Los viejos molinos suelen tener varias vidas. Alguna vez, cambian o se reconstruyen para adaptarse a un cambio tecnológico; o, casi siempre, para remediar lo que destruyó la incuria y el paso del tiempo, o una riada. También ha cambiado el molino de Mazcuerras: a la izquierda vemos su aspecto actual, después de la última reconstrucción; y a la derecha, el que tuvo antes, desde la construcción del edificio en el siglo XIX. Pero el molino ya estaba ahí en el siglo XVIII, y quién sabe cuánto tiempo antes. Imposible saber cuál era entonces su aspecto. O, ya que estamos, el de los otros molinos ya desaparecidos.
Al fondo, el molino. La calcera llega hasta él entre dos hileras de plátanos.
La antepara, profunda y robusta, de piedra de sillería.
En el cárcavo, también de sillería, podemos ver dos rodeznos de acero; uno de álabes radiales en "rueda de carro", y el otro con álabes de cuchara. Los árboles, de madera. Los saetillos, de cemento, y el mecanismo de las llaves, nuevo. Puede verse también, hacia el ángulo superior izquierdo de la foto, la vara del "alivio", y su sombra en la pared de sillares. Los "puentes" no se ven, sumergidos como están en el agua que invade el fondo del cárcavo. Un tercer saetillo está condenado, y falta el tercer rodezno y su correspondiente árbol.
La boca del cárcavo es un arco escarzano de piedra de sillería. El socaz, invadido por el barro y la vegetación, está necesitado de una limpieza que permita evacuar eficazmente el agua del cárcavo.
La amplia sala de molienda tiene dos muelas completamente equipadas y una tercera con solo las piedras, que corresponde al saetillo condenado y al rodezno que echábamos en falta.
Las tolvas no se apoyan en castilletes, sino que están sostenidas por una tramoya airosa y visualmente atractiva, pero que sería poco práctica en un molino en pleno funcionamiento, ya que para acceder a una de las muelas (para picarla, por ejemplo) habría que paralizar también la actividad de la otra muela.
Los guardapolvos, de elegante planta cuadrada, son interiormente de forma de tambor, más eficaz.
Las piqueras no están en los guardapolvos, sino en el intrior de los arneros, bajo el paño que puede verse en ellos. A la derecha de cada uno de los guardapolvos vemos la "llave" para abrir o cerrar el paso del agua en los saetillos; y en primer término, a nivel del suelo, los "alivios" para subir o bajar el "puente" y controlar así la distancia entre la piedra solera y la volandera.
La canaleta esté sujeta con cuerdas fijas en su parte trasera, mientras que en la delantera un sencillo mecanismo de torsión permite regular la inclinación, y, por tanto, el ritmo de caída del grano en el ojo de la rueda.
En la otra canaleta el mecanismo es similar, solo algo distinto en el detalle.
Las cítolas son de un modelo nada usual, y dan un solo impulso a la canaleta por cada vuelta de la rueda.
Pueden verse en esta foto detalles poco evidentes en las anteriores, principalmente en las canaletas y en la tramoya de sujeción de las tolvas. Vemos también que, más allá de una sala de molienda, es un espacio de vida.
El molino de Mazcuerras recibe con frecuencia visitas escolares, y se abre al público general con ocasión de exposiciones que se celebran cada verano. Para hacerse mejor una idea, aconsejamos visitar este vídeo: https://youtu.be/bHlGk8v69rY













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