El "Molino de Yeso" es uno de los dos que quedan en Villanueva. Probablemente molió yeso solo en los últimos tiempos de su vida como molino. Ahora es un establecimiento hostelero.
Es notable que sus dos fachadas principales se abrieran en un amplio arco, de modo que su peso se derivaba hacia las bases de los ángulos del edificio. El cárcavo debió ser un espacio luminoso. En cuanto a la disposición de la rueda hidráulica, etc., no sabemos nada.
Hacia el centro de la fotografía aérea podemos ver el que fue el último molino de Villanueva. Parece probable que sea el que antiguamente llamaban "de Solinde", pero no podemos tener la certeza: cuando en un pueblo queda solo un molino, su "apellido" suele desaparecer de la memoria de las gentes. Así ocurrió con éste, que quedó como "el molino de Villanueva".
Así se ve, a ras de suelo, lo que vemos desde el aire en la parte de abajo de la foto anterior. Desde el fondo llega la "calcera de los molinos"; en primer término, su final, que viene a ser un estanque anterior a la antepara propiamente dicha.
Más claro: en esta foto, el estanque, lleno, está rebosando hacia la "calcera de los molinos". El agua de la antepara corre hacia el molino (que está a la izquierda, fuera de la foto) bordeando el edificio que vemos al fondo. Compárese con la fotografía aérea.
A la derecha, el edificio que veíamos al fondo en la foto anterior. La antepara es muy alargada y muy sólida, con gruesos muros, el de la izquierda con contrafuertes. Corre algo de agua hacia el molino, al fondo.
El cárcavo está inundado y por eso no podemos ver los rodeznos. Dos ejes o árboles metálicos, y dos saetillos de aspecto más o menos moderno, cerrados, y un tercero, a la izquierda, abierto, o tal vez sin tapa. Las paredes del cárcavo son de grandes sillares. Un poste sostiene el solado de la sala de molienda.
La fachada principal del molino. El socaz está necesitado de una limpieza para que se pueda evacuar el agua del cárcavo.
La amplia sala de molienda produce una agradable sensación de limpieza y orden, de lugar en que se vive y se decora con objetos fuera de uso, reliquias de lo que fueron herramientas útiles.
Los tambores son de tablas en su parte superior y de madera contrachapada el lateral. Las piqueras son pequeñas, y probablemente en ellas se insertaba un vertedor, tal vez de chapa metálica. Los mecanismos del "alivio", con pequeños volantes; y las "llaves", al nivel del suelo. Las tolvas van montadas en burros o castilletes, pero las canaletas y las cítolas se han desmontado.
En uno de los "ojos" vemos la nadrija de modelo "en herradura"; y, en lo alto de la "espada", el hueco cuadrangular para encajar la cítola.
Sobre uno de los tambores, una cítola casi nueva y otra muy desgastada por el uso. Al fondo, una canaleta. Puede verse en ella el agujero en que se inserta el cordel para regular su inclinación.
En esta canaleta es evidente el desgaste que, tras miles y miles de vueltas, produce en ella el roce de la cítola.
Las tolvas y, dentro de una de ellas, una cítola.
En suma, este simpático molino solo necesitaría algunas reparaciones menores para ponerse en marcha.














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