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miércoles, 23 de septiembre de 2026

058 Los molinos del Besaya, 5. La Media Hoz y Palacio


   En un corto tramo, el río Besaya marca el límite entre los municipios de Cieza y Arenas de Iguña. En el margen derecho de ese tramo, casi enfrente de la desembocadura del río de Cieza, está el molino de la Media Hoz, o de Bostronizo.  El edificio se conserva relativamente bien, y también un buen trozo de calcera, todo ello rodeado de espesos zarzales.


  En su fachada norte pueden verse dos arcos de medio punto.


  Y, en el interior, los dos pares de ruedas.


  El cárcavo está enfangado. Los rodetes eran de acero, y también los demás mecanismos, relativamente modernos.


  Seguimos remontando el Besaya hasta encontrarnos con el río de Los Llares, su afluente por la izquierda. Aunque no nos cabe duda de que en su entorno hubo más molinos, solo encontramos los restos de uno cerca de Palacio. Fue un edificio de una cierta nobleza y singularidad. Nos dicen que  dependía del palacio de Las Fraguas.


  Se alimentaba de las aguas de un corto arroyo, tan pequeño que en ningún mapa encontramos su nombre y, en la mayor parte de ellos, ni siquiera el arroyo. Sin embargo, lleva agua suficiente para mover una rueda, a pesar de que lo visitamos en plena sequía. El arroyo dirige su corriente hacia la derecha de la foto, donde hay una pequeña presa, en la que una compuerta, probablemente de madera, se insertaba en una ranura (CO en la foto) y regulaba la altura del agua. En el pequeño muro que vemos de frente hay un boquerón, ahora casi cerrado con losas (B) que da paso a la calcera (CA).


  La calcera, amplia y con paredes de piedra, se conserva relativamente bien.


  No así el interior del molino, que tenía dos plantas más el cárcavo. En la planta principal se distinguen dos pequeños espacios: una especie de pequeña cocina, y el molino propiamente dicho al fondo.


  Vista parcial del cárcavo y de la sala de molienda. Permanece en su lugar una de las dos vigas que soportaban el peso de las muelas; la otra está abajo, caída. El tillado de la sala de molienda ha desaparecido totalmente, pero las ranuras en las paredes laterales muestran cual fue su posición. La pared del fondo es la de la antepara; el boquete que hay en ella  debía estar justo por encima del nivel del agua; tal vez se pensó como aliviadero de emergencia, cuando ramas u otros obstáculos en la presa hacían subir el nivel del agua por encima de lo debido. Las dos ruedas ocupaban casi por completo el pequeño cárcavo, y los dos saetillos están en posición central, de modo que las ruedas debían girar en sentidos opuestos: la izquierda en sentido horario y la derecha en sentido antihorario.


  En el fondo del cárcavo vemos una de las muelas, todavía unida a un trozo del eje.


  A la izquierda, la rueda solera, gruesa, unida a un trozo del eje. A la derecha, la mitad de la rueda volandera, muy delgada ya, que sin duda se rompió en la caída; la otra mitad permanece encima de la rueda solera. Deducimos que en sus últimos tiempos ya solo estaba montada la muela izquierda; cuando el peso de la muela hizo que cayera una de las vigas que la soportaban, el eje, al tiempo que se rompía, empujó hacia arriba la piedra volandera, que se rompió en dos y una de las mitades cayó mientras la otra permanecía en su posición, encima de la rueda solera, donde se encuentra todavía. En la pared del fondo, el saetillo derecho  vierte agua, mientras que el izquierdo permanece cerrado por su mecanismo, al parecer intacto.


  La espada sigue clavada en el ojo de la piedra solera. A la izquierda (es decir, arriba cuando todo estaba en su posición de trabajo), la nadrija que soportaba el peso de la piedra volandera. Tal vez convenga recordar lo visto en la "entrada 004 ...para mover las piedras".


  La nadrija, en este caso, se aparta de la habitual forma de palomilla.


  En conjunto, la ruina del molino adopta este curioso aspecto. El molino se situó, muy inteligentemente, aprovechando el brusco desnivel de una terraza fluvial, de modo que el fondo del cárcavo está al nivel de la llanura aluvial, y la planta principal del molino (es decir, la sala de molienda y la "cocina"), en la terraza; en este mismo nivel está la gruesa viga que adintela la boca del cárcavo (en la parte media derecha de la foto), sobre la cual se situaría, en su día, una pared de ladrillo. Otras paredes, de piedra y de dos plantas de altura, permanecen relativamente enteras. El arroyo vendría desde el fondo (más allá del molino, donde se sitúa la presa), y, por la izquierda de la ruina, viene a precipitarse hasta el punto en que se ha hecho la foto, algo más abajo del nivel del cárcavo.