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jueves, 27 de agosto de 2026

057 Los molinos del Besaya, 4. Buelna y Cieza

   Para elaborar esta "entrada" nos ha resultado muy útil  el artículo "Molinos de Buelna y Cieza" que Luis Fernández Fernández publicó en "Olna cultural. Cuadernos de nuestros valles", nº 2, febrero de 1998. En él da noticia de 31 molinos (algunos de ellos desaparecidos ya por entonces), y señala que, hacia 1750, el Catastro de Ensenada censó muchos más (algo a lo que estamos acostumbrados): siete en Barros, cinco en Coo, cuatro en San Mateo, etc. Nosotros solo daremos noticia de aquellos en que pueda verse algún vestigio material que permita afirmar que en tal lugar existió tal  molino, permanezca  o no el edificio.


  Imposible saber desde cuando existe este molinuco de Las Caldas de Besaya. Hacia 1750 ya estaba aquí, y era de la Orden de Predicadores, es decir, de los dominicos del monasterio, y está muy cerca del mismo, por lo que parece probable que se fundaran al mismo tiempo, hacia 1680. Vendría funcionando desde entonces, primero regentado por los dominicos, y después por particulares, hasta mediados del siglo XX. Se dice que en los últimos tiempos molía cacao para los desayunos del monasterio.


  Las obras de mejora de los accesos al monasterio han perjudicado la imagen del molino, cegando en parte el arco del cárcavo y eliminando las escaleras de acceso al almacen, a la derecha del molino propiamente dicho.


  Como en tantos otros molinos, no falta en éste la cruz grabada en un sillar junto a la puerta.


  El molino recibía el agua del arroyo Rumiales, afluente del Besaya por la izquierda. Curiosamente, aunque el monasterio está en el municipio de Los Corrales de Buelna, el molino está en suelo del vecino municipio de Cartes. En la parte posterior del molino se abre esta tronera, correspondiente a la única rueda.


  La obra hidráulica es casi una miniatura con un trabajo esmerado. Vemos en la foto la pequeñísima antepara, a vista de pájaro.


  El interior está en ruinas. En la foto vemos el cárcavo, en parte excavado en la roca, y, entre los escombros, el rodezno y el eje, de acero.


  Remontamos el Besaya hasta encontrar, por su margen derecha, la confluencia del río Barcenal, que recorre el municipio de San Felices de Buelna; y en él encontramos el molino de La Arenosa. Es el pequeño edificio techado con teja. Al sur vemos la antepara y la calcera, recta; y al norte, el socaz. La línea de árboles, al este, corresponde al curso del río Barcenal, que corre hacia el norte.


  Hacia el ángulo superior izquierdo de la foto puede verse la parte trasera del molino, y la antepara. Hacia el ángulo inferior derecho, los dos pares de ruedas desmontadas del molino.


  En la antepara, modificada en parte, pueden verse todavía los recios sillares de la pared del molino.


  Y las dos troneras, correspondientes a las dos muelas que tuvo el molino.


  Seguimos remontando el río Barcenal, y ya en Sovilla, el molino de Balapuente está integrado en el edificio de esta casona.


  Nos asomamos por encima del muro, y vemos la boca del cárcavo en la pared de la casona, medio escondida por la vegetación del jardín. La calcera atravesaba la parte baja de la casona que tenía así "agua corriente".


  El arco del cárcavo es de sillarejo, integrado en la mampostería de la pared.


  Seguimos remontando y, aún en Sovilla, el agua del arroyo Velilla (que ya no existe) movía las ruedas del molino del Palaciuco, y del Molinuco, ambos en la misma finca. En la fotografía aérea vemos el Palaciuco (P), y, adosado a él, el molino (M). El molinuco es (m).


  La fachada principal del Palaciuco, en piedra de sillería, y del molino, en mampostería. Al fondo, el monte Tejas, que forma parte del macizo del Dobra.


  En esta fotografía puede verse la antepara, cuyas paredes laterales han sido desmontadas en parte; y, al fondo, la tronera por la que entraba el agua al molino.


  El frente de la antepara y la tronera, en piedra de sillería.


  El Molinuco está en la misma finca, y se servía de las mismas aguas que el Molino del Palaciuco. Vemos su parte posterior, por donde entraba el agua. La mitad del edificio más próxima a nosotros era la sala de molienda, y la otra mitad era almacén.


  La fachada posterior con la antepara, parcialmente cubierta de vegetación.


  El cárcavo y el socaz están parcialmente enterrados. El arco es de piedra de sillería.


  Volvemos al valle del Besaya, y en la mies de Barros, en el lugar de La Pantorcada, cerca del arroyo Rebujas, está este molinuco.


  Tanto la entrada como la salida del agua se hacía a través de arcos rebajados, de sillares, integrados en la mampostería de cantos rodados de las paredes.

  Muy cerca del anterior hay otro edificio que según se dice también integraba un molino, aunque no queda muestra alguna de ello; por ello, no lo reseñamos, lo mismo que el molino de San Mateo y otros. En este tramo del Besaya el abandono de la molinería tuvo, además de las acostumbradas, una causa adicional: la temprana industrialización del valle de Buelna, con los Quijano al frente, buscaba su propia fuente de energía, principalmente hidráulica, y compraba molinos o concesiones de agua para "fábricas de luz".


  Seguimos remontando el Besaya, y a la altura de Somahoz, el arroyo Redondo afluye por la derecha, y en el barrio de San Andrés encontramos este molinuco.


  El arroyo, que corre hacia el oeste, describe una amplia curva, y la calcera, recta, aprovecha al máximo el desnivel.


  La amplia antepara es robusta, de piedra de sillería.


  La boca del cárcavo está formada por una viga de cemento.


  Y la puerta de entrada, cuyo dintel está fechado en 1885.


  Resulta extraño, pero este edificio de tres plantas es el único molino aún reconocible, de los varios que hubo en el río Cieza, o Rucieza


  En esta fotografía aérea de los años 70 vemos el molino (M), que ya no molía, y restos bien visibles de la calcera (C), y, sobre todo, el socaz (SC), atajando la amplia curva del río, que corre de oeste a este.


  La larga antepara, que antes era más profunda, se ha convertido en piscina.


  Y dos ruedas se han convertido en mesas. En ésta podemos leer la historia de su aprovechamiento hasta que, tras ser picada muchas veces, llegó a ser así de delgada. En efecto, hacia la parte derecha vemos que el agujero para la cabria se reforzó con un tubo metálico, presumiblemente cuando ya quedaba muy cerca de la superficie picada; y, tras otros picados, se hicieron agujeros nuevos, como a noventa grados de los anteriores.


  Otra piedra, que parece no haber sido usada, permanece en un borde de la finca, cerca del arranque de la calcera. Son ruedas de cuarcita blanca, similares a las que se trabajaban desde antiguo en la cantera de Herrera de Ibio.


  Esta otra casa, situada en la orilla misma del río y como a medio kilómetro aguas abajo de la anterior, fue sin duda molino, aunque ya no muestra más trazas de ello que un huerto que, por su forma y otros detalles, puede asegurarse que fue la antepara. Lamentablemente, no hay una perspectiva adecuada para mostrarlo en fotografía.

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