Indice temático

martes, 8 de agosto de 2023

Puntualizando, 3


   Cuando éramos pequeños oímos contar un trágico suceso que deseamos con todas nuestras fuerzas que no sea cierto: un molinero (no sabemos quién, ni dónde) había envenenado a todo un pueblo porque, inadvertidamente, había molido plomo, que se había mezclado con la harina. Nos hemos acordado al ver esta piedra volandera que, en Ancillo (Argoños) recuerda la actividad de los molinos de mar. Más en concreto, al fijarnos en la pequeña grieta que puede verse en su parte izquierda.


  Aquí lo vemos mejor: un corto tubo de hierro se ha fijado a la piedra (astillada) con un metal fundido (que deseamos que no sea plomo, aunque lo parece).
 En la entrada 4 (Mover las piedras) vimos cómo con el sencillo mecanismo de la cabria puede levantarse la piedra volandera, sujetándola por unos agujeros diametralmente opuestos en su borde. Y, claro, si la piedra se rompe o se astilla alrededor del agujero, ya no se la puede mover con ayuda de la cabria, y volverla para el picado se vuelve una operación tan complicada que más vale desechar la piedra. Y pueden entrar tentaciones de repararla...


  ¿Se siguió utilizando la piedra? ¿Llegó a molerse algo del metal? ¿Es plomo?

martes, 11 de abril de 2023

Molinos de mar

  -Otra vez sin agua, Tio Tonio.

  -Otra vez, Manuel.

  -Y mire si sobró agua en la riada pasada.

  -Como el molino de Celada. "O mucho, mucho, o nada, nada".

  -¿Qué molino es ese, Tio Tonio?

  -P'hacia Castilla está, creo. Pero como él somos muchos.

  -Menos los de la mar. Ahí nunca faltará el agua.

  -¡Eeeh! Muy deprisa lo has dicho.

  -¡Pero Tio Tonio, no me irá a decir que el mar tiene sequías!

  -Sequías no, pero no creas que todo es jauja.

  -¿Pero usté conoce esos molinos?

  -En uno estuve, y bien aperreao, antes de estar en este.

  -Pues cuente, Tio Tonio.

  -¿Qué te voy a contar? Primeramente, que de eso no vives si no tienes otra cosa. Yo estaba también de destripaterrones en unas fincas del mismo dueño, y en el molino trabajaba a rachas.

  -¿Cómo a rachas? ¿A turnos?

  -A turnos cuando las mareas eran vivas, durante  unos días. Y luego venían días de mareas muertas, o sea, flojas, en los que el molino no trabajaba.

  -Ya. Y eso eran como las sequías. Pero por lo menos no había que limpiar la balsa.

  -Pues otra vez te estás equivocando. Que había mareas que metían fango, más del que sacaban, y cada tanto había que mover el barro y arrimarlo al muro.

  -¿Al muro?

  -Un muro muy largo de piedronas grandes, que con el barro que le arrimábamos hacía como si dijéramos la presa.

  -Y sería duro, eso.

  -Con los pies descalzos y los pantalones arremangaos, y suerte si hacía bueno. La vida nos daba la pesca que hacíamos.

  -¿La pesca?

  -Claro. Los peces que entran con la marea no pueden salir cuando la marea bajante cierra las compuertas. Esos días comíamos pescado, nos podíamos quedar con los que encontrábamos entre el barro.

  -¿Esos días? ¿Y los demás días?

  -La balsa era una pesquera, Manuel. El pescado era para la mesa del amo, y lo que sobraba se vendía.

  -Y usté lo miraba pasar...

  -Yo esperaba a los días de desempalago para comer algo más que alubias. Y no me quejo, que hambre casi nunca pasé.

  -Y siempre ha habido ricos y pobres, ¿no, Tio Tonio?

  -Pues eso.


  Los molinos de mar, o de marea, funcionan como los de río, salvo en un detalle: el desnivel necesario para que el agua mueva la rueda hidráulica está causado por las mareas. El dispositivo consiste en una gran balsa con una o más compuertas de eje horizontal, que se abren automáticamente por el empuje del agua en la subida de la marea, y se cierran cuando esta empieza a bajar. Cuando el desnivel es suficiente para el funcionamiento del molino se abren manualmente los saetillos y las ruedas empiezan a funcionar, y podrán seguir haciéndolo hasta que la marea ascendente haga disminuir de nuevo el desnivel entre el mar y la balsa. Esto puede significar medio ciclo mareal (unas cinco o seis horas) en las mareas vivas; o, tiempos menores, según la altura de la marea. Con mareas muertas, el molino no funciona. Por eso en España los encontramos solo en la fachada atlántica; y por eso no funcionaban todos los días. Unos cincuenta días al año podía ser lo normal, si estaban bien diseñados; pero también podían ser muchos menos.



