Alguien dijo una vez que Cartes es un pueblo medieval con ocho molinos; y de entonces para acá otros lo repiten, y es una lástima. Lo primero, porque la calle principal de Cartes no necesita ser medieval para ser una maravilla. Y después, y en lo que más nos concierne, porque tales molinos están en realidad dispersos por los diversos pueblos del municipio. Y porque alguno de los ocho ya ha desaparecido, y porque alguno de ellos ni siquiera es un molino: no lo es, en nuestro concepto, la fábrica "La Emiliana"; ni, dicho sea de paso,es eso obstáculo para que nos parezca que, sin ser molino, merezca ser conservada como pieza del Patrimonio de Cantabria. Y, ya que estamos, también conviene decir que más que hablar de los ocho molinos habría que atender a su estado de conservación.
Proponemos este blog para divulgar el conocimiento de los molinos de Cantabria. Con lo que estamos aprendiendo sobre ellos. Y con los conocimientos de quienes entren en él, hagan comentarios y den noticia de molinos, ruinas, recuerdos... de un mundo hermoso que merece ser conocido. Es recomendable leer las entradas en orden, siguiendo el índice temático que encontrarás abriendo la pestaña justo aquí debajo.
martes, 28 de julio de 2026
056 Los molinos del Besaya, 3. El municipio de Cartes
Si, en el municipio de Cartes, remontamos el Besaya, encontramos los restos del molino que, por muy buenas razones, merece llamarse Molino de Bustamante. Quedan de él las tres paredes maestras, y los lamentables restos de una "rehabilitación", desafortunada desde nuestro punto de vista. En el hastial derecho puede verse el escudo de la familia Bustamante, que, naturalmente, no estuvo como ahora cerca del nivel del suelo, porque se ha rellenado la salida de las aguas del cárcavo.
En el centro de la fotografía, los restos del molino. Su puerta de entrada estaba a la izquierda, prácticamente debajo de la pasarela peatonal que cruza el río. Está tapiada, y tiene en el dintel el escudo de los Bustamante. Entre el molino y el río hay un espacio cercado habilitado para disfrute de los perros.
El cárcavo era profundo, probablemente con dos ruedas. Las paredes laterales son de mampostería, y la del fondo, de sillería, soportaba la presión del agua de una antepara que ya no existe.
Esta foto se tomó antes de que se vallase el espacio para perros; ahora ya no está accesible. Es de notar el escudo de Bustamante en el dintel del ventanuco; y hay otro similar en la pared opuesta, sobre la puerta de entrada al molino, además del que puede verse en el frente. Según Carmen Gonzalez Echegaray (en "Escudos de Cantabria"), el molino debió de ser parte de un complejo con una casa grande y una capilla, de la familia Bustamante. Tal vez, incluso ahora, algo merecedor de mejor suerte.
En Cartes, La Aceña linda con el arroyo de Carabete (a la derecha de la foto), por lo que es muy probable que en su origen fuese, en efecto, una aceña, con rueda vertical. Sin embargo, lo que puede verse ahora son los restos de un muro de sillería que delimitaba una antepara, ahora convertida en prado o jardín; es decir, que, en sus tiempos más recientes como molino, fue de rodezno horizontal. La tronera puede entreverse al fondo, semicubierta por vegetación. Lamentablemente, la fachada principal del molino no es visible desde ningún espacio público.
Seguimos remontando el Besaya y en Riocorvo nos encontramos, en la margen izquierda, con la desembocadura del Río Chico; que, a su vez, remontamos y no tardamos en encontrar el emplazamiento de un antiguo molino. Las lastras de arenisca roja forman una presa natural, y de ella salía, por la parte superior izquierda de la foto, un corto canal que llevaba el agua hasta el molino, cuyos restos se sitúan, en parte fuera de campo, en el primer término de la izquierda.
Mirando ahora aguas abajo del Río Chico, el trozo de pared que puede verse en el centro de la foto es lo que queda del edificio del molino. Nos informa un vecino del pueblo que la Confederación Hidrográfica derribó el edificio en los años 70 del pasado siglo.
Seguimos remontando el Río Chico, y a la altura de Yermo, en un paraje boscoso de ensueño, el molino de Belmonte ha sido restaurado como casa particular. Aparte de su ubicación, lo único que puede recordarnos que fue un molino son unos restos de calcera adosados a una pendiente, por encima del nivel del edificio.
Remontando el Río Chico hacia Cohicillos, cerca de Corral, el molino de Las Bárcenas es una pequeña joya entre los árboles de la margen derecha.
Las ruinas permiten hacerse una idea global del conjunto: un pequeño edificio de dos alturas con arco y esquinas en piedra de sillería; la parte baja la ocupa un cárcavo para una sola rueda, y arriba había una pequeña sala de molienda, de unos tres por cuatro metros, aproximadamente.
El molino recibía el agua de un arroyo que desemboca en el Río Chico. La presa es muy pequeña y rústica, casi una miniatura.
En la trasera del molino hay una antepara estrecha y profunda
Al fondo de la antepara fotografiamos, con flash, la tronera de entrada de agua al molino: un embudo de piedra de sillería que, como todo lo demás, da la impresión de eficacia y buena factura.
Desde el arco del cárcavo vemos, en el interior del edificio, la pequeña tronera, en la pared del fondo.
Este es el aspecto de la antepara, fotografiada desde la tronera misma.
Y, finalmente, el interior del molino, desde la pared del fondo hacia el arco del cárcavo.
El molinuco de Las Caldas, en el arroyo Rumiales, está, aunque sea por pocos metros, en el término municipal de Cartes; pero trataremos de él en la próxima "entrada".
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Ubicación:
Cantabria, España
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