En los pasados siglos, desde el XVIII, el agua del Besaya movía grandes factorías: fraguas, serrerías y fábricas de harina, y la competencia por las concesiones de aguas debió de ser grande; tal vez por eso no hay muchos molinos en el Besaya, sino más a menudo en sus afluentes. Así que desde Bárcena (donde hubo una fábrica de harina), remontamos el río Bisueña, y en Pié de Concha encontramos este hermoso conjunto, con el molino al fondo.
Las ruedas, de diferente tamaño, se han colocado como decoración en lo que ahora es un espacio para aparcar.
La calcera, ahora seca, hacía circular el agua por detrás de las casas alineadas al noroeste de la calle principal. Al fondo pueden verse los dos boquerones que dan entrada a la antepara.
La antepara está delimitada por un muro y por las paredes de las casas vecinas. Al fondo está el molino, en cuya pared pueden verse dos troneras por las que el agua llegaba a los saetillos.
La boca del cárcavo está adintelada con una viga de madera, sobre la que se apoya una pared de piedra.
Remontamos el río Bisueña y el Peñarrobla, hata Pujayo, donde encontramos las ruinas de este molinuco.
El conjunto está entre el arroyo y una ladera con fuerte pendiente, y los movimientos de tierra lo cubren parcialmente. En la foto puede verse el muro que limita la calcera por la parte izquierda (que da al arroyo), mientras que la parte derecha está invadida por tierras y vegetación.
Y lo mismo ocurre con la antepara; que es de piedra y está revocada con argamasa.
El arroyo se represa de forma natural en estos estratos de caliza, desde los que se inicia la calcera. No se ve señal alguna de recrecimiento artificial de la presa; tal vez una simple hilera de piedras sueltas.
El boquerón de entrada de la calcera era una combinación de la roca natural y grandes piedras sin labrar. A pesar de su rusticidad, debía ser eficaz para impedir el paso de ramas y otros restos vegetales.
Volvemos al Besaya y lo remontamos hasta su afluente por la parte derecha, el río Irbienza; el la localidad de Santa María de Aguayo está el molino en ruinas que vemos en la foto. La antepara, ancha y profunda, está separada del río por un recio muro que se ensancha cerca del molino.
Es notable la calidad de la sillería del tramo final de la antepara. En el muro del fondo (que es la parte trasera del molino) puede verse la posición de los dos saetillos.
En primer término, el edificio anejo al molino, y, al fondo, la sala de molienda, con los ejes de las dos ruedas.
Los ejes, de acero; el del fondo conserva la nadrija, "moderna", en herradura.
La boca del cárcavo tiene dos grandes dinteles de piedra, sostenidos por un pilar central; y sobre el conjunto se apoya la pared de piedra de la fachada principal del molino.
Una de las dos piedras del dintel, vista desde el interior.
Y, vista desde la trasera del molino y a través de sus restos, el detalle del apoyo de ambas piedras del dintel en el pilar central
No mucho más arriba del molino anterior (a la altura de Santa Olalla de Aguayo pero en la ribera opuesta) están las ruinas de este otro molino. En la foto vemos su fachada frontal, con el socaz hacia nosotros. El lienzo de muro de la izquierda era, al parecer, un reparo para proteger la entrada del molino de los vientos del noroeste.
Las mismas ruinas, vistas desde atrás. El muro que veíamos a la izquierda en la foto anterior lo vemos ahora a la derecha. A la izquierda, el molino propiamente dicho. Cerca del ángulo, la puerta del molino está escondida entre la vegetación.
La puerta, con jambas y dintel de piedra de sillería, y una de las ruedas, colocada tal vez para obstaculizar el paso al ganado.
Desde la misma puerta vemos el interior: lo que fue la sala de molienda y el cárcavo, con su arco de salida en piedra de sillería.
El exterior de la fachada principal. Puede verse que la pared de la izquierda es un añadido al conjunto.
Desde el ángulo opuesto a la puerta vemos los recios sillares de las esquinas, y lo que parece una reparación en lo alto del muro de mampostería.
La vegetación deja apenas entrever los sillares de la antepara.
La calcera, delimitada por un muro de piedra, está invadida por la vegetación.
Volviendo a remontar el Besaya, en Ventorrillo hubo dos fábricas de harina, una de las cuales, "La Montañesa", es actualmente el "Centro de Interpretación del Camino de las Harinas", recomendable para quienes estén interesados en el tema, porque reseña y explica las fábricas de harina a lo largo del Besaya https://cima.cantabria.es/los-caminos-de-la-harina. Los molinos solo son tratados de pasada, pero encontramos dos detalles de interés. Uno de ellos es este rodezno de chapa de acero. Hacemos notar que mientras que la corona de álabes tiene las uniones soldadas, las piezas que la unían a un eje (sin duda una viga de madera) están remachadas. ¿Significa eso que existía un taller, o fábrica, que hacía las coronas, y éstas,más tarde, se adaptaban a los ejes en talleres menores?
Otro detalle que nos parece interesante es la presa de la fábrica: era un pequeño recrecimiento de un salto natural. Una vez eliminado el recrecimiento, el salto es de mayor altura que muchos de los azudes que se destruyen para "asegurar la continuidad longitudinal...", o sea, básicamente, para permitir la circulación de la fauna acuática. Por fortuna, a nadie le ha parecido necesario destruir el resalte de roca o hacer una escala de truchas...



























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