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lunes, 13 de abril de 2026

051 Los molinos del Saja, 9. El molino de La Cabroja.

  Así se ve el molino de La Cabroja desde la calle del mismo nombre. Si pasamos sin prestar mucha atención, puede que no nos percatemos siquiera de que fue molino; sin embargo, se trata de un edificio antiguo, con señales inequívocas de que a lo largo del tiempo ha sufrido remodelaciones, y que ha merecido ser inventariado como  bien de interés ( https://boc.cantabria.es/boces/verAnuncioAction.do?idAnuBlob=36995 ).


  Como iremos viendo, la última remodelación del edificio ha sido impuesta por el entorno. Comparamos aquí la vista aérea tomada a mediados del siglo pasado, y la actual. Hemos señalado el molino con un punto rojo. El río o Canal de los Molinos llega desde el suroeste; una pequeña presa deriva parte del agua por un canal que se dirige en línea recta hacia el molino, mientras que el río lo bordea y se dirige hacia el este, a la derecha de la foto.


  Tal vez se aprecie más claramente en este esquema, que muestra el estado de cosas antes de la remodelación urbanística de los años 70.


  Así se veía la fachada principal del molino en los años 60.


  Unos años después vino esto.


  Y así se ve ahora.


  El río, o Canal de los Molinos, viene desde el fondo hacia nosotros. En el centro de la foto, la compuerta que regulaba el paso del agua hacia el canal propio del molino de La Cabroja.


  En esta foto de 1957 vemos ese mismo punto. El río, con la presa, puede verse a la izquierda.


  Y desde el mismo punto, mirando hacia el noreste, el largo canal de piedra de sillería, con el molino al fondo.


  El agua, y también la vida, pasaban por allí...


  Así se veía desde el molino, en 1987. En primer término, la llegada del canal se abre a la antepara.


  Y así se ve ahora desde una ventana del molino.


  A comienzos del siglo pasado, una parte del molino se convirtió en "fábrica de luz". En la antepara, un tajamar de mampostería separaba las aguas: unas destinadas al molino, otras a la central eléctrica.


  A la derecha, la robusta obra antigua, de sillería, con las troneras para el agua que movía las ruedas del molino (casi tapadas por la vegetación); a la izquierda, la obra más moderna que constituye la entrada a la turbina de la central eléctrica.


  El cárcavo se abría en dos airosos arcos de medio punto. Después, como el propio edificio, se dividió en dos: la parte izquierda, el molino; y la derecha, la central eléctrica. En el cárcavo de la central se instaló una turbina, y el vano del arco se cerró en parte con un muro de ladrillo.


  Este es el arco que corresponde a la turbina de la central.


  Y éste, el del molino. Vemos las dos ruedas hidráulicas con árboles de acero, y también los saetillos y los mecanismos para abrir o cerrar el paso al agua; todo ello con aspecto de eficacia moderna, y protegido con una reja.


  La sala de molienda, amplia y luminosa, tiene un inequívoco sabor de Siglo XX. Los tambores son de madera contrachapada, y los castilletes aparecen cubiertos por un armazón de madera; todo ello pintado de un sobrio color negro. La inclinación de la canaleta se regulaba girando el pomo que puede verse, y se podía vigilar abriendo una tapa deslizante, en el costado del armazón.


  La canaleta (que vemos aquí a través del agujero de la tolva) es de diseño tradicional. Sobre ella, una cítola fuera de uso. En el ojo de la rueda vemos la nadrija, moderna, en herradura.


  Los molinos suelen tener más de una vida, y pocas veces puede saberse cuándo empezó la primera. En el dintel de la ventana central de la fachada posterior del molino, sobre la antepara, un dístico indica el año 1.776, pero está en un lienzo de pared que ha sido modificado; podría proceder de una primitiva puerta del molino, o incluso de otro edificio. Es más bien la buena sillería del canal en todo su recorrido, y de las paredes de la antepara, lo que nos habla de un rancio abolengo. Sin duda, el edificio merece la protección que se le ha otorgado; y también su entorno original, a pesar de la injuria que le ha hecho el urbanismo del pasado siglo. No parece factible recuperar el ambiente que le rodeaba en los años 60, pero tal vez no sea disparatado mejorar algo su entorno, empezando por la visibilidad del río, en la línea de un urbanismo más actual que valora la presencia de lo natural y lo tradicional en el entorno urbano.

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