  ...sobre las aguas deel mar ai un molino arinero de seis rruedas propio de Dn Fernando de la Riva, muele solo con mareas vibas dos oras cada mes y solo una rueda... (El molino de Gajano, a mediados del siglo XVIII. Tal vez estaba mal diseñado, o tal vez perdía mucha agua por  tener el dique descuidado.).


  Rodeznos del Molino de santa Olaja, en Soano (Arnuero). Cuando la marea haya bajado lo suficiente, desde la sala de molienda levantarán la paleta para abrir el saetillo, y el rodezno comenzará a girar, moviendo la rueda volandera para moler...


  Vista parcial de la gran balsa del Molino de Castellano, o del Conde, en Isla (Arnuero). Hacia el fondo, el muro que separa la balsa de la Ría de Ajo. A la derecha del muro están los restos del molino.


  El Molino del Conde, o de Castellano, desde el lado de la balsa. Son perfectamente visibles los tajamares que flanquean las bocas correspondientes a las ocho ruedas que tuvo el molino. A la derecha, casi en el borde de la foto, se ve la compuerta de entrada de agua en la balsa; y a la izquierda se ve el detalle del muro de mampostería de cal y canto. Es notable la calidad de la construcción de todo el conjunto.


  Interior del Molino del Conde. Pueden verse, sobre los arcos del cárcavo, los huecos en que se empotraban las vigas que sostenían las muelas y el suelo de madera de la sala de molienda.



  El molino de La Venera (al fondo de la Ría de Ajo) se construyó con el mismo diseño y en la misma época que el molino de Castellano. Molió desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del pasado siglo; conserva buena parte de la maquinaria, y ha sido cuidadosamente conservado por la familia propietaria.



  El Molino de Santa Olaja, en Soano (Arnuero) es otro de los que funcionaron hasta tiempos relativamente recientes; sin embargo, llegó a ser una ruina antes de la cuidadosa restauración, gracias a la cual hoy puede visitarse, y verse su funcionamiento.


  Los ejemplos anteriores pueden llevarnos a creer que los molinos de marea eran muy pocos, y siempre el resultado de grandes inversiones en edificios y muros; pero no  era así. En las costas de Cantabria se han contabilizado no menos de noventa de diferentes épocas. Hacia 1750, según el Catastro del Marqués de la Ensenada (el mejor registro que tenemos) funcionaban en Cantabria sesenta molinos de marea; no es exagerado decir que en cualquier rincón aprovechable de nuestras rías había un molino de marea. De la mayor parte de ellos no quedan restos reconocibles; pero los había grandes, y también de dos ruedas (es decir, bastante modestos). Y entre los que, restaurados o no, pueden verse hoy en día, hay bastante diversidad, tanto en tamaño como en calidad de la construcción. Es muy posible que muchos de los diques que no se conservan fuesen de materiales perecederos: estacas, zarzos. Y el barro adosado al dique era seguramente importante para la estanqueidad, fuera cual fuese la calidad de la construcción del muro.


  El Molino de Rivero, en Ancillo (Argoños), aunque de aspecto parecido a los de Venera o Castellano, era de una calidad arquitectónica claramente menor (tanto el edificio como el muro).


  Los arcos del Molino de Rivero eran de sillarejo. Solo se conserva uno de ellos.


  El Molino de Cerroja, en Escalante, tiene otra tipología muy distinta de los anteriores: más compacto, y sin tajamares. Se le suponen cerca de mil años de historia, a lo largo de la cual sin duda habrá sufrido muchas modificaciones, incluida su restauración en tiempos recientes, después de haberse arruinado tras el cese de su actividad hacia mediados del pasado siglo.


  El Molino de Jado, en Ancillo (Argoños) también molió hasta tiempos relativamente recientes. Ha sido restaurado, y conserva las dos turbinas que funcionaron en su última etapa. Puede verse la compuerta, a la derecha del edificio del molino.


  Muy cerca del anterior, este es un buen ejemplo de molino de marea modesto: pequeño (tal vez de dos ruedas), con cárcavo adintelado, y una pequeña compuerta que estaba integrada en el propio edificio.


  En los ejemplos anteriores puede verse, o adivinarse al menos, el aspecto que debió de tener el molino. Pero no es así en todos los casos: la obra hidráulica del Molino de El Espino, en Cortiguera (Suances) está oculta por los fangos. Una limpieza que retirase parte de ellos bastaría para revelarla.


