba ahí desde mucho antes; en el Catastro del Marqués de la Ensenada, de mediados del siglo XVIII, se mencionan dos molinos en Barreda; entre los dos sumaban diez ruedas. En este esquema podemos verlos, junto con su presas, calceras y compuertas, además de otros detalles, no siempre fáciles de identificar en la topografía actual del río.


  Volvemos a ver esos dos molinos (llamados "de Barreda" y "de Entrambasaguas"), y algunos más, en este otro esquema, que comprende ya el primer tramo de la Ría; el molino representado junto al borde derecho era el molino de mareas de Hinojedo.


  La leyenda del plano anterior ofrece datos adicionales interesantes.


  El molino de mareas de Hinojedo no era el único en su especie; había otras tres en Cortiguera, cuatro en Polanco, dos en Cudón y otros dos en Miengo. De todo ello quedan pocos restos identificables, como estos muros del molino de El Espino, en Cortiguera.


  Había también molinos en los arroyos que desembocan en la Ría, y algo queda, pero no mucho. Aunque en Rinconeda hay una "calle del molino", el molino ya no está; o quizá esté bajo una variante de la carretera que cruza el arroyo. Tampoco hemos podido encontrar el que hubo en Mar, ni los dos de Ongayo. Sí los dos de Hinojedo, sobre el arroyo que en los mapas llaman "de Borrañal", aunque es más conocido por "La Churrata". En la foto vemos el llamado "Molino de Sala"; hubo en ese lugar un molino desde hace varios siglos, aunque el edificio actual es del siglo pasado.


  La presa del molino de Sala, como tantas otras, ha sido destruida. En sus restos puede verse claramente el modo de construcción: hormigón ciclópeo, con cantos de río.


  También sobre La Churrata, ya cerca de su desembocadura, este molino de San Martín, de construcción moderna, está en el lugar que durante siglos ocupó el llamado "Molino de Lastra". Vemos en la foto su fachada trasera. La antepara era poco profunda, y las troneras estan cegadas con hormigón, salvo una que sirve de ventilación al sótano en que se ha convertido lo que fue el cárcavo.


  El agua llegaba a la antepara por debajo de la calle, por estas dos troneras.


  En el jardín del que fue molino sirve de decoración este mecanismo que dice claramente que, además de moler, se cumplía aquí alguna otra función; tal vez producir electricidad.

martes, 31 de enero de 2023

Azudes

   ... y conviene buscar comodo pa que tenga cayda la agua porque no tuviendo cayda no se puede hazer nada... , dice el anónimo autor de un manuscrito de comienzos del siglo XVII: Los Veinte y un Libros de los Yngenios y Maquinas de Iuanelo.

  Como hemos visto en anteriores entradas (La gestión del agua), los molinos  de río funcionan gracias al choque de un chorro de agua contra la rueda hidráulica; y la fuerza del chorro depende de un desnivel, que, a su vez, se consigue interponiendo un obstáculo en la corriente: el azud.


  Cuando el río es poco caudaloso y la topografía lo permite, el azud puede ser la propia pared posterior del molino; como en este Molino de Sindo, en La Molina (Puente Viesgo). 


  La pared posterior del Molino de Sindo y dos muros laterales forman un gran vaso o antepara de profundidad suficiente para que los chorros de agua de los saetillos (dos, en este caso) muevan los rodetes y, por consiguiente, ambas ruedas volanderas. El nivel máximo de agua en el cubo es el del río, en la entrada; a partir de ahí, el agua sobrante se derrama por un costado del molino; o bien, se cierra la entrada con una compuerta, si se pretende mantener vacía la antepara (como está ahora).


  Se trata de una solución que por su sencillez puede funcionar muy bien, pero que resulta arriesgada si el río tiene crecidas importantes. En este molino de Cigüenza (Alfoz de Lloredo) podemos ver una de las paredes laterales (en la que se situaba la puerta), y restos de la presa, que, al derrumbarse, causó la ruina del edificio.

  Se comprende que es mucho más habitual que el azud esté separado del molino, a una distancia mayor o menor, dependiendo de la pendiente del terreno. Si la pendiente del terreno es pequeña, hace falta un recorrido mayor de la calcera para conseguir el desnivel necesario en el molino; aunque es verdad que se podria sacar destos tales rios agua por cequia que llevandola tanto camino que se le allaria cayda mas seria mucho gasto y muy descomodo aver de yr muchas distancia de tiempo para aver de moler y a mas desto quando una cequia es muy larga siempre ay que estar adobando por donde se offrescen grandes gastos y muchos estorvos, como dice el anónimo autor de "Los Veinte y un Libros de los Yngenios..."


  Azudes y molinos en el tramo final del Saja-Besaya, a la altura de Barreda e Hinojedo a comienzos del siglo XVIII. Los azudes servían también para retener a los salmones para su pesca, que tenía gran importancia económica en tiempos preindustriales.

  Muy probablemente la mayor parte de los azudes eran construcciones precarias que se reparaban o reedificaban frecuentemente, amontonando piedras del propio álveo del río; o, en fondos fangosos, clavando estacas y trenzando sobre ellas mimbres o varas de avellano.


  Esta es una barrera para proteger las orillas de la ría de Requejada; pero puede darnos una idea de la disposición de estacas y zarzos en los azudes.


  La utilización de maderas en la cimentación de azudes y otras edificaciones puede que haya sido más frecuente de lo que en general se supone. En esta fotografía vemos la hilera de estacas (cubiertas por el agua salvo en mareas muy bajas) en que se fundamenta un dique de mampostería en la Ría de La Rabia (Valdáliga).


  Cuando la obra era importante se prefería, si era posible, construir sobre roca. Como, por ejemplo, en esta presa de Regolgo (Liérganes).


  En muchos casos se aprovechaban al máximo las posibilidades del terreno; como en este azud de Yera (Vega de Pas) construído al borde de una cascada. El agua se deriva hacia el molino por el calce (a la izquierda de la foto).


 Muchos azudes son construcciones humildes en que lo más notable es el ingenio de sus constructores; pero también hay obras de envergadura; como esta presa de grandes sillares del Molino de la Herrería, en Cigüenza (Valdáliga).


  A veces son una nota muy distintiva en el paisaje. Por ejemplo, este azud de La Cueva (Roiz,Valdáliga).


  Y esta es otra de las influencias de los azudes en el paisaje: masas de agua quieta, como esta, causada el azud que vimos en la foto anterior.