  En la Marisma de Pombo (San Vicente de la Barquera), esta ruina, como otras, merece ser conservada, tal vez con unas obras de consolidación. Y, sin duda, de ella y de otras podríamos aprender alguna de las muchas cosas que nos quedan por saber sobre los molinos de marea que hubo en Cantabria a lo largo de la historia.

martes, 14 de febrero de 2023

Calces y anteparas

  Otra vez parado el molino. La última crecida acumuló un par de troncos en el azud, y ramas y hojarasca en la reja; y eso lo pudieron arreglar Manuel y el Tio Tonio, mientras Catalina se ocupaba de la molienda, que se le acumulaba al trabajo de casa. Pero lo peor es el barro que llegó hasta la antepara y que medio atascaba los saetillos. así que, entre rato y rato de molienda, el Tío Tonio daba toda la llave para que la fuerza del chorro limpiara algo, y así además se fue vaciando la antepara. Y ahora no ha habido otro remedio que vaciarla del todo, cerrando la entrada, y tirar de pala para sacar el fango. Y menos mar que, con el suelo de losa, no es tan difícil, pero aún así. Y luego nos dicen que el que trabaja es el agua, y nos miran mal cuando cobramos la maquila, piensa Manuel.

  Como vimos en la anterior entrada (azudes) ,lo más habitual es que entre el azud y el molino haya una distancia, mayor o menor, en la que el agua discurre por un cauce ( o calce, caz, calcera, acequia...)


  Calce del molino de Yera (Vega de Pas). Desde el azud, el calce tiene una pendiente menor que el río Yera (a la izquierda de la foto), para crear el desnivel necesario para el funcionamiento del molino.


  Los calces pueden medir desde unos pocos metros hasta varios kilómetros; como, por ejemplo, este que, partiendo del puente de Santa Lucía, recorre la llanura de Cabezón de la Sal dando servicio a molinos tan conocidos como el de Carrejo, el Molino de Chocolate, y varios más, antes de volver al Saja al norte de Ontoria. El mapa es de 1937.


    O el calce que vemos en esta foto, que recorre el fondo del valle de Cabuérniga desde Renedo hasta Sopeña


  A veces, el calce era en sí mismo una obra compleja, con tramos excavados y con muros de contención. Como este de Riaño, en la Hermandad de Campoo de Suso.


  O podía pasar bajo pequeños túneles, como el del Molino de Mercadillo, en Liérganes.


  Otras veces era una simple excavación, que, con el tiempo, tiende a borrarse y a ser invadida por la vegetación, como en este molino de La Cueva (Valdáliga).


  Con cierta frecuencia, cuando el calce pierde su función se le hace desaparecer allanando el terreno para facilitar la explotación agrícola o ganadera de las fincas; como, por ejemplo, en este molino de Treceño (Valdáliga).


  También es bastante habitual que en algún punto del calce se coloque una reja para impedir el paso de ramas u otros sólidos más o menos gruesos. Como, por ejemplo, en La Ceña (Novales, Alfoz de Lloredo).


El calce suele ensancharse al llegar al molino, formando la antepara (o balsa, estanque...). Esta es la antepara (vacía) del Molino del Palaciuco, en San Felices de Buelna. Vemos, al fondo de la antepara, la boca por la que el agua pasará al saetillo (como se explica en El cárcavo).


  La antepara suele ser una construcción muy sólida, frecuentemente de piedra de sillería, con un suelo de grandes losas que facilitan la limpieza de los fangos que puedan llegar hasta ella. Esta es la del molino de Vejorís (Toranzo).


  Además de servir de balsa de decantación, la antepara es un reservorio de agua que puede mitigar, hasta cierto punto, la irregularidad de los aportes. Para evitar las pérdidas por filtración, podían calafatearse las juntas entre los sillares, o incluso embetunar toda la superficie. En este caso, en un molino de Cicera (Peñarrubia).


  Cuando el aporte de agua es mayor que el gasto del molino, el agua sube de nivel hasta rebosar por el lugar previsto para ello. A la derecha de la foto podemos ver el rebosadero de la antepara de La Deseada, en Ruente.


  En determinadas circunstancias, los molinos prescinden de la antepara, o la tienen muy pequeña. Es el caso, por ejemplo, de este molinuco de Lafuente (Lamasón), que se surtía de una fuente de origen cárstico, de caudal bastante regular. Podemos ver la pequeñísima antepara (más bien un cubo, véase  La gestión del agua), cubierta con maderos, a la derecha de la foto.


  El agua del molino normalmente volverá al río del que salió por otro cauce: el socaz. En la foto, el socaz de la ferrería y el molino de Cades (Herrerías).

martes, 31 de enero de 2023

Azudes

   ... y conviene buscar comodo pa que tenga cayda la agua porque no tuviendo cayda no se puede hazer nada... , dice el anónimo autor de un manuscrito de comienzos del siglo XVII: Los Veinte y un Libros de los Yngenios y Maquinas de Iuanelo.

  Como hemos visto en anteriores entradas (La gestión del agua), los molinos  de río funcionan gracias al choque de un chorro de agua contra la rueda hidráulica; y la fuerza del chorro depende de un desnivel, que, a su vez, se consigue interponiendo un obstáculo en la corriente: el azud.


  Cuando el río es poco caudaloso y la topografía lo permite, el azud puede ser la propia pared posterior del molino; como en este Molino de Sindo, en La Molina (Puente Viesgo). 


  La pared posterior del Molino de Sindo y dos muros laterales forman un gran vaso o antepara de profundidad suficiente para que los chorros de agua de los saetillos (dos, en este caso) muevan los rodetes y, por consiguiente, ambas ruedas volanderas. El nivel máximo de agua en el cubo es el del río, en la entrada; a partir de ahí, el agua sobrante se derrama por un costado del molino; o bien, se cierra la entrada con una compuerta, si se pretende mantener vacía la antepara (como está ahora).


  Se trata de una solución que por su sencillez puede funcionar muy bien, pero que resulta arriesgada si el río tiene crecidas importantes. En este molino de Cigüenza (Alfoz de Lloredo) podemos ver una de las paredes laterales (en la que se situaba la puerta), y restos de la presa, que, al derrumbarse, causó la ruina del edificio.

  Se comprende que es mucho más habitual que el azud esté separado del molino, a una distancia mayor o menor, dependiendo de la pendiente del terreno. Si la pendiente del terreno es pequeña, hace falta un recorrido mayor de la calcera para conseguir el desnivel necesario en el molino; aunque es verdad que se podria sacar destos tales rios agua por cequia que llevandola tanto camino que se le allaria cayda mas seria mucho gasto y muy descomodo aver de yr muchas distancia de tiempo para aver de moler y a mas desto quando una cequia es muy larga siempre ay que estar adobando por donde se offrescen grandes gastos y muchos estorvos, como dice el anónimo autor de "Los Veinte y un Libros de los Yngenios..."


  Azudes y molinos en el tramo final del Saja-Besaya, a la altura de Barreda e Hinojedo a comienzos del siglo XVIII. Los azudes servían también para retener a los salmones para su pesca, que tenía gran importancia económica en tiempos preindustriales.

  Muy probablemente la mayor parte de los azudes eran construcciones precarias que se reparaban o reedificaban frecuentemente, amontonando piedras del propio álveo del río; o, en fondos fangosos, clavando estacas y trenzando sobre ellas mimbres o varas de avellano.


  Esta es una barrera para proteger las orillas de la ría de Requejada; pero puede darnos una idea de la disposición de estacas y zarzos en los azudes.


  La utilización de maderas en la cimentación de azudes y otras edificaciones puede que haya sido más frecuente de lo que en general se supone. En esta fotografía vemos la hilera de estacas (cubiertas por el agua salvo en mareas muy bajas) en que se fundamenta un dique de mampostería en la Ría de La Rabia (Valdáliga).


  Cuando la obra era importante se prefería, si era posible, construir sobre roca. Como, por ejemplo, en esta presa de Regolgo (Liérganes).


  En muchos casos se aprovechaban al máximo las posibilidades del terreno; como en este azud de Yera (Vega de Pas) construído al borde de una cascada. El agua se deriva hacia el molino por el calce (a la izquierda de la foto).


 Muchos azudes son construcciones humildes en que lo más notable es el ingenio de sus constructores; pero también hay obras de envergadura; como esta presa de grandes sillares del Molino de la Herrería, en Cigüenza (Valdáliga).


  A veces son una nota muy distintiva en el paisaje. Por ejemplo, este azud de La Cueva (Roiz,Valdáliga).


  Y esta es otra de las influencias de los azudes en el paisaje: masas de agua quieta, como esta, causada el azud que vimos en la foto anterior.

martes, 10 de enero de 2023

Puntualizando, 2

 -¡Manuel!  

  -Mande, tio Tonio.

  -Estás moliendo demasiado fino.

  -¿Pues no es mejor cuanto más fino?

  -No, hombre, no. Si mueles tan fino, mueles también el salvado, y ya no habrá manera de separarlo por mucho que lo ciernas.

  -Pues así molí ayer la máiz de la tia Juliana. Así que vendrá luego con la queja.

  -Puede que sí o puede que no, que la máiz de la tía Juliana es para la torta, y ahí casi que no se aprecia, y hasta le cunde más. Pero el trigo de la panadera es distinto, que quiere la harina bien blanca y bien cernida.

  -Pues ahora mismo le doy al alivio.

    -Déjalo, hombre, que ya lo hice yo. ¿O te crees que me iba a quedar mirando? Te lo digo por la próxima vez, a ver si lo vas aprendiendo. Y arrima otro saco, que debe estar ya la tolva casi vacía.

  -En eso estaba, tío Tonio.

  Manuel, el molinero, con el saco al hombro, piensa en el cernido, y en el salvado que irá a parar al dornajo del chon de la panadera, que así está él de gordo y lucido. "Espalda de molinero y cerdo de panadera no se encuentran dondequiera", piensa.


   Pues sí, hay que puntualizar que si se muele muy fino la harina que se obtiene es integral, con todo el salvado y con el germen; y aunque ahora sabemos que es mejor (nutricionalmente hablando), no siempre se ha considerado así, y aún hoy se sigue prefiriendo en muchos casos la harina de flor, mejor cuanto más blanca. Y para lograrla, el molinero tenía que ajustar cuidadosamente la distancia entre las muelas: ni demasiada, ni demasiado poca. Y esto lo hacía, como ya vimos en "mover las piedras", con el alivio, con el que se sube o se baja el puente, en el que se apoya el árbol o eje de la piedra volandera.


En el Molinuco de Abajo, de Cucayo (Vega de Liébana) puede verse desde la sala de molienda todo el mecanismo del alivio. La tuerca (a la que se han soldado dos patillas), la varilla roscada, y el enganche al puente, que es el madero que se ve abajo, al fondo.


  El puente de madera sobre el que se apoya el eje de la rueda hidráulica se engancha (en este caso mediante una cadena) a la varilla roscada del alivio.

 En la misma entrada "Para mover las piedras" dijimos que en los molinos más modernos el espacio entre el eje de la muela volandera y el ojo de la bajera se cierra mediante un cojinete de bolas:


  Rueda solera con cojinete, procedente del molino (ya desaparecido) de Bárago (Vega de Liébana).

  Igualmente, en los molinos modernos, la nadrija podía no tener forma de aspa, sino otra que recuerda vagamente a una herradura:


  Rueda volandera con nadrija "moderna". Procedente del antiguo molino de Bárago (Vega de Liébana).


  A través del ojo de la piedra volandera vemos el aspa y la espada (muy corta, en este caso) que se hinca en el árbol o eje, que como vemos, ocupa prácticamente todo el ojo de la piedra solera (Molinuco de Abajo, Cucayo, Vega de Liébana).

  Seguimos puntualizando: en la entrada dedicada a  "la sala de molienda" nos centramos en el caso típico; que es, con mucho, el más frecuente, pero que puede tener excepciones como las que siguen:


  En lugar de apoyarse en el burro, la tolva está atravesada por un madero cuyos extremos se sujetan en dos postes, a ambos lados de las muelas. La foto es de la sala de molienda del Molinuco de Arriba (Cucayo, Vega de Liébana), y el Molinuco de Abajo emplea el mismo sistema.


  En ese mismo molino, la inclinación de la canaleta también se logra de modo distinto al habitual: mediante un listón que se fija a ella y a la tolva. La regulación se hace con ayuda de perforaciones en el listón:


  En cuanto a la cítola (o tarabilla, que también así se llama), es posible que no la hubiera, porque, al ser el conjunto relativamente endeble,  la vibración causada por el giro de la muela podría ser suficiente para que el grano avanzase por la canaleta.


  Tampoco había llave. El paso del agua se controlaba mediante una compuerta situada aguas arriba del molino


  Se hacía así porque en ambos molinucos de Cucayo se empleaba el primitivo sistema de hacer circular el agua por una canal inclinada para que cogiera velocidad antes de encontrarse con la rueda hidráulica (un rodete actualmente, pero tal vez antes fuera un sistema de rueda vertical y linterna (Véase una explicación más detallada en  "La gestión del agua").

  Detalles así dicen mucho de la capacidad de adaptación de los molinucos a nuevas técnicas y nuevos materiales, en la medida en que les ha sido necesario, sin que por ello hayan sufrido grandes cambios en su aspecto general. Al menos, eso parece deducirse de la diversidad que encontramos en los pocos que se conservan, verdaderos muestrarios de artesanía y saber popular.